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Reproducción
Felipe Bianchi establece comparaciones entre el periodismo deportivo de su país con, entre otros, las grandes cadenas como Fox y ESPN.
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Felipe Bianchi Leiton
Santiago, Chile
A propósito de la lucha sin cuartel entre el humilde futbolista con voz de pito y el periodista canchero de Amor ciego, y a propósito de una entrevista de Claudio Borghi (¿no era que estaba tan cansado?) a Jorge Valdivia en la revista D13, en la cual hicieron pebre a los sacrosantos comentaristas deportivos chilenos, ha vuelto a surgir la disonancia profunda entre analistas y protagonistas del deporte. Una lucha que, al igual que en Amor ciego, normalmente gana el jugador.
Yo no soy gremialista ni coleguista. Odio las defensas grupales, corporativas. Sólo traen mediocridad a la vida. De hecho, varios de las quejas contra el periodismo deportivo chileno me parecen muy justificadas. Y la vieja pelea entre reportero y jugador se me hace divertida, útil y necesaria. Insoslayable. No soporto a los periodistas que son "amiguitos" del jugador o del técnico de moda.
Sin embargo, desde la vereda del que escribe, no hay nada más vulgar, idiotizado, vacío, simplón, no hay lugar común más detestable que ese que dice que los periodistas "en vez de apoyar al jugador chileno para que despegue, lo critican. Debieran ser más patriotas, más nacionalistas". Vaya lesera. Como si la patria fuera más importante que la verdad. Como si el nacionalismo fuera sinónimo de algo bueno. En todo caso, la queja más necia de todas, el mayor disparate y la mayor burrada, es esa que dice "cómo opinan si nunca jugaron a la pelota". Como si para analizar el rol de Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos fuera requisito ser norteamericano, negro y demócrata. Como si para analizar los pasos de la monarquía en Inglaterra hubiera que ser duque. O para comentar recitales tocar el piano. O para comentar cine ser director de fotografía. No pues. Hablemos en serio. No se trata de eso el comentario, el análisis, la opinión. Si la ecuación fuera tan básica (el que juega opina y el que no juega no lo hace) se hubiera perdido lo mejor que se ha escrito y dicho del fútbol mundial. Lo más entretenido, lo más interesante, lo más profundo, lo de mayor peso, que, seamos francos, no ha salido precisamente del interior de un camarín.
No conozco ningún ex jugador que haya sido realmente bueno, o mejor que los periodistas de turno, al momento de comentar. Una cosa es habar jugado y otra comentar. Una cosa es el fútbol y otra el periodismo y el análisis. Así como el 90% de los periodistas deportivos no le pegan ni al quinto bote, los ex jugadores por lo general son fomes, no tienen ritmo, no tienen vocabulario, no tienen cultura (con todas las trenzas de conocimientos que eso implica) o no analizan más allá de la pura pelotita. Aparte, la gran mayoría no son lo suficientemente valientes como para despegarse de su pasado y casi siempre caen en la fatalidad de "tapar" a sus ex colegas. Les cuesta criticarlos.
Por algo, seguramente por una suma de todo lo anterior, la mayoría de la gente le cree más a los periodistas que a los ex jugadores. El periodista debe amar ante todo al periodismo. Más que al fútbol. Más que a Chile. Más que a un club. Más que a la conveniencia de los afectos. Para los periodistas el fútbol se juega y se despliega en la historia, las recopilaciones, el análisis, el cruce de temas, los conceptos, los procesos, el fenómeno social, las filosofías de fondo. No en la mera pelotita. No en lo inmediato, que es bastante facilón y a ratos aburrido.
Un periodista tiene que ver fútbol no para jugarlo, sino para entenderlo y transmitirlo. El "cliente" es el hincha, no el jugador. Hay que descifrar el fútbol para comunicarlo. Por eso, la mayoría de los periodistas deportivos tienen más horas de vuelo, más horas de fútbol en la retina, que un amplio porcentaje de jugadores y técnicos activos. No se trata de quién ha jugado más, sino de quién ha visto más fútbol (en Chile y afuera), quién ha leído más, quién ha conversado con más gente dedicada al tema. Ese es el que tiene ventaja. Ese es el más creíble.
Un buen periodista jamás tapará una indisciplina porque sabe que lo que nos falta para levantar cabeza es justamente más profesionalismo. Un buen periodista no debiera estar disponible nunca para el autoengaño, para las componendas, para los entendimientos, para los mafiosillos "secretos de camarín". Para los periodistas deportivos, la táctica -aún conociéndola, porque convengamos en que no es difícil conocerla y manejarla al revés y al derecho- resulta un tema menor, secundario. Más interesante que si Colo Colo cambió o no su manera de pararse en el terreno de juego con Astengo como técnico, es cómo y para qué va a repartir las utilidades Blanco y Negro. Bueno, las dos cosas son interesantes. No sé si me entiende. Más que el tipo de bala o la marca del fusil que se usó en las trincheras lo que interesa en una guerra son las razones de la guerra. Más que quiénes y qué cantaron en Woodstock lo que interesa es el fenómeno social, la ética y la estética detrás del hippismo.
Por eso tampoco importa tanto el coleccionista de datos o el memorión, que algunos ponen como ejemplo del periodista deportivo cabal. No, para eso están los archivos e Internet. Lo importante es saber buscar, tener punto de vista, asociar ideas y fenómenos, mostrar el camino.
Todos los grupos cerrados (los poderes) se blindan, se atrincheran contra las críticas y las oyen como quien oye llover. Contra eso debe luchar el periodista deportivo. Contra el poder mal usado al interior de la familia del fútbol. O del tenis. O del remo. Por eso resulta lamentable que en vez de prestar atención a lo que se opina cada vez ¿para ver si de ahí surge algo razonable- al periodista deportivo en general se lo ensalce o vitupere en función a si su opinión favorece o no los intereses propios.
PD: Me acabo de acordar de otra crítica común entre los que odian a los periodistas deportivos: que los chilenos debiéramos aprender de los argentinos de Fox y ESPN, porque ellos "sí hablan de fútbol". Es cierto que en muchas cosas el periodismo argentino es mejor que el chileno. Escriben mejor, son más creativos, más cultos, más entretenidos. Pero en muchos casos también son peores periodistas. Poco objetivos. Más hinchas que profesionales (¿ha visto las transmisiones de Fox?). Malazos para investigar. La crisis de los clubes, los robos en la AFA, el Mundial del 78, los responsables de la violencia en los estadios, la mezcla del poder con las barras bravas, son, todos, temas poco y mal cubiertos, porque vale más "hablar de fútbol". Aparte, los periodistas deportivos argentinos son muy dados para mirar hacia el lado cuando se cometen trampas y "vivezas criollas". Un periodismo que no es crítico ante "la mano de Dios", por dar sólo un ejemplo, debiera pedir perdón a la gente todos los días por un trabajo tan mal hecho. Ahora, por respeto a la inteligencia humana, dejen de comparar a la televisión abierta chilena con el cable argentino. Fox y ESPN sólo son comparables con el CDF. Si quieren comparar el área deportiva de CHV o de TVN, el único punto posible de comparación son los canales abiertos argentinos: Telefé o el 13. Si no, es comparar peras con manzanas. Revisen las transmisiones de la TV abierta argentina y sus bloques deportivos de los noticieros y compárenlos con lo que hay en Chile. Después hablamos.
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