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Maria Bethânia con Omara Portuondo: latinidad sin clichés

Reproducción
Portada del álbum de Omara Portuondo y Maria Bethânia.

Paquito
Salvador, Brasil

Cuando Maria Bethânia llegó a Rio para sustituir a Nara Leão en el show Opinião, en 1965, fue escuchada por una señora que le aconsejó trabajar técnicas vocales, pero nunca estudiar música académicamente, para que mantuviera la expresividad de su canto. Bethânia, que ya poseía, a pesar de la poca edad, una madurez interpretativa única, debe haber seguido el consejo. Por eso, es difícil decir, tantos años después, que ella está cada vez mejor, ya que la artista, desde el inicio de su carrera, siempre se preocupó por la integridad estética y por las interpretaciones antológicas.

Basta oír de su primer disco Feiticeira, Sol negro y Nunca mais, sólo para citar algunos temas, que suenan hasta hoy intensas e inmaculadas. Y Só eu sei (Diplomacia), de Batatinha, eran, en realidad, dos canciones del sambista. Después que Bethânia las juntó en una única, el propio compositor empezó a cantarlas de esa manera.

Puede decirse, sin embargo, que Bethânia hoy recorre nuevos caminos, sin esforzarse por ser moderna, fiel a su intuición. Desde Brasileirinho, de 2003, por ejemplo, ella, que se hizo conocida como cantante urbana, ha incorporado a su repertorio, de manera más efectiva, canciones del universo rural, tanto que llegó a declarar en una entrevista realizada en ocasión del lanzamiento de los dos CDs sobre las aguas (N. de R.: el autor se refiere a los discos Mar de Sophia y Pirata), en 2006: "quiero moda de guitarra. Por lo menos me conmueve".

Notable también es la orientación conceptual que ha caracterizado a sus discos, como por ejemplo el más reciente, en asociación con la cubana Omara Portuondo, sobre lo cual reflexiona en una escena del DVD que acompaña al CD: "ella (Omara) fue comprendiendo que era un disco con otro color, con otra respiración, con otra lectura, con otro sentimiento. La manera de expresar y las cosas que íbamos a hablar eran otras, no las que solíamos hablar. Los arreglos también, más desnudos... dejar que la voz entregue lo que pensamos...".

A través de este prisma, el disco con Omara trae a la luz la latinidad bajo otro modo de cantar: sin clichés, sin molduras, realmente cool. Las canciones pueden hasta tratar de amores deshechos y dolores no resueltos, pero las voces de Omara y Bethânia, así como los arreglos, suenan "derramados por dentro", para usar la expresión de Chico Buarque.

No es casual que estén presentes en el repertorio canciones de Antonio Maria (Menino grande) y Dolores Duran (Arrependimento - en sociedad con Fernando César), dos autores de un período de transición entre la vieja bossa y la bossa nova, sin, ni aún por eso, dejar de hablar de amores irresueltos, caso de la canción de Dolores, cantada por Bethânia, que hace pareja con Mil congojas, de Juan Pablo Miranda, cantada por Omara.

De un Brasil más rural, el disco tiene la bellísima Você, de Hekel Tavares y Nair Mesquita, que Fagner y Nara Leão ya habían grabado con el título de Penas del tié, y Caipira de fato, de Adauto Santos. Y de la década de los 40, período caro a Bethânia, hay una canción urbana que, sin embargo, aspira al bucolismo, Só vendo que beleza, de Rubens Santos y Henricão. Hay dos nanas, una de Antonio Maria, cantada por Bethânia, y una en español, Lacho, de Facundo Rivero, cantada por Omara. Y hay dos canciones, una en portugués, de Gonzaguinha, otra en español, de Marta Valdés, con el mismo título, Palavras y Palabras.

Así es este disco, encuentro de dos cantantes, de canciones y de instrumentistas de Brasil y de Cuba, pues el pianista, Roberto Fonseca, y uno de los percusionistas, Andrés Coayo, son cubanos, mientras todos los otros son brasileños.

Hablo mucho de Bethânia porque soy más cercano a su universo, pero Omara Portuondo impresiona con la seguridad y la intención del canto, como dice la propia Bethânia: "ella (Omara) tiene una inteligencia musical que no es muy común".

Fue Omara, inclusive, quien da el punto de partida al cantar Lacho, acompañada sólo por el cájon de Andrés Coayo, que resultó ser la luz para que Bethânia defina cual sería la tónica del disco.

Sin embargo, el concepto, como ocurre en otros trabajos de la bahiana, se establece al servicio de la expresividad, la inteligencia como un puente para la sensibilidad. "Solamente las emociones", como dice el verso de Caetano, o aún "Si lloré o si sonreí, lo importante son las emociones que viví", de Roberto y Erasmo, músicas que Bethânia interpretó, reinventó e hizo suyas en discos pasados.

Paquito es un músico y productor brasileño.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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