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Cortesía
El popular periodista deportivo chileno Julio Martínez, fallecido justo antes de Nochebuena.
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Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile
Entre el calor y el apuro propio de fin de año, quise pero no logré darme tiempo para escribir de cada caso, pero con el paso de los días las partidas de Clemente Warnken y Julio Martínez se me empezaron a juntar, pese a sus evidentes diferencias. El nexo que los acercó fue la manifestación virtual pero profundamente real que sus muertes provocaron.
La "carta a Clemente" escrita por Cristián Warnken y publicada en El Mercurio desató el fenómeno: decenas de comentarios solidarios, de reflexiones de padres que han pasado por el mismo terrible e irreparable trance y de otros que hemos podido ver crecer a nuestros hijos hasta ahora sin tropiezos lamentables cundieron en los más diversos blogs. La solidaridad con el dolor de los papás de Clemente, Cristián y Danitza, copó la web de oraciones, manifestaciones de consuelo, estremecedoras vivencias similares.
Un sentimiento triste, tristísimo, lacrimógeno y acuoso, como el agua que adoraba el niño que pereció en la piscina de su casa, la misma donde debió aprender a nadar y en la cual la lógica indicaba debió jugar con sus amigos hasta esa edad en que se pierde el interés por los piqueros en patota. Un sentimiento tan doloroso como positivo por la carga de consuelo, comprensión y apoyo espontáneo que encierra. No es ahí probablemente donde los que deja Clemente encontrarán alivio, pero esas buenas palabras, esos sentimientos comprensivos, reflexivos, solidarios que se escriben y quedan en el éter, nos sirven a todos. Demuestran que pese al apuro de la fecha, a la locura del día a día, la sensibilidad existe.
Cartas al Director
Escribir no es lo mismo que hablar. Sentarse frente a la computadora y redactar implica reflexionar, condolerse de verdad, estar en comunión con el otro, hacer una tarea. Lo de don Julio, natural, esperado, anunciado, también tuvo y sigue teniendo un intenso correlato virtual. Hay blogs de luto por su deceso y los medios de comunicación estamos copados de lo que en los años en que ejerció a plenitud JM se llamaban "cartas al Director", y hoy son simplemente blogs donde, de manera democrática y natural, el que quiere "sube" o publica su sentimiento.
La muerte de Julio Martínez, a diferencia de la de Clemente Warnken, está escrita en tono de tributo, reconociendo su condición de hombre honesto, serio, responsable. La tónica es de lamento por la partida de uno de los buenos. Uno que no consiguió notoriedad a partir de ser duro, corrosivo o provocador, sino todo lo contrario.
Si don Julio hubiera estado sano y conciente el 23 de diciembre, la muerte de Clemente lo habría conmovido hasta las lágrimas y habría sido capaz de poner en palabras el sentimiento que nos embarga a todos cuando se trunca la vida de un niño, porque, tomando como excusa el deporte, él tenía el don de reflejar lo bueno, lo sano, lo sensato del alma nacional.
En los blogs los que se conduelen de su partida lo hacen desde ahí, desde lamentar la pérdida del vocero del sentido común, el menos común de los sentidos, como suele decirse con sentido y, en este caso, valga la redundancia.
A las partidas de Clemente y de don Julio les debemos el haber llenado la red y con ello el espacio de sentimientos positivos: solidaridad, afecto, comprensión. Y eso no es un pobre consuelo.
Terra Magazine