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La trama de las computadoras parece no tener fin

EFE
Salvatore Mancuso, el jefe paramilitar cuya computadora personal desapareció misteriosamente de la celda en donde se hallaba recluído.

Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia

No caben dudas de que en el mundo contemporáneo las computadoras y la información que contienen están en el centro de casi todas las actividades humanas, creativas o destructivas, legales o ilegales. No es vano decir que la mayoría de los actos comerciales, industriales y hasta sexuales tienen que ver, y a veces están regidos, por estos aparatos de pantallas planas y tripas de metal y plástico que hoy son depositarios de buena parte de la frágil y parcial memoria humana. Gracias a ello todo se sabe, todo se comunica. El hombre y la mujer contemporáneos pasan días enteros pegados a estos ciberseres que seguramente en poco tiempo, además de inteligencia, serán provistos de razón, emoción e inclusive de expresiones humanas tan descomunales como los celos y quizás hasta de sutilezas que vienen del propio origen humano y desde tan lejos como el big-bang: el instinto y la sublime intuición.

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Todo esto para contarles que Colombia, desde luego, no se escapa a estos vahos binarios de nuestra época, pero en estos tiempos y en este país, el tema de las computadoras no está ligado -como lo podría suponer un desprevenido lector de otras latitudes- al devenir de la tecnología y las comunicaciones, sino a las atrocidades de la guerra y a las más sucias y criminales informaciones y deformaciones. En Colombia, esas computadoras que fueran propiedad de los actores armados del conflicto militar y social del país se han vuelto en los últimos días materia de discusión, de desaparición forzada y de manipulación.

El primer capítulo del asunto tiene que ver con las computadoras que quedaron en el campo tras el bombardeo y muerte del comandante de las FARC Raúl Reyes. Los aparatos sobrevivieron a explosiones que dejaron varios metros de cráteres y quedaron en manos de la Policía Nacional. La información fue sacada y poco a poco revelada a la prensa. Los millones de archivos de Reyes, sus comunicaciones con el Secretariado de las FARC y su antología epistolar se han convertido en presente y futuro material probatorio de las tesis del gobierno colombiano: vinculación de diversas personas y sectores con la guerrilla y sobre todo las supuestas pruebas sobre la relación estrecha de los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Rafael Correa, de Ecuador, con la guerrilla.

Para comprobar que dichas computadoras no fueron tocadas, el gobierno colombiano se valió de la "imparcialidad" de Interpol, que en un largo documento confirmó que las PCs de Reyes habían sido consultadas pero no manipuladas por la policía colombiana. Sin embargo, ya se han elevado denuncias en el sentido de que más de 40.000 archivos han sido utilizados o posiblemente trocados. ¿Otros técnicos "imparciales" podrían probar esto en una rueca sin fin de acertijos? En todo caso las computadoras y su información serán utilizados para que todo coincida con las estrategias y políticas del gobierno colombiano. Desvirtuados por los presidentes vecinos, los informes llegarán y el lío internacional acabará de caldear la relación entre Colombia y sus vecinos. El tema será largo y tendido, y hasta los aliados del gobierno de Álvaro Uribe han señalado que más valdría utilizar con prudencia esa información en aras de la concordia en la región.

Pero más allá de la real o falsa manipulación, un nuevo ciberescándalo se ha unido al anterior. Y esta vez el asunto no ronda las sutilezas de la manipulación de los llamados "hackers" y el novelón de espionaje con sus James Bond de mostacho, sino de una acción "a la criolla" sin filigranas y tan radical como el golpe de una machete: la computadora personal del comandante paramilitar Salvatore Mancuso desapareció de la cárcel de alta seguridad donde lo mantenían preso pocas horas antes de ser extraditado por narcotraficante a los Estados Unidos.

Aunque Carlos Holguín, ministro del Interior colombiano, ha tratado, a media lengua y semidormido, como es usual en él, de explicar que se está investigando el caso, lo cierto es que la computadora salió de la cárcel custodiada por guardas del Instituto Penitenciario, INPEC. Y su propio director, el ex general Morales ha dicho, o ha dado a entender para no tan aviesos intérpretes, que las laxas normas de seguridad instituidas por el gobierno central para beneficiar las comunicaciones de los paras fueron las que permitieron la fuga del aparato. Prácticamente, el general ha dicho que cumplió órdenes de no controlar lo que debía controlar.

Esta y muchas otras eran las gabelas que tenían los narco-paramilitares en prisión. Y por eso lograron seguir manejando sus estructuras criminales. A tal punto que uno podría pensar que el gobierno les permitió todo ello para que siguieran en el crimen y así poder extraditarlos. ¡¡¡Pero no!!! ¿Cuándo el gobierno de Uribe ha actuado con doble moral? ¡¡¡El gobierno de un cuasi Mesías es fuente misma de pureza, de transparencia, de honestidad, de olor de santidad, de Opus Dei!!!

La cosa ha dado hasta para gracejos inteligentes, como el de la columnista Claudia López, quien esta semana se preguntaba: "¿no es muy paradójico que las computadoras de las FARC sobrevivan a bombardeos y las de los narco-paramilitares no sobrevivan al INPEC?" Desde luego la otra pregunta de cajón es imaginarse qué inconvenientes asuntos para quienes lo robaron y quienes lo dejaron robar estaban plasmados en las entrañas del ciber-monstruo? Antes que nada, la computadora de Mancuso debería haber sido asumida como un elemento lleno de pruebas, de información.

En Colombia ha quedado pendiente el proceso posterior al de la parapolítica, que tiene a 35 congresistas presos; o sea, el proceso de la gremio-política, el de los grandes empresarios de todos los sectores de la economía que colaboraron con los paras. Con Mancuso y sus socios extraditados en manos de los gringos y la información desaparecida, pues santo remedio. La verdad, la justicia y la reparación no tocarán jamás las cabezas del gran capital cómplice del paramilitarismo. Pero el asunto no para ahí. El miércoles 21 de mayo se supo que a otras diez computadoras de los demás jefes paras "se les permitió la salida" la madrugada del 13 de mayo, cuando los gringos se llevaron a los narco-jefes. Los jefes paras no se subieron al avión de la DEA con las computadoras. ¿O se las llevaron los gringos? Más pruebas perdidas...

Y más: también se perdió el disco duro de la computadora de otro jefe para, Cuco Vanoy, y las sim cards tanto del celular de Vanoy (todos tenían celulares en sus celdas) como de un tercer narco, el Tuso Sierra. Para acabar de completar la doble moral, el vicepresidente Francisco Santos dijo que el general Morales debía "responder por esos aparatos". Seguramente lo botarán o lo harán renunciar como chivo expiatorio. Las órdenes superiores estaban dadas, y el pobre general Morales no hizo cosa distinta a cumplir el "reglamento especial" montado por el gobierno por los jefes paramilitares. Así, sin delicadeza, sin elegancia, el gobierno colombiano ha sido cuanto menos cómplice de la pérdida de importante material probatorio. A las malas, por la puerta de atrás. ¿Por pura coincidencia, dentro del más evidente estilo mafioso?

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