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Reproducción
Afiche de Al final del espectro, la inquietante película de Juan F. Orozco.
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María Teresa Ronderos
Bogotá, Colombia
También se están empezando a dar los primeros pasos para que películas colombianas lleguen al mercado internacional. Con la Ley de Cultura de 1997, se creó el Fondo Mixto de Producción Cinematográfica, administrado por Proimágenes en Movimiento, que comenzó a impulsar el cine colombiano. Al mismo tiempo, a lo largo de la última década, desde la llegada de los canales privados, se fue fortaleciendo la televisión como industria y, por consiguiente, la de la publicidad.
Así, el cine colombiano se ha podido nutrir de mejoras técnicas, experiencia y de una fuente de financiación para que varios directores puedan realizar sus proyectos personales. Como nunca antes, los jóvenes colombianos han querido estudiar carreras asociadas a la producción audiovisual. Ya hay cuatro programas universitarios de cine en Colombia y 56 carreras en disciplinas afines. Además, cientos de jóvenes se han ido a estudiar cine a otros países, sobre todo a la Argentina. Sólo para mencionar dos ejemplos, en promedio puede haber 50 colombianos entrando cada año a la Universidad del Cine en Buenos Aires, y en el SICA, sindicato que ofrece cursos cinematográficos en esa misma ciudad, hay este semestre otros 63 colombianos inscriptos.
Por eso, cuando por fin se aprobó en 2003 una Ley del Cine que estableció estímulos financieros estatales a los diferentes momentos de la producción nacional y creó beneficios tributarios a los empresarios privados que invirtieran en esta industria, apareció "un terreno fértil", como explica David Melo, director de cinematografía del Ministerio de Cultura. Con nuevos talentos que han recibido buen entrenamiento, con fuentes de financiación más consolidadas y con este último y definitivo empujón estatal que ha sido la Ley, el cine colombiano comenzó a florecer.
Después de años de producir apenas un par de largometrajes cada año, Colombia estrenó nueve films en 2006 y va a completar doce en 2007. Están listas cinco películas que no han sido estrenadas aún, otras veinte están en postproducción, dos o tres en rodaje, cuarenta y cinco en desarrollo y se están escribiendo quince nuevos guiones.
Con la oferta nacional ampliada, una factura técnica más profesional y unos cuentos mejor estructurados, más colombianos comenzaron a ver cine nacional. Así, mientras en 1996 hubo poco menos de un millón de espectadores de películas colombianas, en 2005 hubo más de dos millones y en 2006, 2,8 millones. Claro está que la taquilla oscila cada año, pues una sola película en particular con mucho éxito dispara la taquilla de un año, como sucedió con la comedia Soñar no cuesta nada, de Rodrigo Triana, que en 2006 tuvo más de un millón de espectadores. En 2007 no ha habido ninguna tan taquillera, pero hasta los primeros días de diciembre, ya son 1,8 millones de colombianos los que habían visto las películas de su país. Si se mira la taquilla del cine nacional como porcentaje del total estrenadas en un año en Colombia, el resultado también es interesante: en promedio, en 2005 y 2006, de cada cien personas que fueron al cine, trece vieron largos nacionales.
Uno de esos éxitos nacionales de 2007, Satanás, de Andi Baiz, una película comercial, bien hecha (aunque fue criticada por la excesiva influencia de la televisión), ya ha logrado distribución internacional y se va a ver próximamente en México y en España. Otra que se va a estrenar en 2008, Paraíso Travel, dirigida por Simón Brand, promete tener aún mayores posibilidades de comercialización internacional, ya que tiene un elenco famoso en la región (John Leguizamo, Aldemar Correa, Ana de la Reguera).
Hacer cine popular, como es obvio, no es lo mismo que hacer buen cine. Pero ese cine que no le hace tantas concesiones al público, más centrado en cuidar la calidad narrativa y estética, también se está haciendo en Colombia. Apocalipsur, de Javier Mejía Osorio, que se estrenó este año y obtuvo una taquilla muy modesta -apenas 26.000 espectadores-, entró sin embargo a la competencia oficial de San Sebastián en España. Sumas y restas, de Víctor Gaviria, entró a la de Guadalajara, y Perro come perro, de Carlos Moreno, aún no estrenada en Colombia, consiguió entrar a la selección del prestigioso Sundance Festival de cine independiente en Estados Unidos.
La sombra del caminante, una dramática obra originalmente realizada en video y luego ampliada a 35 mm, ópera prima de Ciro Guerra, que la realizó cuando apenas tenía 21 años, participó en más de 30 festivales internacionales. El proyecto del segundo largo de Guerra, titulado Los viajes del viento, ganó el premio de desarrollo del World Cinema Fund del Festival de Berlín. Es muy probable que, una vez terminada, esta película colombiana, al igual que varios otros proyectos, dé bastante que hablar en el mundo del séptimo arte.
Definitivamente se empiezan a ver los frutos de una política estatal consistente, que ha aportado reglas de juego claras y estímulos legales a la industria del cine para que esta florezca no sólo comercialmente, sino también en calidad. Además se ha establecido un fondo de financiación modesto (repartió apenas unos 3,5 millones de dólares el último año en becas de estímulo a la producción de largo y corto metrajes, documentales y guiones), pero estable y manejado en forma transparente, realmente premiando a los mejores. Si se sigue en esta línea de estímulo de talentos, cada vez mejor preparados, con seguridad habrá cine colombiano para rato.
Películas Colombianas 2007
1. Las cartas del gordo, de Darío Armando García y Juan Carlos Vásquez
2. Al final del espectro, de Juan Felipe Orozco
3. La boda del gringo, de Tas Salini
4. Bluff, de Felipe Martínez
5. Satanás, de Andi Baiz
6. Esto huele mal, de Jorge Alí Triana
7. Buscando a Miguel, de Juan Fischer
8. Apocalipsur, de Javier Mejía
9. El sueño del paraíso, de Carlos Palau
10. La ministra inmoral, de Celmira Zuluaga
11. Juana tenía el pelo de oro, de Pacho Bottía
12. Muertos de miedo, de Dago García
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