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Reproducción
Tapa de la edición original de The Gunslinger de Stephen King, el primer libro de la serie The Dark Tower.
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Roberto de Sousa Causo
San Pablo, Brasil
The Dark Tower Volume 1: The Gunslinger, Stephen King. Rio de Janeiro: Editora Objetiva, 2004, 221 páginas. Traducción de Mário Molina. Ilustración de tapa de Igor Machado.
La crítica brasileña le debe una evaluación a la serie de Stephen King The Dark Tower después que Objetiva terminó su publicación en 2007 con el lanzamiento del séptimo libro.
El primer libro, The Gunslinger, es un fix-up de historias originalmente publicadas en la revista norteamericana The Magazine of Fantasy and Science Fiction en la década de 1970 u 80. Es el único libro de la serie con ese formato, y el más corto de todos. En 1978, cuando se publicó la primera novela, King todavía no tenía una idea clara de la dirección que iba a tomar la saga; al terminarla, volvió al primer libro y revisó el texto a partir de aquello que había aprendido al escribir los siete libros. Es la segunda edición revisada y ligeramente ampliada, la que Editora Objetiva entrega a los lectores brasileños.
La inspiración para la serie proviene de fuentes diversas: el poema Childe Roland to the Dark Tower Came, del poeta inglés Robert Browning (1812-1889), ciertamente le proporcionó el mote pero en la introducción King registra su deseo de escribir después de haber leído El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien, una especie de fantasía ambientada en un mundo secundario de colores menos medievales y más asociados al western. La inspiración le habría llegado después de ver una película de Sergio Leone, maestro de los western-spaghetti. (Y no sólo cumplió su objeivo con The Dark Tower sino también con su magnus-opus, The Dead Zone, de 1978).
El protagonista es Roland Deschain, el último miembro de una aristocracia guerrera extinta. Él aparece caminando en el desierto, donde encuentra un hombre que posee un cuervo, y le cuenta a éste cómo fue a parar allí. Su última parada fue el caserío de Tull, donde toma a Alice, co-propietaria del saloon local, como amante. Roland va en persecución del hombre de negro, una misteriosa figura que fue responsable de la caída de la sociedad de los pistoleros. De paso por Tull, el hombre de negro resucitó a un vagabundo y dejó a la pastora de la iglesia de la villa impregnada -en sentido literal y literario- por la mistificación que él es capaz de imponer a las personas.
Tull es descripto como un lugar de vicio y desesperanza, dentro de la estética cínica, escuálida y ríspida del western spaghetti. En el funeral interrumpido por el hombre de negro, se gestaba una orgía. Despecho, incesto, violencia gratuita y viejas cicatrices son señalados o sugeridos a cada instante. Todos reciben mal al pistolero y sus monedas de oro. El ex amante de Alice intenta matarlo. Al final, incitados por la obesa Sylvia Pittston, la pastora (y una especie de arquetipo femenino violento que King evocaría también en la novela Misery) todos también tratan de matarlo, forzándolo a abrirse camino con sus dos revólveres.
Roland es aquí como Clint Eastwood en la película High Plains Drifter (1973), y abandona Tull nada menos que convirtiéndose en asesino múltiple. La secuencia del tiroteo es vertiginosa e implacable, realmente terrible.
En el segundo capítulo (o segunda historia del fix-up) el exhausto Roland encuentra un parador abandonado con un niño solitario viviendo allí (Jake Chambers, un niño que había sido asesinado por el hombre de negro en las calles de Manhattan en la década del 70). En el primer capítulo ya aparecían indicaciones de que el mundo de The Gunslinger no es apenas un mundo secundario, sino también una especie de espacio post mortem. Ese espacio funciona, al mismo tiempo, como un universo paralelo al nuestro en que elementos de nuestra vida contemporánea parecen desembocar en el árido mundo de Roland: por ejemplo, todo el mundo parece adorar la balada Hey Jude de Los Beatles (uno no escapa de ellos ni siquiera en el otro mundo)... Allí, Jake comienza rápidamente a perder la memoria de su vida anterior, mientras el pistolero le cuenta historias de su juventud en la fortaleza del clan Gilead.
Roland rápidamente se encariña con Jake, y pronto el lector va comprendiendo que él posee una conciencia... pero no sabe bien qué hacer con ella.
Es atacado por un fantasma en el sótano del puesto, mientras Jake es seducido por un súcubo / oráculo en un terreno antiguo cerca de allí, del cual Roland lo salva en el último instante. Del oráculo el pistolero rescata que para enfrentar al hombre de negro y llegar a la torre precisará reunir tres personas y formar una fellowship como en El Señor de Los Anillos. Estos encuentros con lo sobrenatural, aunque mantienen la extraña dicción que King da a su mundo secundario, recuerdan episodios semejantes escritos por Robert E. Howard o H.P. Lovecraft, que otorgan un enlace con la 'weird fiction' de otrora.
Siempre en la pista del elusivo hombre de negro, Roland y Jake forman una sociedad, pero pronto el niño comprende que no puede confiar en su compañero. El propio pistolero le da a entender que lo sacrificaría rápidamente de ser necesario, y para ilustrarlo cuenta una anécdota de su iniciación como pistolero, sacrificando su halcón para vencer en una lucha contra Cort, el entrenador de pistoleros de los Gilead.
Juntos, el hombre y el niño se meten en una especie de subterráneo abandonado (ejemplos de un pasado tecnológico avanzado aparecen con frecuencia en varios momentos), donde enfrentan grotescos mutantes, hasta que divisan la figura del hombre de negro al final del túnel.
La novela termina con un diálogo bastante enigmático, casi una parábola como aquéllas que cerraban varias novelas de Cormac McCarthy, en las que el hombre de negro da a Roland (y al lector) una tenue visión de lo que está en juego: y no es otra cosa que el destino de todos los universos, incluso el nuestro, de algún modo determinado por el destino de la torre: En esto The Dark Tower se configura como una de las obras más ambiciosas del autor.
En The Gunslinger, King crea un universo de ficción áspero y violento, una mezcla de fantasía, ciencia ficción y western, y en esto queda clara su posición de precursor de la actual corriente new weird. La atmósfera corresponde a un sueño o pesadilla, su estilo es muy distinto de los otros libros de King: enigmático, elíptico, más entremezclado de detalles específicos que ayudan a situar al lector en ese mundo de desesperanza, dolor y desengaño. El escenario que prepara para lo que vendrá en los volúmenes siguientes es apenas un esbozo de situaciones y paisajes. Lo principal es la caracterización de Roland como un perseguidor implacable y asesino instintivo, que no medirá esfuerzos o sacrificios para realizar su misión.
Un héroe poco común, si pensamos que se coloca como la única oposición al a entropía total de todo lo que jamás existió.
Terra Magazine