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El aborto debe ser discutido entre las mujeres

AFP
Una manifestante pro abortista en DF, México.

Cláudio Lembo
San Pablo, Brasil

Un acontecimiento dramático sacudió a Italia. En Nápoles, una mujer se sometía a un aborto terapéutico. A través de una llamada telefónica anónima, la clínica fue denunciada. La policía apareció.

Rompió la privacidad de la paciente. Asómbrense: secuestró al feto. A partir de este incidente, los diarios italianos desarrollaron un acalorado debate. Las posturas van de la moderación al disparate.

Sin ningún agregado, ya de por sí, el tema contiene una elevada carga de emotividad. Esta se extiende desde el sensible campo de la ética a las entrañas de la intimidad de la mujer. Alcanza su integridad física y psicológica.

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El aborto está envuelto por contornos de alta sensibilidad. La frágil condición del feto, indefenso y pasivo. El dolor y la exposición soportados unilateralmente por la mujer.

Ninguna mujer se somete a la intervención en forma fría. El instinto nato de madre genera el sentimiento de pérdida. Su condición humana, la dosis excesiva de humillación. Se expone y se somete a la violencia contra su integridad.

Los hombres debaten el aborto sobre el importante prisma ético. Jamás captan, sin embargo, la situación femenina en el transcurso del proceso de toma de decisión y subordinación a la realidad.

El aborto no puede ser leído como un mero acto rutinario. No lo es. Jamás podrá ser tratado con frivolidad. Se presenta como una intervención de riesgo y repleta de interrogantes.

En todas partes, cuando este asunto sale a la superficie, las discusiones se tornan acaloradas. Los argumentos parten de un conservadorismo excesivo. O conducen a un grado ilimitado de libertad.

Es comprensible. Al tema se agregan la presencia de vida con sus sensibles componentes. La atracción entre dos personas, aunque fuera efímera y circunstancial, y la concepción, soplo de un nuevo ser.

Hay más para agregar. El deber común a toda la gente de preservar la vida. Respetar la dignidad del otro, aunque éste sea embrionario. Preceptos que se extienden a la figura de la mujer.

Al someterse a la intervención, la mujer sufre violencia contra su dignidad. Las causas de la concepción son múltiples. La presencia de lo imponderable. La ausencia de una orientación sexual saludable. Las proles repletas de carencias.

El tema perturba a la humanidad desde épocas remotas. San Jerónimo, en el año 300, cuando la ciencia se limitaba al empirismo, tomó una posición. Antes del surgimiento de la apariencia humana y de los miembros, no existe violencia contra el nonato.

San Alberto Magno, en 1200, dedujo: el alma en el varón se infunde cuarenta días después de la concepción, y en la mujer, recién transcurridos los noventa días. Los autores contemporáneos registran: el alma se infunde en el momento mismo de la concepción.

Múltiples vertientes de pensamiento. En los últimos años se enfrentaron en acalorados debates dentro de los parlamentos de Portugal, España e Italia. Antes, en 1973, la Corte Suprema de los Estados Unidos analizó profundamente el asunto.

Las realidades de estos países se alteraron. Las mujeres se hicieron dueñas de su cuerpo y de su voluntad. Se abrieron las posibilidades para la dolorosa intervención.

La unanimidad jamás se obtuvo. Es imposible lograrla frente a esta contingencia existencial. Todas las vertientes llevan a un dato esencial: la defensa de la vida. ¿Qué vida? ¿La que está en gestación o la vida en plenitud de la mujer embarazada?

Respuesta digna de un enigma a la antigua. Éste se amplía en complejidad cuando la inviolabilidad del cuerpo de la mujer es violado y de esta agresión resulta una concepción indeseable, indebida e inaceptable.

La solución jamás será unánime. El aborto siempre encontrará posiciones de áspero antagonismo en los debates que genera. En éstos, casi siempre, se restringe la participación a personalidades masculinas.

Buen momento para alterar esta postura. Un tema esencialmente femenino que merece que sean las mujeres quienes reflexionen y debatan sobre él. Las conclusiones tendrán que recoger el pensamiento femenino en su plena sensibilidad.

En su Campanha da Fraternidade/2008, la Confederación de Obispos Brasileños trata la cuestión del aborto. Bueno. Permitirá que lo examinen diferentes expresiones de la inteligencia.

No se puede omitir a la sociedad. Debe participar. Recoger los dramas individuales de las mujeres. Comprenderlos será signo de madurez. Es momento de que los hombres escuchen.

El silencio no condice con los tiempos contemporáneos. Sólo convierte en hipócrita la convivencia humana. La hipocresía ya causó muchas víctimas. Miles de mujeres sacrificadas. O vidas perdidas.

Cláudio Lembo es abogado y profesor universitario. Fue vicegobernador del Estado de San Pablo de 2003 hasta marzo de 2006, cuando asumió como gobernador.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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