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Felipe Bianchi defiende a los árbitros de fútbol

Reproducción
En fútbol, el desempeño del árbitro es una de las excusas más habituales para intentar justificar un resultado adverso.

Felipe Bianchi Leiton
Santiago, Chile

Desde la lógica de Universidad Católica, el equipo se quedó afuera de las semifinales del torneo chileno por una razón muy simple: los árbitros. En rigor, los malos árbitros. Como ya es costumbre -odiosa costumbre- los dirigentes, los técnicos y los jugadores universitarios no sólo ven errores donde los hay. También donde no los hay. Además juzgan y definen intenciones con una regularidad pasmosa. De hecho siempre ven una sola intención: perjudicarlos.

La reacción es normal, acaso natural en los clubes que pierden. Alguna vez le pasó a Colo Colo, alguna vez a la "U", alguna vez a un club de regiones. A todos, cual más cuál menos, les ha dado, alguna vez, la impresión de que no son sus propias limitaciones, sino un sucio y mafioso acuerdo externo el que les ha quitado, injustamente, el derecho a sentarse en el trono.

Y no sólo le pasa a los clubes. Nada más humano que echarle la culpa al otro del propio fracaso. A esas fuerzas exógenas que impiden, una y otra vez, que el mundo reconozca nuestro verdadero talento. Que evitan, una y otra vez, nuestro merecido triunfo. Siempre hay alguien: el jefe, el profesor, la sociedad, los ricos, los pobres, los padres. Los árbitros.

Cada vez que se entrevista a un jugador o a un dirigente perdedor después de un partido, aparece la cantinela del arbitraje, de la persecución, de los errores inaceptables. Y su corolario: la petición para que se tomen medidas inmediatas, para que se castigue a los malos jueces, para que se corrija de una vez por todas a los erráticos, a los malintencionados, a los malvados tipos de negro que, en vez de impartir justicia, reparten equivocaciones.

La mala noticia para esa perspectiva del juego y de la vida es que no sirve de nada. Hagan lo que hagan, los árbitros se van a seguir equivocando. Es connatural a su oficio. Es más: no hay reglamento alguno que los obligue a acertar siempre. Pueden fallar. Está permitido que fallen. Muchas veces. Y hay que comérsela. Así de simple. Lo que no puede pasar, porque está especificado en el reglamento del fútbol, es que los jugadores, los dirigentes o los técnicos los insulten, los empujen o los ninguneen cada vez que se equivocan. Eso es ilegal. Eso es tarjeta roja.

El problema es que, al menos en Sudamérica, hay varios que todavía no consiguen meterse el concepto -tan simple- en el disco duro: no se saca nada con alegar. No es más apasionado, no es más hombre, no es más valiente el que le reclama al árbitro hasta conseguir que lo expulse: es más tonto. Perjudica a su equipo, se perjudica él mismo y no va a cambiar, nunca, un fallo. ¿Es necesario repetirlo?

Los europeos lo entendieron hace rato y alegan poco. Y colaboran más. ¿Podrá haber algo más desagradable que un jugador sudamericano lanzándose a la piscina, inventando faltas, mintiendo, haciendo trampa, engañando permanentemente? ¿Un clásico? Los goles con la mano, una especialidad argentina que no paró más desde la escandalosa "mano de Dios" de Maradona en México 86. Revise los últimos dos años no más: el "Burrito" Ortega por River, Messi por el Barcelona, Agüero por el Atlético de Madrid, Pochettino a Paraguay por la Selección. Ordinarios goles con la mano. Sin arrugarse. Casi con orgullo. Aduciendo la vieja y estúpida teoría de la "viveza criolla". Con tipos así, es complicado ser árbitro. No hay colaboración alguna ni tampoco el castigo social que correspondería. Y eso es injusto. Como injusto resulta exigirle a los árbitros que "por favor no se equivoquen", otro clásico de la previa a todo partido importante de fin de semana. Vaya falta de respeto, digo yo. ¿Y si los árbitros le pidieran lo mismo a los jugadores? "Quisiera pedirle a la defensa de la UC que esta vez haga bien las coberturas, que maneje mejor la línea del off side y que no se coma todos los amagos". O "es de esperar que este fin de semana, por fin, los delanteros de Colo Colo dejen de perderse goles".

Digo: un día de estos se van a enojar los árbitros y van a repartirle a los jugadores, a diestra y siniestra, cucharadas de la misma medicina. Sería justo. Imagínese a un juez diciéndole a los periodistas una vez terminado el partido: "¿Se fijaron en lo malo que es el puntero derecho de la "U". Qué bestia, qué manera de perderse goles, así no se puede jugar. Estos tipos echan a perder el espectáculo. Trabajamos toda la semana para rendir y ellos destruyen todo con sus errores". ¿Por qué no? Porque no, pues. Imposible. Los árbitros son más educados que los jugadores y los técnicos. Igual de funcionarios, igual de importantes, igual de dependientes. Pero más educados. Saben que no corresponde "cargar" al otro para salvarse. Que eso es feo, que no se hace. Y aparte, quizás por un asunto de ADN, entiende perfectamente que una de las gracias del fútbol es que sus protagonistas se pueden equivocar. Siempre. Es parte del juego. Algún día lo van a entender también los jugadores. Y será un mejor día para el fútbol.

» Hable con Felipe Bianchi Leiton

Felipe Eugenio Bianchi Leiton es un periodista, presentador de televisión y comentarista deportivo chileno. En 2006 ganó el Premio Nacional de Periodismo Deportivo.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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