
|
Cortesía
Fabricando Tom Zé es una película provocativa sobre un artista provocativo.
|
Paquito
Hace un mes escribí sobre la película Noel Rosa, poeta da Vila y recibí emails de lectores de San Pablo preguntando cuándo estaría en cartelera en los cines de la ciudad. Por lo poco que sé, la película aún no tiene distribución, lo que es un absurdo, ya que la obra, además de méritos, tiene un atractivo: el papel de Ceci, el gran amor de Noel, es protagonizado por Camila Pitanga, que personifica a Bebel en la novela Paraíso Tropical de la televisora Globo. Camila es popularísima, y es una atracción indudable, si utilizáramos un razonamiento típicamente comercial.Hablando de cine y música, o mejor, cine sobre música, vi el documental Fabricando Tom Zé, que al menos está en cartel en las llamadas "salas de cine de arte". La película es buena porque hace pensar. Tom Zé es provocativo, su música es provocativa, y la película incluso trata el período de ostracismo del artista, de 1973 a 1990, cuando su trabajo fue ignorado en Brasil, hasta ser redescubierto en los Estados Unidos y lanzado por David Byrne. Caetano, por ejemplo, demuestra coraje en su testimonio al opinar sobre el asunto y asumir posturas poco cómodas, sin dorar la píldora. El propio Tom Zé explica la medida del dolor que pasó cuando dice que a veces no tenía fuerzas ni para levantar las piernas al despertarse. Sin embargo es necesario aclarar que atribuir la responsabilidad por el ostracismo de Tom Zé a Caetano y Gil es demasiada simplificación. Además, el mismo Tom Zé llegó a decir que se saboteó, lo que tampoco explica esta cuestión.
El hecho es que la prensa, o como está de moda decir, los "medios", también lo ignoró, tanto como el público, a excepción de los estudiantes paulistas. O sea, Brasil, o mejor "el ser brasileño", para usar la expresión de Caetano, se silenció frente a Tom Zé, y si de alguien es la culpa, la tiene todo un consenso tácito que existió en la época en que, dicho sea de paso, el artista había producido sus mejores trabajos hasta ese momento: Todos os olhos (73) y Estudando o samba (76). A partir de estos discos la obra de Tom Zé gana mayor densidad y suma al lado satírico la faceta de creador de canciones raras y minimalistas, sacando al samba de la "tradición embalsamada", lo que va a convertir su obra en única. Además de ello es importante destacar su desempeño sobre el escenario, de inigualable expresividad.
Pero Tom Zé y la película son mucho más que la historia del ostracismo. La película es él, y todo lo que dice está marcado por la forma propia y poética que él posee de decir las cosas mundanas, típica de alguien del interior que se espanta y se admira de lo que ve con "su mirada libre". Y como buen campesino, también consciente de sus valores y de la solidez de sus gestos, defiende con uñas y dientes su orgullo y belleza, como en la escena en que discute con un técnico de sonido en Suiza.
Tuve contacto con Tom Zé cuando produje, junto a Jota Velloso, el CD Humanenochum, de Riachão. Como el mayor éxito de Riachão era Cada macaco no seu galho, grabada por Caetano y Gil en el 72, con motivo de su regreso a Brasil, queríamos una opción menos obvia para participar de la grabación. El elegido fue Tom Zé porque, además de ser tropicalista, tanto él como Riachão pasaron por períodos en que cayeron en el olvido, coincidencia que daría al tema un significado especial; finalmente, la letra de la canción marca una posición firme en cuanto a la demarcación de un espacio propio: "o meu galho é na Bahia/ o seu é em outro lugar" (mi rama está en Bahia, la suya en otro lugar).
Durante los contactos y la grabación propiamente dicha, Tom Zé fue colaborador, enriquecedor, y siempre demostró su preocupación por preservar ese enfoque provinciano. Para que se tenga una idea, él, que formó parte de Tropicália y de la revolución de las costumbres que sucedió en la década del 60, me decía "melenudo", como si tener el pelo largo fuese algo raro en su universo. Por eso durante el documental, se refiere al equipo de filmación llamándolos "vagabundos de Rio de Janeiro". El título de la película, Fabricando Tom Zé, puede entenderse como una referencia a esta auto-imagen cultivada de una persona del interior, que habla con una gracia singular, y se aproxima a los demás en forma distinta que la gente de la metrópolis.
Además, Tom Zé muestra su fuerza al remarcar estas singularidades y sus debilidades. Como no sabía ni cantar ni componer bien, según él mismo dice, terminó afianzándose por lo inusual, lo inusitado, por dar vuelta la belleza cabeza abajo. Un provinciano "muderno" como aún se dice en las ciudades del interior de Bahia, donde nació el artista.
Terra Magazine