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Museo del Barrio reabre con Pollock y Siqueiros

Museo del Barrio, New York/Cortesía
"Muchas veces se da por descontado que los artistas estadounidenses fueron quienes influenciaron a los latinos. Pero mirando en detalle se da cuenta de que es un trabajo de colaboración", dice Casals.

Pablo Calvi
Nueva York, Estados Unidos

Según uno de los mitos más infundados del modernismo estético neoyorquino, en medio del crisol artístico que la ciudad experimentaba hace poco más de un siglo, eran los pintores estadounidenses quienes nutrían con su técnica y su estilo a los artistas latinos emergentes.

Como todo mito, claro, éste también merece ser puesto a prueba. Y uno de los ejemplos más claros de que la relación entre artistas latinos y estadounidenses era de ida y vuelta es el contacto que en los años 20 establecieron el expresionista americano Jackson Pollock y el muralista mexicano David Alfaro Siqueiros.

"Siqueiros tenía su experimental workshop en Nueva York y para sorpresa de muchos, uno de sus alumnos era justamente Jackson Pollock", revela Gonzalo Casals, director de programas del Museo del Barrio.

El museo, uno de los polos de cultura y arte latino más importantes de la ciudad, volverá a abrir sus puertas luego de un año de remodelaciones y expansiones para celebrar su 40 aniversario. "Para la reapertura, entre otras cosas vamos a exponer estas interacciones y por supuesto obras de Siqueiros y Pollock para mostrar de qué modo estos dos artistas excepcionales se influenciaron mutuamente".

El edificio que aloja al museo, en la esquina de la calle 104 y Quinta Avenida, fue durante muchos años un lugar bastante atípico. "Por empezar, el espacio le pertenece a la ciudad y tiene ya más de 90 años", cuenta la vocera Susana del Valle. "La construcción, de 1918, había sido pensada como un orfanato, con puertas muy pesadas y rejas para mantener seguros a los chicos".

El aspecto de claustro y una fachada casi invisible a los ojos de los peatones, desalentaba muchas veces la asistencia de público a los diferentes eventos, reconoce Del Valle. Pero con una inversión de la ciudad de casi 30 millones de dólares y la flamante fachada de cristal, ya las cosas han comenzado a cambiar de color.

"Quisimos con el nuevo proyecto crear en el museo la sensación de que se está en un espacio público, para todos", explica Del Valle. "Como parte de las remodelaciones, el edificio ahora es más receptivo, cuenta con un café y un espacio multipropósito y creo que esto nos va a ayudar a ofrecer una mejor calidad y una mejor experiencia a nuestros visitantes".

Para la reapertura, que tendrá lugar en pocos días más, los curadores del museo han trabajado sobre varios motivos. La colección total de más de 6.500 obras, única sin dudas, será expuesta al compás de diferentes muestras.

"Creo que el eje de la apertura, a través de la colección, será contar los cuarenta años de historia del museo y del barrio -el Harlem Latino- a través de los trabajos de muchos de nuestros artistas", explica Casals.

Entre las historias, Casals se detiene en la de un mural que Diego Rivera, el famosísimo artista mexicano, esposo de Frida Kahlo, pintó para el Rockefeller Center; un mural que el mismísimo Nelson Rockefeller mandó a destruir antes de que fuese terminado.

"Rockefeller comisionó a Diego Rivera para pintar un mural en el rascacielos", relata Casals. "Pero el magnate vio que en el mural de Rivera una de las figuras centrales era la del revolucionario soviético Vladimir Lenin. Claro, cuando Rockefeller lo vio, se volvió completamente loco, tuvo una discusión con Rivera, se pelearon y el mural fue destruido y sus restos sepultados bajo otro mural".

En la muestra de apertura, el Museo exhibirá trozos de aquella pieza desaparecida junto con imágenes tomadas antes de su destrucción.

"Muchas veces se da por descontado que los artistas estadounidenses fueron quienes influenciaron a los latinos", insiste Casals. "Pero cuando uno mira en detalle se da cuenta de que el arte es un trabajo de colaboración, es un ida y vuelta. El modernismo, por lo menos en Nueva York, tiene esa cosa de sincretismo. No sólo había americanos, sino también latinoamericanos y africano americanos. Y lo que es interesante es que desde el Museo del Barrio estamos abriendo una zona gris que todavía casi nadie estudió. Estos son temas que hasta hace poco prácticamente ignorábamos sobre el arte latino en la ciudad".

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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