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Japón a la vanguardia del cine de horror en el siglo XXI

AFP
La película Ju-On fue exhibida en más de 30 países. Hollywood haría su propia versión, The Grudge.

Mariano González Achi
Buenos Aires (Argentina)

Con excepción del drama y la comedia, que prolongan la inmortal tradición del teatro griego, cualquier género cinematográfico corre el riesgo de extinguirse. Dependientes de la respuesta del publico, las diferentes temáticas abordadas por el cine responden al éxito o al fracaso.

De esta manera, varios subgéneros que durante mucho tiempo generaron enormes ganancias y justificaron cientos de películas, terminaron cayendo en la repetición y provocando el hartazgo del publico. Básicamente, los géneros que no pudieron reinventarse para mantener el interés de los espectadores sufrieron una progresiva decadencia o su virtual desaparición.

Un buen ejemplo es la situación actual de la clase de films conocida como Peplum, es decir, la películas de aventuras, cuya acción se centra en las conquistas del Imperio Romano, los héroes de la mitología griega o las hazañas de cualquier pueblo de la antigüedad. Durante los años sesentas se realizaron cientos de peplums, sobretodo en Europa. Sin embargo, la continua copia de situaciones y argumentos terminaron por agotar el modelo.

Aun mas impactante es el caso del western. Clásico del cine desde sus inicios, este histórico genero no encontró la manera de renovarse y hoy en día son contados los westerns que se realizan en todo el mundo.

El cine de horror, también tuvo sus momentos de crisis, donde las películas cada vez convocaban menos gente. Uno de esos momentos fue a mediados de los años cincuenta. Los estudios Universal, habían liderado el mercado durante mas de veinte años con su inolvidable galería de estrellas góticas (Drácula, Frankenstein, La Momia, etc), pero a esa altura ya no quedaban ideas nuevas, solo el prestigio de sus primeras producciones.

Por ese motivo se estrenaban títulos donde se mezclaban los viejos monstruos que ya no asustaban a nadie interactuando con el dúo cómico Abbot y Costello. La resurrección del genero fue posible gracias a la productora inglesa Hammer quien volvió a utilizar los antiguos personajes, pero ahora expuestos a todo color, con una dosis de violencia mas explicita y una tensión sexual evidente entre las victimas femeninas y sus perseguidores nocturnos. Las dos primeras películas en iniciar esta nueva etapa fueron Frankenstein (1957) y Drácula (1958), ambas dirigidas por Terence Fisher.

Oscilando entre periodos de crecimiento y repliegue el cine de horror experimento durante el resto del siglo una larga lista de cambios, modas y tendencias. Pero, al llegar a mediados de la década de noventa se produjo un nuevo estancamiento.

El éxito de Scream (1996), de Wes Craven, supuso una vuelta a una clase de terror (slasher movies) que parecía ya olvidada de la década anterior. Películas como Halloween (1978), de John Carpenter, o Friday the 13th (1980), de Sean Cunningham, habían generado una avalancha de secuelas (potenciada por el furor del video casero de la época) en los años previos.

La decadencia, entonces se alargo aún mas, provocando una repetición constante de esta formula mecánica que incluía tres ingredientes indispensables: Un asesino enmascarado, escenas de sexo y mucha sangre.

Fue entonces que el publico comenzó a consumir horror oriental, por lo general japonés que llegaba muy de tanto en tanto a occidente. Películas como Ringu (1998), de Hideo Nakata, o Audition (1999), de Takashi Miike, despertaron un entusiasmo que parecía dormido y la conciencia de que existían maneras alternativas de provocar miedo muy efectivas.

Pero que novedades contenían estas producciones y porque se diferenciaban del resto?.

Los japoneses están acostumbrados a convivir con fantasmas. Sus creencias que incluyen un alto grado de conectividad con los espíritus de sus tan venerados antepasados, terminan provocando que el limite entre lo real y lo irreal tenga bordes borrosos. Esta presencia de entidades del mas allá tan habitual en la vida cotidiana, trasladada a su cine genera un efecto inquietante.

Esta escalofriante marca puede rastrearse desde siempre, incluso en films clásicos como Kwaidan (1964), de Masaki Kobayashi, que fue estrenado en Europa y Estados Unidos. Uno de los personajes mas representativos del horror nipón es la imagen de un mujer de largo y negro cabello, que vuelto sobre la cara esconde rasgos monstruosos o fantasmagóricos. Esa mujer espectral, puede encontrarse, en una notable cantidad de películas japonesas de genero.

En segundo termino, los argumentos están saturados de tecnología y de cómo la convivencia con el acelerado futuro que se nos impone cada día puede despertar una grieta que revele una zona oscura. No es casual que se hayan producido películas donde el núcleo del mal parta de elementos incrustados en la vida de todos como los teléfonos celulares o Internet.

El horror del siglo XXI se escurre a través de fibras ópticas y la jungla digital para acecharnos desde el nuevo mundo hiperconectado. Existe una franja de la realidad ajena a todo control en donde la peor de las pesadillas puede materializarse.

La industria americana, catalogo el fenómeno como J-Horror y decidió imitar el estilo de producción, realizando nuevas versiones de films orientales rodados en los Estados Unidos. Varios de ellos, incluso fueron dirigidos por sus realizadores originales como Hideo Nakata (The ring two, 2005) y Takashi Shimizu (The grudge, 2004)

La película Tales from the dead (2007), de Jason Cuadrado, se anima a más y llega al extremo de ser el primer film realizado en California con elenco proveniente de Japón y hablada en japonés, idioma que al comienzo de la filmacion el director desconocía.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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