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Un entierro que esperó 25 años

Paola Ugáz
Lima, Perú

Un cuarto de siglo después de la matanza cometida por miembros del ejército en la localidad altoandina de Putis, los pobladores quechuas enterraron a sus familiares, entre llantos y cantos, que expresaban al mismo tiempo, la tristeza y alegría que sentían al acompañar a sus seres queridos a su última morada.

La masacre contra los pobladores quechuas de Putis sucedió el 13 de diciembre de 1984, cuando, según concluyó la investigación oficial, miembros del ejército eliminaron extrajudicialmente a 123 personas detenidas tras realizar una redada entre las comunidades que rodeaban a la base militar en busca de miembros de la banda terrorista, Sendero Luminoso.

Ellos fueron llevados con engaños a una zona donde fueron obligados por los militares a cavar una fosa en la que se construiría una piscina para cultivar truchas, y que se convirtió en su tumba hasta que el Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF), dirigido por José Pablo Baraybar, exhumara los cadáveres y encontrará 92 restos humanos en el años 2008.

De los 92 cuerpos encontrados, El EPAF pudo identificar a 28 cuerpos con nombre y apellidos, así como dilucidar que hubo 38 niños fallecidos extrajudicialmente en Putis y que todas las víctimas fueron exterminadas con balas que provenían de la FAME (Fabrica de Municiones del Ejército de Perú).

Hasta antes de ese nefasto día de 1984, Putis, era una localidad próspera en la que sus pobladores eran famosos en el norte de Ayacucho por sus buenos negocios en la crianza de animales, Terra Magazine llegó hasta allí y pudo comprobar que luego de la matanza, solo viven 30 personas en la zona, donde la Iglesia y la Escuela, son solo un recuerdo.

Putis se encuentra a 4.000 metros de altura, a cinco horas en automóvil desde Ayacucho ¿al suroeste de Lima-, enclavada entre dos montañas que forman la puerta a la selva de Ayacucho y donde actualmente se siembra la hoja de coca, el componente principal de la cocaína.

El pasado miércoles, en Huamanga -capital de Ayacucho- el EPAF entregó simbólicamente los 28 féretros que fueron identificados a sus familiares así como el resto de féretros a los pobladores de la Comunidad que iniciaron la larga caravana del dolor en la que incluía un homenaje en las ciudades de Huanta y San José de Secce.

Tanto en Huamanga, en Huanta y en San José de Secce, Terra Magazine fue testigo, del desfile de los 92 ataúdes blancos y posterior procesión rumbo a la plaza principal donde se velaba a los fallecidos en Putis, se les rezaba y cantaba a la usanza quechua, así como se les ponía flores, velas y objetos que aludían a la agricultura, la ganadería y a los juegos infantiles.

En esos sucesivos homenajes, se celebraba por vez primera en Perú, el buen final que significó la exhumación y posterior identificación de la fosa masiva más grande del país, de la guerra interna que sacudió a los peruanos entre 1980 y 2000 y que fue iniciada por la banda terrorista, Sendero Luminoso, contra el Estado.

Fue simbólico, que en Ayacucho, el departamento donde la violencia sacudió con mayor fuerza, se haya rendido homenaje a los 92 ataúdes blancos, lo que significó que los pobladores muertos fueron despedidos como Dios manda tras su violento final.

De hecho la violencia aún no termina de sacudir esta parte de los Andes peruanos. En el poblado de San José de Secce, donde nos quedamos a dormir junto a todos los miembros de la caravana fúnebre, hace unas semanas, una columna de los remanentes de Sendero Luminoso -que dirige José Quispe Palomino- asesinó a tres policías y dos civiles, tras bombardear la base policial y destruir el municipio.

En San José de Secce, el miedo se respira entre los policías y los pobladores que recuerdan con horror, lo que sucedió el pasado 3 de agosto y que les recuerda la violencia que vivieron en un poblado alejado de la mano de Dios.

Allí hay toque de queda de 10 de la noche a 6 de la mañana, así como es normal que la policía visite de improviso, los alojamientos en que nos encontrábamos y pidan documentos, porque en San José de Secce es "zona de emergencia" y algunos derechos constitucionales están conculcados, mientras se combate a los remanentes de Sendero Luminoso y el creciente narcotráfico.

Tras acompañar durante 3 días a los 92 ataúdes blancos - donde estaban las víctimas de la matanza de diciembre de 1984, llegamos a Putis donde se realizó una última procesión de casi diez kilómetros, que estaba presidente por una banda quechua con tres saxofón y un arpa, que intercambiaba canciones muy sentidas de Ayacucho junto a cantos de alegría por el cierre del duelo de sus familiares.

