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Relanzan Blade Runner: la creación de una obra de arte

Cortesía
Harrison Ford como Rick Deckard en Blade Runner, el clásico de Riddley Scott.

Naief Yehya
Nueva York, Estados Unidos

En el inicio fue una historia de policías que se dedican a eliminar androides. La novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep?), de Philip K. Dick cuenta la historia de Rick Deckard, un detective caza recompensas que detecta androides que se hacen pasar por humanos y los liquida a cambio de un bono. Deckard anhela por encima de todo comprarse un animal ya que su oveja ha muerto, pero un animal de ese tamaño cuesta una fortuna. Él y su depresiva esposa se han quedado en la tierra en una era en que la mayoría de la gente ha emigrado a las colonias extraterrestres donde la calidad de vida es muy superior. El planeta está devastado, los animales prácticamente han quedado extintos y los habitantes que quedan son principalmente seres considerados subnormales y por tanto no aptos para emigrar. La religión dominante es el mercerismo y la gente emplea órganos de humor Penfield para programar sus estados de ánimo.

En 1975 el actor, escritor y director Hampton Fancher adquirió los derechos de Sueñan los androides..., sin ser fanático de la ciencia ficción ni seguidor de Dick. Fancher decidió escribir un guión basado en esta novela, que no le gustó demasiado, pero consideró una buena inversión por motivos meramente mercenarios. Para él se trataba de una cinta de aventuras y acción que esperaba hiciera dinero. En su versión, la historia estaba situada en un futuro sórdido y permanentemente lluvioso. Deckard se convertía aquí en un detective de "film noir", soltero, solitario y desencantado en el molde dashiellhammettiano. Desaparecían las ovejas eléctricas y reales, el órgano Penfield y Mercer, que en la novela ocupa un lugar central, aquí no era mencionado. Dick estaba muy decepcionado y preocupado por el giro que dio su historia, pero sin embargo, poco antes de morir (no vivió para ver el estreno) en cierta manera hizo las paces con la película de Scott y al ver algunas secuencias comentó: "Esto no es como nada que hayamos visto antes...". Fancher tuvo el buen juicio de conservar el tema central de la novela que era una reflexión en torno a lo que es ser humano y el dilema que consiste en que una especie determine exterminar a otra, en particular cuando esta otra es la descendencia tecnológica de nuestra especie y nuestra obvia competencia.

Ridley Scott venía de hacer Alien y de obtener reconocimiento como uno de los directores más interesantes del momento. Scott fue contratado a pesar de que inicialmente no quería hacer otra cinta de ciencia ficción, y además, debido a las leyes laborales, no podía traer a la mayoría del equipo con quienes estaba acostumbrado a trabajar en Inglaterra. Esto de entrada creó una relación tensa con el personal estadounidense, que lo veía como un extranjero arrogante que los despreciaba sin conocerlos. La situación entre ellos se volvió más complicada a medida en que la preproducción se extendió -duró 9 meses- (en gran medida esto fue posible porque tuvo lugar una huelga de escritores que paralizó a Hollywood y dio la oportunidad al equipo de producción de trabajar con una extraordinaria cantidad de tiempo), mientras que la filmación duró muchísimo más de lo previsto. Todo mundo, desde Harrison Ford hasta los asistentes, odiaban las sesiones de trabajo (que usualmente duraban desde las 6 de la tarde hasta que salía el sol), durante las cuales estaban continuamente mojados y expuestos a cantidades brutales de humo. Además Scott hacía docenas de tomas de cada escena, con lo cual los inversionistas y productores estaban al borde de una crisis porque los costos aumentaban y el personal estaba a punto de amotinarse.

