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Roosewelt Pinheiro/Agência Brasil
Raposa Serra do Sol.. En relación a la cosmovisión de los indios, se considera poco relevante considerar al Monte Roraima como el lugar de origen del mundo.
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Marina Silva
Brasilia, Brasil
Es muy especial para mí debutar en el territorio de los internautas a través de Terra Magazine, a quien agradezco esta oportunidad. Espero dedicarla a un buen diálogo con las críticas e ideas de todos ustedes. También es especial porque aparece en un momento nuevo en Brasil y en el mundo, que exige conocimiento, sensibilidad e intuición para identificar, entre la masa impresionante de información que nos llega, la profundidad de hechos y procesos, la conexión entre pasado y futuro, en fin, nuestro espacio de elecciones reales, sean individuales o colectivas.
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Forma parte de este espacio una interpelación ética de la cual no pueden huir ni los países desarrollados ni los que están en desarrollo, entre ellos Brasil. La Amazonia, con su incomparable selva tropical, su biodiversidad y su diversidad social, tal vez sea el símbolo más grande de esta interpelación. Para los países desarrollados, la pregunta que se formula es sobre su pasado. Destruyeron su biodiversidad, arrasaron los pueblos originarios de los lugares conquistados y provocaron, a partir de la revolución industrial, alteraciones ambientales tan extensas que llevaron a la actual crisis ambiental global, en cuyo centro están los cambios climáticos.
Aunque parezca paradójico, nuestra situación es bastante mejor porque nos cuestionamos el futuro. Cuando nos preguntan sobre el pasado, estamos ante lo casi irremediable. Sobre el futuro, tenemos la posibilidad de proyectarlo. Esto implica decir lo que vamos a hacer con nuestra biodiversidad, porque tenemos el 20% de las especies vivas del planeta; con nuestros recursos hídricos, porque tenemos el 11% del agua dulce disponible, el 80% de la cual está en Amazonia; con la selva tropical más grande y con mayor diversidad cultural del mundo. Brasil todavía posee cerca de 220 pueblos indígenas que hablan más de 200 lenguas.
Esta es una interpelación poderosa porque permite elecciones y, por lo tanto, exige que estemos a la altura de la oportunidad de optar. La discusión es de carácter civilizador, no se agota en circunstancias o polémicas puntuales. Brasil es una potencia ambiental y humana y no puede conformarse con querer, siglos después, la misma trayectoria que hizo de los países desarrollados, ricos, y aún así con graves desequilibrios ambientales. Nuestra meta debe ser: desarrollados, pero a través de caminos diferentes.
La diferencia está, en primer lugar, en aceptar la interpelación ética a que me referí, sin intentar darle respuestas banales ni evasivas. La falsa polémica en torno de la demarcación de la reserva indígena Raposa Serra do Sol, en Roraima, resume la radicalidad exigida por esta interpelación.
Como ministra de Medio Ambiente enfrenté, al lado de los ministerios de Justicia y de Desarrollo Agrario, una situación en Pará en la cual un gran usurpador inmobiliario se apoderó de 5 millones de hectáreas en Terra do Meio. Conseguimos crear en ese área la mayor estación ecológica del país, con 3.800.000 hectáreas. Vi a la Policía Federal destruir 86 pistas clandestinas usadas para tráfico de drogas y robo de madera. Y nunca nadie dijo que aquel estafador era una amenaza para la soberanía nacional. Pero los 18.000 indios de Roraima son considerados de esa manera por algunos, y muchas veces tratados como si fueran más extranjeros que los extranjeros, porque ni siquiera son reconocidos como seres humanos en un pie de igualdad con los demás.
Un ejemplo: el mundo occidental tiene en Jerusalén un punto de referencia de lo sagrado para innumerables religiones de la matriz judeo cristiana. Quedaríamos anonadados si alguien quisiera destruirla y la defenderíamos como algo que es ingrediente esencial de nuestra cosmovisión. Sin embargo, en relación a la cosmovisión de los indios, se considera poco relevante considerar el Monte Roraima como lugar de origen del mundo.
Puede parecer, para quien esté siguiendo el asunto de Raposa Serra do Sol, que la creación de la reserva indígena fue un procedimiento autoritario e injusto, que no tuvo en consideración los derechos de los no indígenas. No es verdad. La legislación brasileña define detalladamente los criterios para la demarcación. Lo contrario está otorgado por decreto, exigiendo que sean presentados, escuchados y examinados los argumentos en oposición. Pueden expresarse los propietarios de la tierra, los usurpadores, las asociaciones, los sindicatos de los trabajadores o patronales, los municipios, los organismos públicos estaduales y federales, presentando todo lo que consideren relevante. Por eso la demarcación física de las áreas lleva, en general, muchos años, lo que elimina cualquier posibilidad de aceleración.
Roraima posee cerca de 400.000 habitantes en un territorio de cerca de 225.000 km2. La poblacion rural no llega a 90.000 personas, de las cuales 46.000 son indígenas, o sea, el 52% del total, que ocupa el 47% de las tierras. Raposa Serra do Sol ocupa el 7,7% de la superficie del Estado y alberga 18.000 indios. Por otro lado, seis arroceros ocupan 14.000 hectáreas en tierras de la Unión. En mayo último, el IBAMA inició un proceso contra la estancia Depósito, del prefecto de Paracaima, Paulo César Quarteiro, por haber destruído dos lagunas y nacientes, además de márgenes de ríos, y por haber deforestado áreas destinadas a preservación permanente y a reserva natural legal.
En 1992, cuando se oficializó la reserva Ianomami, seis veces mayor que la de Raposa Serra do Sol, hubo un gran escándalo alimentado por la acusación de que ello representaría una amenaza a la soberanía nacional y el grave riesgo de internacionalización de la Amazonia. Transcurrieron 16 años, la reserva alberga 15.000 indígenas en áreas de frontera y no se tiene noticia de que hayan causado daño alguno a nuestra soberanía y mucho menos que pretendan ser una "nación indígena" separada del territorio brasileño, como decían en aquel entonces los opositores a la oficialización.
Estamos cerca de la decisión del Supremo Tribunal Federal sobre la demarcacion continua de Raposa Serra do Sol. Será un gran desafío para la institución y para todo el país, en un momento que el maestro Boaventura de Souza Santos denomina como de bifurcación histórica. Dice él que las decisiones del STF condicionarán decisivamente el futuro del país, para bien o para mal. Que esta decisión sea parte de la respuesta que debemos dar a la interpelación ética sobre nuestro futuro.
Terra Magazine
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