
|
Getty Images
Grupos activistas ambientales se burlaron de los líderes de las naciones más ricas del planeta, durante la cumbre del G8, realizada este año en Hokkaido (Japón).
|
Si existe en el mundo financiero alguien muy interesado en la información sobre los efectos del calentamiento global, es el ramo de las aseguradoras. No es para menos. En los últimos 30 años vieron multiplicarse por 15 el número de indemnizaciones por daños causados por tempestades e inundaciones. Y proyectan gastos (anuales) de 41.000 millones relacionados a eventos climáticos entre 2010 y 2019.
Las inversoras institucionales clásicas, que venden la sensación de seguridad, captan recursos de sus clientes y los invierten en carteras de largo plazo, las compañías de seguros ahora enfrentan la coyuntura de un futuro cada día más incierto para sus propios negocios.
La consultora alemana Ecofys acaba de dar a conocer un estudio que, a pedido de una firma aseguradora grande, Allianz, y de la organización no gubernamental WWF International, busca esclarecer este largo e inseguro plazo. Incluso el presidente de Desarrollo Sustentable Corporativo de Allianz, Lutz Cleeman, estuvo en Brasil, donde presentó los resultados del G8 Climate Scorecard.
Se trata de una radiografía de los siete países más ricos del mundo y de Rusia, la cual indica que los cambios promovidos por políticas nacionales se quedan cortos a la hora de reducir la emisión de gases invernadero necesaria para impedir un aumento superior a 2 grados Celsius en la temperatura del planeta: por arriba de esta variación, la previsión de desastres climáticos es extremadamente grave.
El interés de Allianz va más allá del dimensionamiento de los riesgos. Con su actividad brindando servicios financieros y administración de fondos, ésta también quiere medir las posibilidades de creación de una economía de bajo carbono, para la cual se requiere una enorme dosis de innovación. "La protección del clima puede crear enormes oportunidades para las tecnologías limpias, donde Allianz ve un gran potencial de inversión, de crecimiento y de creación de empleos", afirmó Joachim Faber, miembro del Consejo de Administración del grupo.
Por lo tanto, el estudio demanda políticas nacionales inclinadas al cumplimiento de metas para cortar emisiones. Y más allá, que los países ricos dicten las normas para una cooperación global con el llamado grupo de los 5: Brasil, China, India, México y Sudáfrica, con transferencia tecnológica y financiamiento.
Los doce criterios utilizados en la evaluación de los miembros del G8 muestran un largo camino a recorrer y, aunque el estudio no exige responsabilidades a los países en desarrollo, muestra preocupantes previsiones de crecimiento en las emisiones de los países del grupo de los 5.
Los criterios se dividen en tres grupos, que son la evolución desde 1990, el estado actual y las políticas para el futuro, los tres con igual incidencia para la calificación de los países.
El primer grupo considera los datos históricos de emisiones, las distancias de las metas asumidas en el Protocolo de Kyoto y la participación de renovables en la matriz energética. El segundo mide las emisiones per cápita, las emisiones en relación con el PBI, las emisiones por energía generada y los niveles de eficiencia energética e industrial. El tercero evalúa la política pública enfocada hacia la electricidad y el área nuclear (evaluada negativamente), la política industrial, la de transportes y la de renovables.
En el ranking, Reino Unido, Francia y Alemania son los primeros en la lista, seguidos por Italia, Japón y Rusia, Canadá y Estados Unidos en último lugar. Pero inclusive entre los primeros puestos, el estudio llega a la conclusión de que, a pesar del gran potencial para economizar recursos con el ahorro de energía, las políticas de eficiencia energética distan de ser satisfactorias, sólo para citar un ejemplo. Los programas son incompletos y se limitan a desarrollos puntuales, como edificios inteligentes, mientras que la eficiencia en el transporte tampoco es estimulada.
Pero el hecho de que grandes instituciones financieras comenzaran a aliarse a organizaciones no gubernamentales para presionar por políticas públicas, en la búsqueda de oportunidades de negocios en una nueva economía de bajo nivel de carbono, ya indica que empezaron a realizarse cambios profundos en la sociedad. Cuando el sector económico percibe la posibilidad de sacar provecho de los asuntos ambientales en modelos sinérgicos, es dato seguro que las transformaciones están encaminadas, si bien el motor inicial para ello sea la inseguridad misma.
Terra Magazine