El guión de Fancher fue objeto de decenas de cambios, y a veces noche a noche debía realizar alteraciones. En su trabajo con Scott, añadió docenas de imágenes, secuencias, intereses amorosos y personajes. Tras cientos de cambios, Hampton estaba exhausto y comenzaba a perder la paciencia, por lo que optaron por reemplazarlo por David Peoples, lo cual fue una tragedia para Fancher, quien veía a la cinta como su creación. A Peoples le encantó el guión y aunque de entrada no veía como mejorarlo lo contrataron porque el guión existente era un trabajo demasiado cerebral y requerían de algo más simple y con más acción. Peoples pudo integrarse y entender rápidamente lo que Scott quería, hacer aunque también tuvo que lidiar con interminables sesiones de delirio y lluvias de ideas por parte del director, que a veces producían excelentes resultados pero otras tan sólo eran motivo de alarma y confusión. Fancher hoy reconoce que la decisión de reemplazarlo fue correcta ya que de lo contrario tal vez nunca se hubiera filmado la película.

Blade Runner acaba de ser relanzada en una edición especial digitalizada, restaurada, remasterizada y se le han añadido algunas escenas. Esta es la tercera versión del filme de 1982, el cual originalmente contaba con una narración en off, muy al estilo de las aventuras del detective Philip Marlowe, en la que al inicio explicaba: "No se ponen anuncios para contratar asesinos en el periódico. Esa era mi profesión. Ex-policía, Ex-blade runner. Ex-asesino". En 1992 apareció la versión del director en la que desaparecía la voz de Deckard y contaba con unas cuantas nuevas secuencias, particularmente aquella secuencia onírica donde aparece el unicornio. Esta tercera versión es visualmente espectacular, la riqueza y la calidad de los detalles resulta asombrosa. Así mismo, la pista sonora de Vangelis destaca aún más que en la versiones anteriores.

El filme viene acompañado por el documental Días peligrosos, de Charles de Lauzirika, un trabajo exhaustivo de tres horas y media con pietaje nunca antes visto, entrevistas con alrededor de 80 personas involucradas. Aunque buena parte de la información que se ofrece aquí ha sido publicada antes y ha sido recogida en gran medida por Paul M. Sammon, en su libro Future Noir. The Making of Blade Runner, este documental es una pieza obligatoria para todos los fanáticos y cultistas de este filme, ya que ofrece una gran cantidad de información técnica y detalles apasionantes de la realización. Es una oportunidad maravillosa para redescubrir el tormentoso proceso por el que tuvo que pasar Scott y su equipo para crear un filme que fue considerado un estrepitoso fracaso comercial en su lanzamiento. Se describen las diferentes fases del proceso, desde la escritura del guión hasta el casting y el laborioso diseño de producción (el cual alcanzó límites demenciales ya que Scott deseaba crear un universo completo y único desde los objetos más simples hasta los rascacielos), pero también se incluyen interesantes reflexiones acerca del significado e importancia de esta cinta y de las razones por las cuales fue rescatada del olvido por millones de fanáticos.

El filme nunca fue realmente entretenimiento frívolo. Como plantea el título (inspirado en un texto de William Burroughs), se cuenta la historia de un personaje en el filo de la navaja entre lo humano y lo inhumano. Es una obra que toca una variedad de preocupaciones filosóficas y morales de tipo ecológico, social y religioso. En un mundo en corrupto y decadente en todos los ámbitos las fuerzas del orden esperan mantener el poder y el control asesinando seres que tan sólo quieren vivir y dejar de ser esclavos. Si bien durante años Blade Runner fue ignorada por la mayoría de los críticos e historiadores del cine, hoy ha quedado claro que quienes la despreciaron estaban completamente equivocados y que esta es sin lugar a dudas una de las películas fundamentales de la historia del cine.

» Hable con Naief Yehya

Naief Yehya es Ingeniero Industrial, periodista, narrador y crítico cultural, escribe en La Jornada, El Financiero, Letras Libres y Art Nexus, entre otras. Ha publicado tres novelas, dos colecciones de relatos y tres ensayos (El cuerpo transformado: cyborgs en la realidad y la ficción, Guerra y propaganda: el mito bélico en los Estados Unidos y Pornografía: sexo mediatizado y pánico moral). El trabajo de Yehya tiene que ver con en el impacto cultural y social de la tecnología, los medios masivos, la propaganda y la pornografía. Yehya nació en México DF en 1963 y vive en Brooklyn desde 1992.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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