Terra
Terra
 
 

Terra Magazine

› Terra Magazine › Columnistas › Antonio Morales

Ingrid Betancourt: seis años de secuestro y un horizonte oscuro

Reproducción
La libertad de Ingrid Betancourt depende de varias voluntades enfrentadas.

Antonio Morales Riveira
Bogotá, Colombia

Nunca antes desde que fuera secuestrada por las FARC hace exactamente seis años, la posibilidad de su liberación parece más cercana, pero la suerte de Ingrid Betancourt depende tanto de las impredecibles decisiones de la guerrilla como de la capacidad internacional de presión sobre las FARC y el gobierno colombiano; y, sin dudas, de su propia capacidad de resistencia y supervivencia, menguadas por setenta y dos meses, dos mil ciento noventa largos días de selva, caminatas y soledad desde el 23 de febrero del 2002 hasta hoy.

Las últimas noticias en torno a su caso son, como en todo este proceso, buenas y malas. Las buenas desde hace semanas giran en torno a las liberaciones unilaterales por parte de las FARC, que ya liberaron a Consuelo González y a la asesora de Ingrid, Clara Rojas. Según la guerrilla y la senadora Piedad Córdoba, en cualquier momento pueden ser liberados cuatro ex congresistas, aparentemente por razones humanitarias, debido a que todos están enfermos. Eso abre aún más el abanico de futuras liberaciones, todas ellas amparadas en la mediación del presidente venezolano Hugo Chávez, hoy negada oficialmente por parte de Colombia, pero activa más allá de las peleas con Alvaro Uribe.

Pero, justamente, es en torno a Chávez que las noticias son malas. En su visita a Venezuela y Colombia, el canciller francés Bernard Kouchner quiso reactivar la mediación chavista y encontró apoyo en el hombre de la boina roja, pero una negativa directa y despiadada por parte de Alvaro Uribe, que ve a Francia y su gobierno como un aliado más de Chávez que de sus propias políticas de guerra y de rescate de los secuestrados.

Uribe, más allá de compartir las andanadas de insultos con su homólogo del otro lado de frontera, ni quiere ni puede abrirle nuevos espacios a Chávez en los asuntos colombianos y poco le convendría que las liberaciones perfilaran a Chávez como un hombre de paz y a él como un guerrero empecinado en sus batallas contra las FARC en una ya larga venganza por la muerte de su padre asesinado por la guerrilla. Y mucho menos desea que Ingrid resultara liberada gracias a Chávez y a Piedad Córdoba, lo cual tendría dos efectos inmediatos sobre Uribe: uno, el alza de la imagen de Chávez frente al mundo entero y la caída de Uribe en consecuencia; y dos, la beligerancia de la propia Ingrid, que inmediatamente adquiriría una condición de vedette de la política y un protagonismo gigantesco también globalmente.

Es seguro que Ingrid (basta escuchar las declaraciones y entender las posiciones de su familia) estaría inmediatamente en la oposición a Uribe, el hombre que la dejara tantos años al garete en manos del horror del secuestro, el hombre que festinó toda posibilidad de acuerdo humanitario (ayudado por las posiciones igualmente extremas de las FARC). Frente a las nuevas ambiciones reeleccionistas del presidente, o frente a cualquier candidato de las decenas que pululan para suceder a Uribe, Ingrid, convertida en un icono liberado, pondría en peligro la continuidad de la extrema derecha en el poder en Colombia y podría darse, ojalá, un extrañísimo proceso de paz entre la ex secuestrada y sus captores.

Pero por lo menos en materia de lo negociable, la bofetada de Uribe al canciller francés no augura que el presidente pueda variar sus posiciones -"inamovibles", según su propia descripción- en materia de intercambio humanitario, una figura que se ve muy distante, tanto que la definitiva liberación de Ingrid y los demás secuestrados "políticos" no pareciera pasar por Bogotá sino por Caracas. Lo cual lo hace más simple, pero más complicado, imagen misma de la perogrullada de esta situación llena de talanqueras y barreras e imagen, una vez más (como en las fotos prueba de su supervivencia), de una Ingrid desolada, enferma, de una flacura extrema y a punto de bajar la guardia en ese su intento inconmensurable de vivir para regresar.

Y es que la salud de Ingrid parece no dar espera y su liberación podría gestarse precisamente en torno a su debilidad física y su fortaleza mental, con la que, a lo mejor, ha construido su propia flaqueza corporal, en un acto de inteligencia a costa de su propia salud. No parece ser Ingrid, la fuerte muchacha que hoy tiene 46 años, una persona capaz de deprimirse, de detener la marcha. Más bien su estado es producto de una decisión de enfermarse para sanar la enfermedad mayor, su propio secuestro.

Esa es la tesis de los franceses: es un caso de urgencia humanitaria. Y seguramente Kouchner se lo hizo saber a Chávez para que él se lo haga saber a la FARC. Cualquier cosa negativa que le suceda a Ingrid, ahondaría la fosa política en la que se encuentran las FARC. Pero igualmente su liberación unilateral les quitaría a las FARC la gran carta que representa Betancourt. Ahí está el dilema, una vez más: con Ingrid en su poder, las FARC existen internacionalmente y sin ella no les quedaría a ellos sino su propia soledad en la manigua enfrentados día a día a una ofensiva del ejército colombiano que los tiene a raya, menguados y al borde de perder un equilibrio militar en el conflicto.

Un año más de Ingrid trasegando las selvas, aferrada a una esperanza que pasa por voluntades ajenas a la suya, abatida pero digna, encadenada pero vehemente con toda seguridad, fraguando un futuro que depende de la sensibilidad de quienes no han demostrado tenerla, ni las FARC ni Uribe.

Y todo ello con un agravante: la reelección de Uribe en 2010 que ya se empieza a gestar, gracias a sus áulicos convencidos de volver a coger a patadas la Constitución e inventar una nueva salida leguleya para que el actual presidente permanezca en el poder hasta que se acabe la democracia en Colombia. Porque con Uribe, las FARC jamás negociarán; ni él con ellas... Sólo queda, entonces, la posibilidad del acto unilateral de las FARC.

Ojalá las lágrimas de Yolanda, su madre, de Lorenzo y Melanie, sus hijos, y de su hermana Astrid se detengan. Y algún día una sonrisa definitiva les cambie la cara a estas también víctimas de la intolerancia y la sinrazón.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

Terra Magazine


Exhibir mapa ampliado

Terra Magazine América Latina, Vea las ediciones en español