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AFP
El embajador argentino en México Jorge Yoma, acusado de negligencia en el caso de la muerte de la argentina Vanesa Martínez.
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Pablo Chacón
Buenos Aires, Argentina
La familia de la stripper argentina Vanesa Martínez, de 27 años, sigue acusando de desidia a funcionarios diplomáticos argentinos y mexicanos. Tal como consignó Terra Magazine en ua primera entrega de esta investigación, Vanesa murió en un hospital público, a causa de una infección, una semana después de un último contacto con su familia, el 17 de julio del año pasado. La causa, que lleva la División Delitos Sexuales del Ministerio Público argentino y que también investiga la PGR mexicana, revela una trama de complicidades entre tratantes de diversos países que intercambian mujeres y niños como mercancía.
Según la familia de la víctima hubo una desidia rampante y una pésima atención tanto en Buenos Aires, de parte de los mexicanos, y en México, de parte de la delegación diplomática argentina, encabezada por el embajador Jorge Raúl Yoma, a punto tal que los padres y hermanos de Vanesa se enteraron de su muerte casi un año después de su "desaparición", cuando su cadáver era objeto de manipulación por parte de estudiantes de medicina que lo recibieron a través de la morgue municipal mexicana, donde nadie nunca lo había reclamado.
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Sin embargo, la conmoción que produjo en la familia Martínez la aparición del cadáver de Vanesa no provocó el mismo impacto entre los funcionarios y diplomáticos de ambos países, exceptuando las declaraciones de rigor (como las del embajador argentino en México al diario Reforma de ese país: dijo que averiguar qué había sucedido era una cuestión de "importancia capital" para la representación diplomática, pero que ignoraba qué podía haber sucedido y que de ninguna manera iba a interferir con las investigaciones de la justicia mexicana). Antes, mucho antes, el consulado argentino en México pidió los datos de Vanesa por correo electrónico. A su vez, la Embajada de México en Buenos Aires despachó a los familiares con cierta indiferencia, notificándoles que no tomaban denuncias y aconsejándolos para insistir en la Cancillería local, cuyos letrados se limitaron a tomar la denuncia.
Silvana Martínez, hermana de Vanesa, le dijo a Terra Magazine que la respuesta de los mexicanos los tomó por sorpresa y que los diplomáticos argentinos "cada vez que veían aparecer a alguien de la familia, desaparecían". Después de intentar varias veces, la familia de Vanesa logró dar con el Royal Club del DF (ubicado en la llamada Zona Rosa de la capital mexicana); así se enteraron de que la joven ya no trabajaba en el lugar y lograron después que el viceconsulado argentino tome cartas en el asunto y envíe la información existente, en septiembre de 2007, a una Fiscalía Especial para los Delitos de Violencia contra las Mujeres y la Trata de Personas que funciona en México. Esa Fiscalía, de todos modos, nunca informó nada relevante.
Silvana está segura de que "durante todo ese tiempo, los mexicanos sabían que mi hermana estaba muerta. No sé si lo sabían los argentinos, pero ellos sí, seguro". La decisión de filtrar la información a la prensa fue producto de una reunión familiar, contó. Hartos de las idas y vueltas de los funcionarios, consideraron que iba a ser más efectiva una denuncia periodística. Y así lo hicieron.
Silvana contó que sospechó "algo raro" cuando -por intermedio de comunicaciones vía chat- la bailarina expresaba disgusto con su trabajo, algo que no había sucedido el año anterior; "ella también decía que se sentía mal y que no podía leer ni ver televisión", añadió. Aparentemente, "a Vanesa le cobraban 'multas' por negarse vaya a saber a qué y estaba pensando seriamente en volver a Argentina -continuó Silvana-. Nunca me lo dijo, pero creo que ya no estaba en el Royal Club".
El tema de las "multas' acaso pueda despejar parte de la incógnita: es uno de los castigos que reciben las prostitutas que muestran alguna disidencia con los proxenetas. Si eso fuera así, la joven habría pasado a formar parte de otro elenco, acaso contra su voluntad, y nadie descarta un secuestro concertado por bandas de tratantes instaladas en la Argentina y en México.
La familia de la muerta insistió con las llamadas al Royal Club hasta que no hubo más esperanza: "No nos atendieron más el teléfono -relató Silvana-. Estoy segura de que los dueños del lugar saben qué pasó, pero, ¿quién los va a tocar, si ahí van políticos, jueces, gente del poder?". Luego de aquel último intercambio, Silvana le ofreció a su hermana pagar el pasaje de regreso. Las cosas habían dado una vuelta de campana: cuando viajó al DF, Vanesa lo hizo con un pasaje pagado por el Royal Club. "La esperaron en el aeropuerto, y una argentina la llevó a un hotel (el Suite Niza, en la calle Niza, número 74), a dos o tres cuadras del cabaret", donde compartía una habitación austera pero limpia, según sus propios dichos, que repite su hermana, con una colega de nombre Paola y con otra joven húngara. Precisamente, Paola era la argentina que viajó con Vanesa a México. Ella volvió en septiembre del año pasado. Está encerrada y no quiere hablar con nadie. Según dijo a Terra Magazine el corresponsal del diario Reforma en Buenos Aires, Paola habló una sola vez con la familia de su ex compañera para decirles todo lo contrario de lo que sabían: afirmó que estaba muy bien, enamorada, contenta y con planes allí para varios años.
"A Vanesa, (Diego) Maradona y todos los que andaban con él le decían 'Gallo', porque tenía carácter muy fuerte. Una vez se peleó, en medio de una fiesta, con un travesti de ese grupo. Entonces cayó en desgracia", señaló Silvana, que también admitió que su hermana consumía drogas, pero "tampoco tanto como andan diciendo".
El director de cine pornográfico Víctor Maytland dirigió a Vanesa en dos o tres películas. "Esto es muy extraño -declaró a Terra Magazine-. Ella no era una estrella, pero era muy profesional, no faltaba, hacía lo que había que hacer y se iba. Yo quisiera separar al porno de todo este tema de la trata. El problema es que en la Argentina filmar pornografía está mal visto. Entonces es difícil encontrar actrices que quieran hacerlo. Se presentan como modelos, acompañantes, escorts, pero todos saben que la televisión es un cantero de prostitución encubierta. Ahora todo se va a complicar más de lo que ya está".
Sin saber todavía que están detectados desde finales del 2007, unos doce integrantes de una organización de tratantes compuesta por policías, agentes de inteligencia, productores de cine pornográfico y operadores financieros aprovechan su "talento natural" (nombre de una de las productoras investigadas) para "lavar" en el sistema financiero local parte del dinero proveniente del negocio.
Según el corresponsal de Reforma, "las investigaciones en la Argentina revelaron que la organización porteña dedicada a la trata cuenta con socios en México, quienes reciben a las mujeres enviadas desde Buenos Aires como 'una mercadería' (en la jerga) que pagan en dólares y euros contra entrega y al contado, para no dejar rastros del dinero. Los pagos se blanquean principalmente en el rubro inmobiliario de alta categoría, a través de inversiones que llegan al país desde diversos paraísos fiscales".
Terra Magazine