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AFP
El titular de la FIFA, Joseph Blatter, sigue queriendo crear sus propias leyes para manejar el fútbol del mundo.
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Ezequiel Fernández Moores
Buenos Aires, Argentina
Empeñada en seguir desafiando a la ley, la FIFA de Joseph Blatter buscará aprobar en su próximo Congreso una propuesta que intentará poner límites a las contrataciones masivas de jugadores extranjeros, pero que choca otra vez con las leyes comunitarias de la Unión Europea (UE).
Blatter reiteró esta semana a dirigentes del fútbol español que presentará ante el Congreso de la FIFA, que se reunirá a fines de mayo en Sydney, su propuesta para que los clubes estén obligados a incluir en las formaciones titulares a un mínimo de seis jugadores nativos que puedan ser convocados a las selecciones de su respectivo país.
Las semifinales de esta semana de Liga de Campeones confirmaron la moda irreversible de los clubes más poderosos de Europa de formar equipos plenos de foráneos, como ocurrió el martes en el juego Manchester United-Barcelona y el miércoles en Chelsea-Liverpool.
Inglaterra, el país cuyos clubes más se oponen a la propuesta de Blatter, ofrece sin embargo el caso más notable: juntando a sus tres equipos en competencia se pudo sumar solamente a once jugadores ingleses, pues el resto eran franceses, españoles, brasileños, argentinos y de otras nacionalidades. Barcelona, el cuarto clasificado a semifinales, no le fue en zaga: apenas un tercio de su alineación titular tenía jugadores que pueden ser convocados a la selección española.
Blatter sigue siendo amo y señor en la FIFA, donde su propuesta será recibida con agrado, ya que también las Federaciones nacionales desean fortalecer a sus selecciones, dándole mayor lugar a los jugadores nativos en las ligas locales. Pero esas ligas, se sabe, son jugadas por los clubes cuyos patrones no ven de buen modo la iniciativa de Blatter.
Los clubes no están solos. La UE ya adelantó que si un club o un jugador apela ante los tribunales de justicia, la propuesta de Blatter sería derrotada de modo fulminante, pues los futbolistas son trabajadores y, como tales, les caben los mismos derechos y obligaciones que al resto, entre los cuales está la libre circulación en Europa, claro.
"¿Alguien puede imaginar acaso que si el Chelsea del ruso Roman Abramovich quiere comprar a Ronaldinho, renunciará al crack brasileño por culpa de Blatter?", se preguntaba hace unos días un vocero de la UE, preocupado porque la FIFA pretende excepciones que no le han sido concedidas a ninguna otra industria.
Seguro de que así chocaría demasiado, Blatter no puso límites a la contratación de jugadores foráneos. Chelsea, por citar un ejemplo, podrá seguir contratando cuantos extranjeros quiera. Eso sí, sólo un máximo de cinco podrá ser alineado en la formación titular. Los seis restantes deberán ser jugadores que puedan ser convocados a la selección inglesa.
Blatter tiene su razonamiento: si se acepta al fútbol como una industria cultural, la UE debería aceptar que cada país quiera proteger a su propia cultura, en este caso, a sus selecciones nacionales, que sólo estarán a salvo si se pone límites al empleo de jugadores foráneos en los clubes.
¿Acaso Inglaterra, cuya Liga está dominada por los jugadores extranjeros, no ofreció el mejor ejemplo de esa desprotección? Tres de sus clubes fueron semifinalistas de la Liga de Campeones, pero su selección ni siquiera pudo clasificarse a la Eurocopa que se jugará en junio en Austria y Suiza.
Los hinchas ingleses rechazan la propuesta de Blatter en numerosos blogs. Pero los hinchas privilegiaron siempre a sus equipos del corazón antes que a su selección nacional, a la cual sólo se acuerdan de denostar a la hora de los Mundiales. ¿No es entonces una decisión correcta la de la FIFA que pretende salvarguardar a las selecciones y, de paso, proteger su negocio de las Copas Mundiales?
Por otro lado, la UE no quiere hacer excepciones. Pero el fútbol las tiene, de hecho. ¿Acaso compiten clubes españoles en la Liga de Italia o de Inglaterra? ¿Y alemanes en la de Holanda o Francia? Si la UE mantuviera su coherencia, el día que Chelsea pida inscribirse en la Liga española, los tribunales europeos deberían darle la razón. Chelsea no hará un pedido similar por la sencilla razón de que el fútbol no es una industria más. Cualquier otra compañía inglesa tendría derecho a exigir se acepte su radicación en España siguiendo las normativas de la UE. No pasaría lo mismo con un club de fútbol.
¿Tiene entonces lógica el proyecto de Blatter de obligar a los clubes a incluir en sus equipos titulares a un mínimo de seis jugadores nacionales, único modo de proteger la formación de jugadores nativos ante la compra masiva de foráneos? Sí. Pero a medida que el fútbol se convirtió definitivamente en industria, aceptó ser sometido a las generales de la ley. La FIFA fue una de las últimas Federaciones deportivas que aceptó someter sus litigios al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), para así evitar la amenaza constante de que clubes o jugadores recurrieran cualquier sentencia ante los tribunales ordinarios.
Y el TAS, justamente, pronunció a comienzos de febrero pasado una sentencia que puso los pelos de punta a Blatter. Un desconocido jugador escocés, Andrew Webster, recurrió al TAS porque Hearts, su equipo, lo cotizó excesivamente caro para frustrar su deseo de ser trasferido al Wigan inglés. El TAS le dio la razón, recurriendo a una reglamentación de la propia FIFA que nadie se animaba a aplicar: ella dice que cualquier jugador puede ir a un equipo nuevo si paga a su club original el dinero que le falta cumplir de contrato. La norma sólo establece un período de "protección" de cumplimiento del contrato original: tres años para los jugadores menores de 28 años y dos para los mayores de esa edad.
Hubo Ligas que, conscientes de que existía esa reglamentación, impusieron desde hace tiempo contratos con cláusulas de indemnización: España, Holanda, Alemania y Brasil. Si Real Madrid quisiera comprar a Cristiano Ronaldo, de Manchester United, a bajo costo (pagando el salario de lo que falte cumplir de su contrato) el TAS le daría la razón. Pero Real Madrid y Cristiano Ronaldo saben que ellos no podrían ir en contra de la FIFA. Para eso hay otros nombres: ¿o no fue un desconocido jugador belga llamado Jean Marc Bosman quien obligó a abrir las fronteras del fútbol europeo en 1995? ¿Y no fue otro desconocido jugador de la liga belga, el marroquí Abdelmajid Oulmers, del club Charleroi, quien obligó a que la FIFA, finalmente, tuviera que aceptar en 2007 pagar indemnizaciones a los clubes que ceden jugadores a los Mundiales? Webster es igual de desconocido que Bosman y Oulmers. Y su sentencia amenaza con causar una revolución similar.
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Terra Magazine