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La "anti monumentalidad" como transgresión: objetos en el siglo XXI

Cortesía
Shinique Smith, Bale Variant Number 0011, 2005.

Naief Yehya
Nueva York, Estados Unidos

El Nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York (New Museum) es una institución sui generis, aún en un medio tan diverso y fragmentado como el mundo del arte de esta ciudad. El establecimiento nace de una ruptura que tuvo lugar hace treinta años cuando Marcia Tucker, fue despedida de su puesto como curadora de pintura y escultura del museo Whitney, en gran medida por la brutal crítica y pésima recepción que tuvo una exposición de la obra de Richard Tuttle. Tucker creó entonces el New Museum como un espacio de idealismo, un laboratorio caótico dedicado a la exploración de la naturaleza y el sentido del arte.

A lo largo de los 22 años en que Tucker digirió esta institución cada exhibición se presentaba como una interrogación, como una oportunidad al diálogo y la confrontación, como una provocación pero también como una propuesta generosa y riesgosa, ya que el museo en gran medida creció y conformó su carácter ante los ojos del público. Su estrategia era principalmente sacudir las certezas del visitante, al exponerlo a obras consideradas por la mayoría como difíciles, pasadas de moda, políticas o incómodas para los criterios mercantiles que dominan el mundo del arte. En esta búsqueda obviamente se cometieron excesos, errores y omisiones, pero sin duda Tucker, quien falleció en 2006, y el New Museum, han sido una poderosa influencia en el mundo del arte.

El New Museum se inició en un espacio de la quinta avenida y la calle 14, después estuvo varios años localizado en Broadway, muy cerca de la calle Houston. El primero de diciembre pasado abrió sus puertas en su propio edificio en la calle Bowery, una construcción extraña y elegante que semeja una serie de cajas metálicas apiladas creada por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa de la firma japonesa SANAA, con un costo de alrededor de 50 millones de dólares. El interior del edificio es austero y sobrio, con pisos de concreto pulido y materiales industriales de bajo costo. Sin embargo, algunas decisiones de diseño parecen cuestionables, como las escaleras tan estrechas que sólo puede pasar una persona a la vez.

En cualquier caso, esta es arquitectura para demoler pretensiones. Y este deseo es enfatizado por una pieza que ha sido colocada en la sobria fachada del edificio, un arco iris multicolor e iluminado que dice Hell, Yes!!, de Ugo Rondinone. Este icono juguetón e irreverente es una clara toma de posición "irresponsable!" y antisolemne. Esta es la actitud que ha caracterizado a este museo. Además, no podemos olvidar que este gesto parece una evocación de otra importante institución cultural que se encontraba a un par de cuadras de donde se levanta hoy el museo, el club CBGB (desaparecido el año pasado), de donde surgieron Patty Smith, los Ramones, Blondie, Talking Heads y docenas de grandes músicos de la era postpunk.

La exposición con que abre sus puertas el New Museum, Unmonumental: The Object in the 21st Century (Antimonumental: el objeto en el siglo XXI), es una muestra ambiciosa y fiel al espíritu de provocación de Marcia Tucker en la que se incluyen alrededor de 80 obras de una treintena de artistas, en su mayoría treintañeros, aunque también están presentes algunos creadores mejor conocidos, como la germana Isa Genzken (1946-), de quien se incluye Elefante (2006). Entre los artistas menos conocidos que destacan se encuentra sin duda el mexicano Abraham Cruzvillegas de quien se exhiben dos piezas -una de ellas, Matière brute, es notable-, así como la obra León de Kristen Morgin.

Unmonumental es una muestra que en gran medida da la espalda a la tecnología, a las instalaciones y a la mayoría de los materiales tradicionalmente asociados con el arte. Es imposible caminar por los tres pisos de esta vasta y deliberadamente desordenada exposición y no sentir una sensación compleja producida por la saturación visual y la estudiada, cautelosa y manicurada simulación de caos. La obra mostrada consiste en su mayoría de piezas ensambladas de tamaño mediano y pequeño (con algunas excepciones como Myth Monolith, de Marc André Robinson). Hay pocas piezas netamente figurativas como The Wreck, de Elliott Hundley, o la espantosa mujer inflable en vela de cera de Urs Fischer que arderá hasta desaparecer durante el tiempo que dure la exposición. Estamos aquí ante el legado de Rauschenberg y del arte povera, ante una colección de formas fragmentarias, objetos encontrados e imágenes desgarradas en forma de collages de "una era de símbolos en colapso e iconos rotos", como anuncian los curadores, Richard Flood, Massimiliano Gioni y Laura Hoptman.

La propuesta si bien polémica no es demasiado original ni transgresora, de hecho podríamos decir que por momentos resulta bastante monótona y pobre en materia de sorpresas. Buena parte del trabajo parece derivativo, impregnado de referencias inevitables y de nostalgia por una era en que aun tenía sentido épater les bourgeois y burlarse del mercado del arte con obras invendibles. Sin embargo, esta piezas frágiles, inacabadas, irregulares y a veces incoherentes son también productos dignos de una era de angustia social, colapso ambiental, desolación ideológica y exceso materialista.

Unmonumental obliga al espectador a buscar los méritos estéticos de cada obra en sus más sutiles detalles y nos invita a creer que cada gesto, cada pliegue, corte, yuxtaposición y combinación de elementos tiene un significado y valor que lo diferencia de la basura. Al predicar en contra de las técnicas convencionales, los estilos y cánones nos encontramos siempre en la ambigüedad más pura y por tanto en el espacio donde todo cuestionamiento en torno a la naturaleza del arte es válido. Esa es la función del New Museum.

"Unmonumental: The Object in the 21st Century", podrá verse hasta el 23 de marzo de 2008.

Naief Yehya es Ingeniero Industrial, periodista, narrador y crítico cultural, escribe en La Jornada, El Financiero, Letras Libres y Art Nexus, entre otras. Ha publicado tres novelas, dos colecciones de relatos y tres ensayos (El cuerpo transformado, cyborgs en la realidad y la ficción, Guerra y propaganda, el mito bélico en los Estados Unidos y Pornografía, sexo mediatizado y pánico moral). El trabajo de Yehya tiene que ver con en el impacto cultural y social de la tecnología, los medios masivos, la propaganda y la pornografía. Yehya nació en México DF en 1963 y vive en Brooklyn desde 1992.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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