El mausoleo está ubicado en la Comunidad Campesina de Rodeo, a 50 kilómetros de la Comunidad Campesina de Putis, donde se esperar la nueva localidad y en la que aún no hay ninguna vivienda levantada.

Cuando se enterró a la última de las víctimas de Putis, hubo abrazos y lágrimas entre los familiares y testigos del hecho, porque fue la primera vez que la desaparición de una masacre masiva en el país llegaba a su culminación.

El gran pedido de los pobladores quechuahablantes de Putis fue justicia, ausente de sus vidas desde hace 25 años, y es que en Perú, a diferencia de Chile y Argentina, las Fuerzas Armadas no han pedido disculpas por las violaciones a los derechos humanos cometidas entre 1980 y 2000.

Marina Condoray Quispe dijo a Terra magazine que en Putis perdió a su esposo Rogelio Condoray y a su hija Rita Condoray Quispe de 10 años, así como a muchísimos miembros de la familia Condoray. "Solo queremos justicia nos han llevado a los cerros, hemos vivido como venados, hemos perdido nuestros ganados perdimos nuestros hijos, sin ropas hemos quedado. Estoy consternada, tantos años han pasado me siento dolida pero aliviada, pude identificar a mi esposo pero a mi hijita no. Agradezco a (ong) Paz y Esperanza, pondré una velita siempre por ellos, aún si muero seguirán poniendo velitas mis hijos", agregó entre lágrimas.

"¡Manan canchu!" (rotundo no en quechua) nos dijo Modesta Quispe Coronado, al preguntarle si se pudo identificar a su hermana de 16 años y sus ocho familiares, al tiempo que añadió que "no estoy conforme del todo con los resultados, pero tengo donde venir a llorarlos y dejarles flores".

Guillerma Quispe Coronado, por su parte, explicó a Terra Magazine que tiene "sentimientos encontrados" porque se identificó a su esposo pero no a sus dos hijas -de 5 y 10 años, respectivamente-. El hijo de Guillerma, Víctor Condoray Quispe -que tenía diez meses cuando ocurrió la matanza- dijo que "estoy un poco alegre pero triste porque no han encontrado mis hermanas, aparecieron los huesos de mi papa, tanto he caminado con mi mama buscando a mis familiares. Nunca vi a mi papá. Yo pensaría que los que han matado deberían recibir una sanción, pido al gobierno reparación individual, me he quedado sin historia. El entierro de mis familiares es una alegría para mi, sobretodo el haber encontrado a mi padre".

Una de las víctimas que mas sufrió con Putis y vivió para contarlo es Aurelio Condoray Coro, quien perdió a 40 familiares -entre ellos sus papás y sus dos hermanos: "Tenía 35 años cuando pasó, me salvé porque estaba trabajando en Vizcatán". De los familiares de Condoray, se ha podido identificar a su mamá Demetria Condoray Soto y sus dos hermanos Raúl y Mauro Condoray.

"Pido reparación colectiva al pueblo e individual, nosotros perdimos casas, animales. Yo me siento una parte alegre por otra parte triste, 25 años me he encontrado con los huesos de mis familiares ahora voy a enterrar sus restos y vendré a llorarles y traerles flores", concluyó.

Para el alcalde de Putis, Gerardo Fernández Mendoza -quien perdió a 30 familiares- el mausoleo les recordará a los hijos de sus hijos, lo que les sucedió y cómo llegaron a esta situación de abandono económico en el que se encuentran.

En tanto, el ex presidente de la Comisión de la Verdad y Reconciliación de Ayacucho, José Coronel, dijo a Terra Magazine que la ceremonia de entierro masivo en Putis "es el reconocimiento del Estado a la condición de ciudadanos con derechos, de estos pobladores de las comunidades altoandinas de Ayacucho, representados emblemáticamente en el caso de Putis donde fallecieron 123 personas y que después de 25 años fueron enterradas hoy".

"Que asistan representantes de la Presidencia del Consejo de ministros, el municipio de Huanta, la Defensoría del Pueblo, hace suponer que reconocen el derecho a las reparaciones individuales de los pobladores de Putis, pero al mismo tiempo exigen justicia como se vio en las expresiones dramáticas de sus mujeres, a lo que se niegan las Fuerzas Armadas porque hay en algunos sectores, no solo la Fuerza Armada un sentimiento de considerar población de segundo o tercer nivel a las poblaciones quechua, por ejemplo, en Argentina hay un proceso de integración nacional donde las barreras sociales y económicas, de las que habla el informe final de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, no existen.

Terra Magazine le preguntó a coronel: ¿Cuán lejos estamos de la justicia?

"Creo que es un proceso de múltiples retos donde la capacidad de incidencia de las organizaciones de base se medirá en la medida de que los partidos políticos incluyan el tema en su próxima participación electoral, algo que no ocurre con la clase política de hoy", dijo.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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