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El moralismo religioso ha llevado a la escasez de alimentos

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"La explosión demográfica es el meollo de los demás problemas", dice Lembo.

Cláudio Lembo
San Pablo, Brasil

La prosperidad no es infinita. Posee límites que no pueden transponerse. En los últimos años, las sociedades de América y regiones de Asia y Oceanía conocieron un desarrollo acentuado.

Los mercados financieros dinámicos y los intercambios de mercaderías agitados. De pronto, así, de pronto, los flujos disminuyeron, casi pararon. Los mercados se estacionaron. Existe temor en todas partes.

Los analistas al servicio de las grandes corporaciones buscan la causa de la parálisis general. Apuntan a la quiebra en el mercado de las hipotecas en los Estados Unidos. Tejen consideraciones sobre el precio del petróleo.

Temerosas de la pérdida de su porción del mercado, las grandes petroleras invierten contra el etanol brasileño. Se lo culpa de todo, incluso de la escasez de alimentos.

Son argumentos temporales. No avanzan hacia las causas remotas de la situación que está viviendo la humanidad. Los hombres menos ilustrados se pueden convencer. El observador más sagaz está perplejo.

No quieren ver la realidad. Ésta es clara y precisa. El planeta Tierra (finito y pequeño en comparación con la grandeza del Universo) comienza a demostrar rasgos de saturación. Después de haber sido explotado y depredado, ya no resiste las agresiones.

Se extrae petróleo. Se explota el manganeso. Se sacan productos de los yacimientos minerales en busca de cemento y cal. Se hieren las selvas húmedas. Se rompe el equilibrio de las selvas subtropicales.

Luego de todos estos actos y otros más, los habitantes de la fracción rica del mundo esperan que todo siga como antes. Claro que no. La destrucción paulatina del planeta tendrá consecuencias.

Estas consecuencias pueden ser verificadas en todas partes. La más grave, sin embargo, es el comienzo de un ciclo de carencia de alimentos. Los pueblos pobres, ya desnutridos, recibirán aún menos migajas.

Aquí se encuentra el punto grave del asunto. Se trata de la marginalización de un problema extremadamente grave que se suma a todos los otros ya indicados: la explosión demográfica. Es un tema poco analizado en razón de cuestionamientos religiosos y morales que, mientras tanto, se cierne sobre todos los demás problemas.

El asunto mereció un exhaustivo estudio por parte de un teólogo y economista clásico: Thomas Robert Malthus, a principios del Siglo XIX, escribió una obra fundamental bajo el título Essay on Population.

En sus estudios, el economista inglés demostraba procupación por el crecimiento desmedido de la población. Éste llevaría inevitablemente a un desastre sin precedentes, el hambre.

Malthus expuso sus preocupaciones antes del descubrimiento de innumerables productos capaces de frenar las epidemias y de controlar las endemias. La preservación de la especie humana se amplió con estos descubrimientos.

Sin conocer los nuevos fármacos, de manera pragmática y poco sensible, Malthus colocó sus esperanzas en la eclosión de las guerras entre los pueblos, que servirían como instrumento de equilibrio demográfico.

Dejó de generarse grandes guerras de orden mundial. Los conflictos se conviertieron en locales y de pequeña expresión. Los organismos internacionales mostraron una eficiencia razonable en la preservación de la paz.

Parte de la catastrófica visión malthusiana no se concretó. Los pueblos fueron capaces de algunos actos positivos, particularmente en lo referido a conflictos bélicos.

Sin embargo, faltaban cuestiones agudas. Una de ellas, la destrucción continua del planeta para el sostenimiento de un consumismo exagerado. Otra, tan aguda como la primera, toca el sensible tema de la explosión demográfica.

Hombres y mujeres, mientras viajan en esta gran travesía, se unen en momentos de sensualidad y amor. Es la esencia de la naturaleza humana. Pocos y raros se mantienen inmunes a la unión de los cuerpos.

Si ésta es una realidad que acompaña a la humanidad desde tiempos remotos, es imposible desconocerla o exigir a la gente una abstinencia irreprimible.

Los gobiernos y las entidades internacionales deben apartarse de las visiones hipócritas sustentadas en un falso moralismo. Precisan difundir medios para alcanzar la paternidad y maternidad responsables.

La humanidad superó los desafíos impuestos por la naturaleza. Es inaceptable la falta de control sobre su propio cuerpo. Esta actitud lleva miseria y dolor a extensas regiones y a un inmenso número de personas.

Cláudio Lembo es abogado y profesor universitario. Fue vicegobernador del Estado de San Pablo de 2003 hasta marzo de 2006, cuando asumió como gobernador.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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