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AFP
El presidente Álvaro Uribe saluda a la recién liberada por las FARC Ingrid Betancourt.
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Oscar Raúl Cardoso
Buenos Aires, Argentina
Desde hace varios meses es un susurro a gritos que la inteligencia militar colombiana había logrado infiltrar la estructura político militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en una escala tal que carece de precedentes en las décadas que el Estado colombiano y los guerrilleros llevan enfrentados. Pero la liberación este miércoles, después de seis años de cautiverio, de Ingrid Betancourt -sin negociación previa y sin asistencia de mediador alguno- constituye un enorme premio político para el presidente Álvaro Uribe. Ni Hugo Chávez desde Venezuela, ni el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, que se interesó también en Betancourt, se aproximaron a esta liberación de la cautiva más notoria de las FARC. Otros catorce rehenes, entre ellos tres estadounidenses, también fueron liberados.
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Un bono adicional para el presidente colombiano es que mientras este desarrollo se producía, tenía como huésped a uno de los dos candidatos presidenciales estadounidenses, el republicano John McCain. Lo sucedido tiende a avalar la que ha sido su principal propuesta, con la que construyó dos mandatos presidenciales y ahora busca un tercero mediante la modificación de la Constitución: que la paz en Colombia no puede intentar restablecerse sin una anterior clara victoria militar sobre las FARC. Este grupo, con una militancia calculada entre 10.000 y 13.000 hombres en armas, es no sólo la insurgencia más antigua y mejor preparada del planeta, también es la mejor financiada. El PNUD -organismo del sistema de Naciones Unidas- calcula en unos 300 millones de dólares anuales el presupuesto de las FARC, un tercio del cual provendría de negocios con el narcotráfico.
En marzo pasado algunos desplazamientos de las FARC y del Ejército colombiano en territorio de Ecuador hicieron crecer la tensión militar entre esos estados, además de Venezuela. Sin embargo, en los tiempos recientes las FARC han mostrado síntomas de ser un antiguo buque que hace agua por todos lados. En los últimos meses han muerto tres de los siete integrantes de su secretariado general -el órgano máximo de conducción del grupo-, incluyendo el deceso por un ataque cardíaco de su jefe histórico, Manuel "Tirofijo" Marulanda, de 78 años. Además, se han registrado un número significativo de deserciones, según asegura Bogotá.
Que la situación de las FARC se ha deteriorado lo prueban algunas peculiares movidas políticas. El venezolano Hugo Chávez, que las había proclamado como "compañeros revolucionarios" y que en enero ayudó a negociar la liberación de dos rehenes, cambió decididamente su tono en junio pasado. Chávez hizo un llamado a las FARC para que abandonen la lucha armada, argumentando que es una herramienta perimida en este tiempo, y fundamentó el requerimiento en que -de mantener activa la guerra de guerrillas- las FARC le estarían regalando argumentos "al imperio" (Estados Unidos) para usar "contra todos nosotros" (los gobiernos de la región que buscan el cambio).
Es entonces posible que ahora se vea más claro que las FARC efectivamente están en un proceso de desintegración y que el triunfo del esquema de Uribe en el caso de la liberación de la ex senadora y candidata presidencial Betancourt haga más visible aquel deterioro. Si la paz está cerca, esto no significa por sí mismo que pueda llegarse a ella fácilmente. Las demandas de perdón irrestricto de las FARC no están en el imaginario del actual presidente colombiano, y desandar el camino de las FARC en su asociación con el narcotráfico puede dejar espacios a formas de criminalidad que reemplacen al grupo guerrillero.
» Hable con Oscar Raúl Cardoso
Terra Magazine