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"El lector escribe su propia obra", afirma escritor brasileño

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Para nuestro columnista, la escritura es un riesgo movido por la inseguridad.

Milton Hatoum
San Pablo, Brasil

El demonio -un desafío del demonio- es comenzar una ficción cuando terminas de publicar una novela. Porque ya has dado varias entrevistas sobre esa novela, y en determinado momento no sabes si estás hablando sobre el libro publicado o sobre el texto que te gustaría haber reescrito una vez más, antes de que la editorial lo enviase a imprimir.

Después de dar una mirada a la última prueba de prensa parece que el manuscrito camina hacia un calvario. Ningún escritor es suficientemente confiado porque escribir es un riesgo movido por la inseguridad. Lo que prevalece es una sensación de impotencia y frustración, porque piensas que podrías haber mejorado una escena, un diálogo, un personaje, pero es demasiado tarde: ahora, sólo en el próximo libro. Y el próximo libro es otra historia, con otro lenguaje y otros desafíos. Ahora sólo el lector puede interferir en el texto publicado e imaginar situaciones diferentes, multiplicar conflictos, reflexionar sobre cosas que jamás pasarían por la cabeza del autor-narrador.

No se puede hacer nada con las observaciones, o mejor dicho, con la "escritura" invisible del lector, porque éste es soberano. Dicen que un escritor puede imaginar todo. Sí, pero su imaginación debe ser traducida en palabras, por un lenguaje y tono que evocan un pequeño mundo inventado, hasta cierto punto autónomo, pero unido y estructurado. En la literatura -en el arte de un modo general- el caos es sólo aparente. Y eso no es fácil. A veces imaginas una orquídea rara y describes una alcachofa cualquiera, de pétalos desabridos y corazón seco. Y cuanto más buscas la orquídea o la imagen de una flor, más aparece esa maldita alcachofa o tal vez una flor monstruosa y carnívora con cara de repollo de final de feria. La forma es masticar y expulsar esa ensalada indigesta e intentar todo de nuevo.

Escribir significa reescribir hasta quedar exhausto, y el punto final es sólo una de las etapas conclusivas del narrador. El gesto del lector forma parte de un proceso sin final porque su imaginación no deja de reescribir el libro. Este es uno de los aspectos más fascinantes de la literatura: el lector anónimo es un coautor. Con el tiempo, el autor y su biografía son con justicia olvidados o relegados a un segundo plano, plano que poco tiene que ver con la literatura. Del lector depende la vida más o menos larga de un libro.

(Traducción gentileza de Graciela Ferraris)

Milton Hatoum es escritor, autor de las novelas Dois Irmãos, Relato de um Certo Oriente y Cinzas do Norte.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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