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Reproducción
Nuestra columnista cree que quizás haya llegado el momento de poner la resposabilidad de la anticoncepción en manos de los hombres, dado el fracaso de las mujeres en hacerlo.
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Ximena Torres Cautivo
Santiago, Chile
Hace un par de días el 67% de los lectores de Terra Chile respondió que los 23 diputados que tuvieron la iniciativa de prohibir la distribución de la píldora del día después en el sistema estatal y que culminó en un fallo favorable del Tribunal Constitucional, deberían "prohibirla a sus hijas", pero al resto de las chilenas deben darles la opción de decidir por sí mismas. Otro 16% consideró que se trata de "una vergüenza" y manifestó su esperanza de que en las próximas elecciones fueran castigados. En suma, el 83% de las casi mil personas que participaron de la encuesta no comparte el resultado de la iniciativa: un fallo que aún no ha sido redactado, sus resultados se conocerían el próximo 22 de abril, y del que por lo mismo todavía es imposible conocer sus reales alcances, pero que tiene al país sumido en una discusión jurídico-valórica mayor.
Una encuesta anterior, también del Canal de Opinión de Terra Chile, arrojó que un 42% consideraba que la puesta en jaque de la famosa píldora de emergencia era "inadmisible", ya que "hay dramas reales tras cada píldora que no se entrega". Eso, mientras un 32% optó por la respuesta "es signo de nuestro subdesarrollo. La Iglesia sigue mandando en Chile". En este caso los votantes fueron 7.926.
Esta tendencia favorable a la entrega del anticonceptivo de emergencia es similar a la que se lee en los innumerables foros de opinión que uno encuentra en la Web a propósito del tema. En Facebook, por ejemplo, sólo ayer me invitaron a integrarme a los grupos "El Apio También Es Abortivo" y al "Movimiento Por La Defensa De La Anticoncepción".
En los medios tradicionales off line, en cambio, las discusiones tienden a entramparse en complejas argumentaciones, propias de las elites y de los grupos de poder. Se alega si el embrión preimplantacional es titular de un derecho constitucional y puede ser considerado tan ciudadano chileno como yo, cuestión que a los que argumentan desde el catolicismo les para los pelos de entrada, mientras los de vocación científica entran en un debate que parece eterno: en qué momento se inicia la vida. Y ahí vuelen los abogados a la carga haciendo ver que aquí no se trata de decidir cuándo parte la existencia humana, sino desde cuándo esa célula es titular de un derecho constitucional.
Hace un tiempo, cuando la discusión estaba centrada en si los servicios de salud pública podían pasarles la píldora del día después a niñas de 14 años sin que lo sepan sus padres, con la sexóloga Fanny Muldman iniciamos la redacción de un "Manual para Embarazadores". Lo hicimos desde una visión práctica, mucho más pedestre, pero por lo mismo muy real. Reproduzco aquí un párrafo del prólogo de ese trabajo, que está próximo a ver la luz: "una tarde en que comentábamos una polémica que ha estado persistentemente presente durante el gobierno de Michelle Bachelet, la entrega de levonorgestrel a cualquier chiquilla que lo solicite en el consultorio, sin el conocimiento ni el consentimiento de sus padres, mi amiga Fanny Muldman afirmó tajante: 'yo no estoy de acuerdo con esta medida'. Y sus 30 años de ejercicio como sexóloga, además de su sentido común de mujer liberal, me obligaron a ponerle especial atención".
En síntesis, ella sostiene que una mocosa de 14 años no sólo debería estar acompañada de sus padres, sino del pololo, del chiquillo o del hombre que la tiene en riesgo de embarazo, salvo, claro, que haya sido víctima de una violación. De no ser así, también tendrían que estar presentes los papás de su embarazador, en el caso de que se trate de un cabro tan chico como ella. Porque en medio de la polémica, ¿alguien ha pensado que esas niñitas no se embarazan solas, por obra y gracia del Espíritu Santo? Efectivamente, en esta discusión de nuevo se olvida que en ese acto hubo dos involucrados: la cabra chica y un chiquillo u hombre, pero otro ser humano y de sexo masculino.
¿Qué revela toda esta polémica? Que la sociedad sigue adjudicándole la responsabilidad del embarazo a la mujer, en circunstancias que las mujeres depositan todos los aspectos de su sexualidad en el hombre, desde lo que tiene que ver con la reproducción hasta su propio placer. La conclusión es clara: el error de las políticas de control de la natalidad, en especial las orientadas a los jóvenes, radica en que se ha pretendido que las mujeres lleven la batuta en la cuestión sexual, y ellas demuestran todos los días que no saben hacerlo.
Por eso, mucho más efectivo que cualquier otra medida sería escribir una especie de manual de educación sexual para embarazadores, sentenció Fanny con lógica cartesiana. ¿Por qué las jóvenes del siglo 21, hijas de una sociedad sobreinformada y bombardeada con el tema sexo y que por lo tanto saben o deberían saber que existe la píldora anticonceptiva, la de todos los días, tienen que recurrir a la del día después? ¿Por qué son tan masivamente poco previsoras? ¿Por qué si el uso del condón, en estos tiempos del sida, debería ser casi un reflejo condicionado a la hora de tener relaciones sexuales, las parejas de las precoces adolescentes que se embarazan no cumplen con ponérselo en el momento indicado? ¿Por qué en medio de la calentura las muchachas no recuerdan la clase de biología, hacen acopio de lucidez y les demandan el uso del preservativo a sus pololos, amigos con ventaja o parejas ocasionales? Con ese pequeño -y hasta coqueto- gesto se ahorrarían miles de pesos y padecimientos, pero algo falla. Por usar un lenguaje médico, es como si no coincidiera el pulso con la orina.
Aunque sea poco tan poco popular como el polémico fallo del Tribunal Constitucional, del que aún no conocemos su redacción definitiva, en estos tiempos paritarios que corren una idea concreta para disminuir los embarazos no deseados es enseñarles a los embarazadores a no serlo o a serlo en conciencia. Aunque suene machista, quizás sea el momento de que les pasemos la responsabilidad de la anticoncepción a ellos. Ellas hasta ahora han fracasado.
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