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AFP
El capitán de Colo Colo, David Henríquez (izq.), desconfiado de la idea del presidente de su club.
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Felipe Bianchi Leiton
Santiago, Chile
Está revolucionada la familia del fútbol. Todo debido a la idea lanzada hace unos días por la dirigencia de Colo Colo: ampliar el cupo de jugadores extranjeros permitidos en el campeonato chileno casi al doble, de cuatro a siete.
En el próximo Consejo de Presidentes de Clubes, a desarrollarse el 21 de noviembre, el punto uno de la tabla será justamente ese. Y volarán plumas. ¿Vale la pena abrir un poco más las fronteras? Según el presidente de Colo Colo, Gabriel Ruiz Tagle, el fútbol chileno está dando mucha ventaja -como industria- al no liberalizar definitivamente el mercado de las transferencias. Pone como ejemplo a los mexicanos, "cuyos equipos siempre llegan muy arriba en los torneos de clubes, en buena medida debido a la presencia de jugadores extranjeros". El mismo punto es rechazado de plano por Salah. "Los mexicanos compran bien. Llevan jugadores del nivel de Insúa o de Cabañas, nosotros no. Aumentar la cuota de extranjeros hará que lleguen a los clubes jugadores de bajo nivel que, además, le van a quitar espacio a los jóvenes chilenos lo que, tarde o temprano complicará a la selección".
Entre los futbolistas locales cunde la desconfianza. Para el capitán de Colo Colo David Henríquez "la única razón de los dirigentes para promover ésto es bajar los precios de los sueldos. Quieren traer extranjeros baratos por mil dólares". Para Johnny Herrera, arquero de Eventon y ex seleccionado nacional, "la idea es ridícula. Estaría bien si llegara gente de renombre, pero si con los cuatro cupos actuales traen jugadores mediocres, con siete cupos va a llegar cualquiera".
En Sudamérica, salvo Paraguay que tiene fronteras libres, ningún país acepta siete cupos para extranjeros. Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, Uruguay y Colombia tiene cuatro cupos por equipo, aunque los últimos dos países sólo permiten a tres extranjeros en cancha. Perú permite seis cupos, pero también sólo a tres de ellos en el terreno de juego. En México son cinco por equipo y pueden jugar todos.
Sería toda una novedad la idea chilena, que para Ruiz Tagle lo único que pretende es "jerarquizar el campeonato local, ponerlo a tono con los estándares internacionales".
¿Qué hacen países de libertad total, como Holanda o Inglaterra, donde los 22 jugadores pueden ser foráneos? Hay filtros. En el caso inglés, se exige que los que lleguen al país acrediten haber sido nominados al menos a un 75% de los partidos jugados el último año por su selección. Y en Holanda ningún extranjero puede ganar menos de 450 mil euros al año, para asegurar la contratación de jugadores de nivel.
¿Qué es lo que está en juego?
Más allá de un tema numérico, lo que se debate aquí es la concepción misma del negocio del fútbol profesional. Su sentido, sus metas, su desarrollo. ¿Bajará el nivel de los refuerzos que lleguen de afuera si el cupo aumenta de cuatro a siete? No necesariamente. Más bien, no definitivamente. Si un club hace mal su trabajo, si tiene malos asesores, si los dirigentes son pavos o ignorantes, contratarán mal, por precio más que por capacidad. Pueden engañarlos una y otra vez o usar pésimo el resquicio. Pero esa no tiene por qué ser la norma. También alguien podría traer siete grandes jugadores. De hecho ese es el espíritu de la regla y no creo que nadie esté pensando en aprovecharla para contratar a siete tipos "malos".
Lo que aquí ocurre es que se dividirán aguas, finalmente, entre dos maneras de entender la vida. A los que nos gusta la competencia al máximo, sin trabas y sin protecciones, la llegada de mano de obra extranjera nos parece siempre una bendición. Yo al menos no lo entiendo como un problema, sino como un incentivo que hará más corto un proceso que siempre es correcto, bueno y necesario: que los más malos se queden afuera y el botín se reparta sólo entre los mejores. Una lógica que acepto que podría ser rebatible en términos de sociedad y de seguridad social, pero que no es rebatible en un espectáculo de entretención por la cual se paga entrada, donde lo único que debiera importar es la calidad del show no quiénes son y de dónde vienen los músicos, los cantantes o los payasos.
El fútbol profesional tiene -o debería tener- como foco, como preocupación principal, como interés primordial, al público que paga entrada por ir al estadio. Ellos son los más importantes al momento de tomar una decisión o de llevar a cabo un plan. No los técnicos, no los jugadores. Por ende, si la "industria del fútbol" llega a la conclusión de que el nivel de los jugadores locales y del espectáculo que se ofrece semana a semana no es muy bueno (conclusión bastante obvia), que hay que subirlo, que hay que mejorar la calidad de los jugadores y los técnicos, mejorar el nivel técnico, físico y táctico de los "artistas", lo obvio es aumentar las dosis de competencia y traer más gente de afuera. Como hemos hecho siempre por lo demás.
Chile, históricamente, en todas las áreas de desarrollo (cultura, educación, deportes, arte, medicina, ingeniería, moda, transporte, lo que sea) fue armado, pensado y hecho por extranjeros. Por gente que llegó a enseñarnos, a mostrarnos el camino. El fútbol no está ajeno a aquello. Es la historia de nuestra patria, y sería sano que lo fuéramos reconociendo. ¿Qué es Chile y qué queremos que sea? ¿Un país proteccionista y nacionalista que beneficia a los actores del momento? ¿O lo que siempre fue, un país de fronteras abiertas, de ventanas abiertas, decidido defensor y promotor del aporte extranjero, el más convencido del barrio, del continente, del mundo? Yo prefiero, lejos, la segunda opción. Me parece más sano, más inteligente y más acorde con nuestras raíces, con nuestro pasado. Ojalá hubiera cada día más negros, más musulmanes, más chinos y más peruanos no sólo viviendo sino también trabajando -y compitiendo- en todas las ciudades de Chile. ¿Qué en otras parte no es así? Maní. Nosotros somos distintos, y al menos en esto, mejores.
Propongo, por ende, que el cupo de jugadores no suba a siete, sino a once por equipo. Y que cada club decida, a partir de eso, el mejor negocio. Cómo encara el negocio. Siempre, eso sí, pensando en beneficiar al público, en mejorar el espectáculo. Ya verá cada club si pone el foco en vender jugadores de la cantera (para lo cual tendría que traer menos jugadores de afuera y formar mejores profesionales en sus divisiones inferiores) o pone el foco en llenar el estadio producto de grandes campañas con equipos integrados, por ejemplo, por tres argentinos, tres brasileños, un uruguayo, un polaco, un paraguayo, un belga y un chileno. ¿Suena bien, o no?
PD: ¿Y los periodistas deportivos? Lo mismo: que lleguen cientos desde afuera y que puedan trabajar todos. En la competencia ya veremos quién sigue en carrera, para que el beneficiado sea el único que importa: el público.
Terra Magazine
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