
|
Cortesía
En Celular, personas aparentemente normales que caminan por las calles de Boston son atacadas inesperadamente por una violenta locura.
|
Roberto de Sousa Causo
Años atrás, Stephen King anunció que podía estar a pasos de retirarse. Su carrera había sido larga, y no quería comenzar a repetirse. Algunos fans se alarmaron, pero muchos probablemente creyeron que tenía la escritura tan enraizada en su vida, que no sería capaz de detenerse. Y de hecho, de regreso de unas vacaciones en Florida (EEUU), volvió con una novela de 220 páginas, The Girl Who Loved Tom Gordon (1999).Luego de sufrir un accidente casi fatal en junio de 1999, y de terminar la serie La torre oscura, King parece haber dejado atrás la idea de su retiro. Tal vez la finalización de La torre oscura haya jugado un papel importante en esto, considerando cómo coloca el autor la intertextualidad, el diálogo entre diversos textos, en el centro de su expresión. Tal vez ésto le haya permitido reconciliarse con la repetición, pues al repetir temas o subgéneros del horror y la ciencia ficción, estaría hasta cierto punto incluyendo nuevas piezas en el gran mosaico intelectual que es su obra, un diálogo entre sus muchas novelas, crónicas y cuentos, y de su relación con el trabajo de otros escritores, cineastas, dibujantes de historietas, músicos, etc., componiendo una geografía de creatividad que el escritor alcanza en sus obras, geografía que aparentemente es el tema de su última novela Lisey's Story (2007).
Por cierto, la repetición le permite destruir el mundo más de una vez, como en Celular, que trae ecos de La danza de la muerte (1978), de King, pero también de Soy la leyenda (1954), novela de Richard Matheson, y de las películas de muertos-vivos de George Romero.
Clay Riddell es un dibujante que va a Boston a cerrar un contrato con la editorial de historietas Dark Horse, para una serie de comics que le puede traer seguridad financiera (comics que recuerdan el contexto de La torre oscura y su héroe, Roland, o "Gunslinger"). Pero Clay (¿en referencia a la novela de Michael Chabon, Las aventuras de Cavalier y Clay?) no disfruta de su éxito, pues el mundo termina antes. Clay es hermano de Larry Underwood, músico de La danza de la muerte que coloca un éxito en el hit-parade de Billboard en vísperas del apocalipsis.
Clay camina por las calles de Boston, cuando ve personas aparentemente normales que inesperadamente son atacadas por una violenta locura. Lo único que ellas tienen en común es que en el momento del ataque, están hablando por teléfono celular. Clay no tiene celular, ni tampoco Tom McCourt, un joven bostoniano gay cuyo gato le había roto su aparato días antes. Esa es ciertamente una de las constantes de King -no parece haber una relación de mérito moral en lo que sucede con las personas, por lo cual algunas son atacadas y otras no. El teléfono celular como agente arbitrario de la locura se disemina: hombres de negocio, señoras, incluso un gran número de niños y jóvenes son afectados. En las especulaciones que realizan los personajes, el pulso que aparentemente destuye la mente de los usuarios se atribuye a terroristas no identificados, o a algún grupo local desconocido.
Los capítulos que tratan sobre esta gran perturbación son particularmente intensos. Una de las lecciones de Stephen King a todos los autores de terror, es la histeria como expresión más evidente de una realidad que se distorsiona con el peso de lo sobrenatural. Los primeros momentos de Celular ilustran muy bien esa técnica, recordando las escenas de pandemónium de La danza de la muerte. Clay y Tom se unen para la mutua supervivencia y la joven de 15 años Alice Maxwell se sumará a ellos más adelante. Pero a partir del momento en que se forma esta "hermandad" el estilo asume otra modulación más sobria, menos sobreactuada como en La danza de la muerte.
King es ciertamente más versátil de lo que se le atribuye. En una edición especial sobre Stephen King, en The Magazine of Fantasy & Sicence Fiction (1990), el escritor y crítico Algis Budrys observó: "Creo que la hipótesis más probable es la que sostiene que King deliberadamente selecciona el estilo que mejor le queda a la idea que tiene entre manos."
Un estilo más limpio y económico acaba llevando también a un estilo más distanciado de los personajes, reforzado por el hecho de que, contrariamente a otros libros del autor, aquí él se suma al punto de vista de Clay. El estilo más leve también se armoniza con el hecho de que gran parte de la novela transcurre al aire libre, en las calles y campos de Nueva Inglaterra. Pero, a pesar de cualquier distanciamiento emocional, cuando uno de los dos compañeros de Clay muere, el lector también siente la pérdida.
En términos de peripecias, Clay y sus amigos consiguen salir de Boston rumbo al Estado de Maine, donde Clay (y King) viven -el artista tiene la esperanza de reencontrar a su ex-esposa y, especialmente, a su hijo Johnny. En el camino se topan con personas que también asumen la condición de refugiados, y en esto hay otro elemento que justifica el retorno a la historia del fin del mundo, relevante en el contexto norteamericano posterior al 11 de septiembre y posterior al huracán Katrina. Ellos observan que los alterados por el pulso pasan a tener un comportamiento colectivo, asumiendo lo que ellos denominan mente de bandada de pájaros, por medio de algún lazo telepático que en poco tiempo va alcanzando también a las personas normales, o "normies" (ecos de La aldea de los malditos, novela de John Wyndham de 1957). Comienzan a viajar de noche, que es cuando los alterados duermen acunados por canciones cursis reproducidas por aparatos portátiles.
En la Academia Gaiten, una escuela preparatoria, los tres conocen al Director Charles Ardai y al genio cibernético Jordan, de 12 años, quien les muestra el campo de fútbol del colegio cubierto de alterados descansando por la noche.
Jordan posee ideas que transforman su estado de locura en una metáfora computacional (las personas tuvieron sus hard-drives -sus mentes- apagados, y eso despertó facultades paranormales latentes en sus cerebros normales, llevando a la fusión telepática gestáltica de los alterados. Nada queda de la noción positiva, revolucionaria subyacente al uso de la mente-gestalt en los escritos de Theodore Sturgeon (más diálogo intertextual), y sí de la sombría idea de otro de los favoritos de King, El señor de las moscas (1954) de William Golding, novela de ciencia ficción que dramatiza la caída a un atavismo violento, tribal, cuando la civlización tal cual la conocemos sucumbe y cae.
Los héroes deciden entonces echar todo por los aires, a partir de lo cual son marcados por los alterados y obligados a ir hasta una zona remota de Maine donde supuestamente serán ejecutados en una especie de ritual de venganza. Surge una suerte de líder llamado por unos "El Harapiento" y por otros "Rector de Harvard" (a raíz de la toga que viste) que los conduce hasta el clímax de la novela, en una confrontación que va asumiendo aspectos de evento místico en la lucha entre el Bien y el Mal, u otro de sacrificio moral, visto en primer término en La danza de la muerte pero tal vez mejor realizado, paradójicamente, en la miniserie escrita por King, Storm of the Century (1999). En Celular, evitando la repetición, el enfrentamiento suena menos simbólico, si bien no es menos efectivo ni pretencioso.
Notable en varios sentidos, Celular es una novela que atrapa al lector de principio a fin, haciéndolo caminar por el filo de la navaja que Stephen King no se cansa de afilar. Al quitar del hombre la superficie "civilizada", ¿es lo que queda de la esencia humana la violencia sin sentido, o alguna expresión -por más leve que sea- de bondad intrínseca? Una novela para pensar y sentir.
Terra Magazine