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A pesar de lo importante o bien vestidos que se sientan, quienes usan la camisa por fuera tuvieron graves problemas de identidad paterna.
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Los que usan la camisa afuera del pantalón versus los que la usan por dentro.
El mundo puede ser dividido en dos grupos distintos de muchísimas formas. Los que cortan la naranja por la mitad versus los que le sacan una tapita. Los que gustan del reggae versus los que viven firmemente instalados sobre este planeta. Los que admiran a Jessica Alba versus los que lamen el suelo donde ella pisa. Los que comen moqueca versus los que prefieren preservar su estómago para usos futuros. Los que aprecian a Paulo Coelho versus los que optaron por el duro camino de la alfabetización.
Hoy concentraremos nuestros esfuerzos en un análisis estético-conductista de dos grupos que todavía pueden acabar por intentar exterminarse mutuamente, o que ya lo están haciendo por vía diplomática. Para describir a ambos grupos, el educador Paulo Freire creó las categorías "conciencia crítica versus conciencia ingenua". Umberto Eco los denomina "apocalípticos versus integrados". Como yo prefiero la más estricta ciencia, los he titulado los de la camisa adentro versus los de la camisa afuera, y ni siquiera soy original. Muchas personas ya los habían denominado de esta forma antes.
Los que usan la camisa dentro del pantalón normalmente compran camisas de cualquier color, siempre que sea azul. El pantalón puede tener cualquier corte, pero el calzado ideal es el mocasín con esas dos borlitas balanceándose sobre el empeine, y medias blancas, obvio. Los que usan la camisa dentro del pantalón están mostrando al mundo lo que piensan, lo que quieren, lo que vinieron a hacer. Básicamente vinieron al mundo para peinarse el cabello, reverenciar a sus padres, y arrasar desde el jardín de infantes para ir juntando créditos desde sus años más tiernos para garantizarse un MBA en Stanford.
Luego se casan, tienen 2 o 3 hijos, un varón, una niña y un poodle color gris con el que se pasean por Higienópolis. Los hijos no pueden estar juntos porque se están preparando para un MBA en Stanford. Quienes se meten la camisa en el pantalón también tienen un maravilloso plan de retiro, una casa en la costa, acciones de petroleras y minas de niobio y su cabello permanecerá en sus cabezas para mostrarse naturalmente blancos a la vejez. Los que usan la camisa dentro del pantalón, obviamente, jamás se mueren.
Los que usan la camisa fuera del pantalón tuvieron graves problemas de identidad paterna, aprobaron raspando el jardín de infantes, nunca aprendieron la tabla del siete, se olvidaron cada una de las clases de Biología que tuvieron durante la vida, intentaron varias veces aprobar el ingreso en alguna facultad relevante, antes de desistir de todo y convertirse en periodistas, publicitarios, diseñadores, realizadores de video, DJs, escritores, cineastas, asesores en planeación o redactores. Algunos tienen más suerte e ingresan en algún centro donde ya no pueden seguir usando pantalones.
Detestan las fuerzas armadas y jamás entran al Ejército, ni siquiera cuando están en el Ejército. No consiguen nadar más que unos centímetros, vinieron al mundo sin motricidad fina y nunca consiguieron jugar a la pelota, salvo de porteros.
Tienen un enorme éxito con las mujeres jóvenes en la universidad, cuando llegan a la universidad; saben sobre música, cine malayo, tendencias, modas, y sobre cualquier cosa a cambio de lo cual sea igualmente imposible ganar dinero. Cuando las mujeres dejan de ser tan jóvenes, se casan con señores que usan la camisa dentro del pantalón, les regalan cinturones de cuero trenzado a sus esposos y juntos tienen 2 o 3 hijos.
El mundo entonces era más generoso para aquellos que usan la camisa fuera del pantalón. Hubo una época en la cual asesoraban presidentes y definían el pensamiento nacional en las columnas de los diarios, los programas de televisión, las manifestaciones para la liberación de Mandela o inventando la bossa nova. En la guerra que se avecina, de alineamiento global, los que no se ponen la camisa en el pantalón sufren desventajas estratégicas. Es raro que posean fondos para comprar bancos, petroleras o minas de niobio y pasan a depender cada vez más de personas con mejor criterio y mocasines con medias blancas.
Es muy raro que tengan nociones sobre cómo funciona la Bolsa, el índice Nasdaq o los Starbucks, y se convierten fácilmente en víctimas de los mejor alimentados y menos atormentados seres que usan la camisa dentro del pantalón. Los que usan la camisa afuera leyeron a Sartre y aún hoy permanecen angustiados. Los que la usan adentro piensan que si Sartre hubiera tenido algo importante que decir lo hubiera dicho en inglés. Nunca leyeron a Sartre y no sienten la menor necesidad. Nunca leyeron nada que no fuera comprado en una librería de aeropuerto, y esto tampoco les representa ninguna diferencia.
La gente que usa la camisa afuera sospecha que es una especie condenada y trata de conseguir un empleo en una fundación semi-gubernamental, antes de que el tsunami neoliberal llegue y se haga sentir. Los que usan la camisa dentro del pantalón creen que tienen tanto control del mundo que vale la pena tomarse un descanso y pasan las vacaciones en Cancún, donde se sienten confortables en atuendos radicalmente informales, como camisetas polo Lacoste en colores vibrantes... salmón o beige.
Esta guerra recién comienza y ya está definida. En Google están pensando cómo hacer que sus empleados se vistan adecuadamente. Hasta tuvieron que comenzar a usar ropa en su lugar de trabajo, dicen. Fue cuando se transformaron en algo tan conservador que quedaron a un paso de IBM. Cuando mire hacia los bares de moda y me dé cuenta de que las All Star han sido substituidas en su totalidad por zapatos, sabré que ha llegado el momento, que los océanos están subiendo y es hora de huir hacia algún lugar donde pueda vivir en el exilio.
Un lugar tan aislado, desconocido y protegido que me permita sentir la seguridad por muchísimos años de que llegaré a la vejez y de que no me faltarán single malts, hasta que me alcance La Parca. Algún sitio como Guaíba en Rio Grande do Sul, o Palmas en el estado de Tocantins, o Guayana. Algún lugar mítico y remoto, un lugar donde el Big Bang todavía no haya comenzado y todo lo que acabo de narrar no pase de ser un futuro distante, que nunca sucederá.
Terra Magazine