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Coletivo Bijarí y Contrafilé/Cortesía
Los huelguistas forman parte de unos 400 deudores habitacionales que se turnan en unas 40 carpas instaladas en la ribera norte del Mapocho.
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Alejandra Matus
Santiago de Chile
Seis mujeres y dos hombres cumplen una semana en huelga de hambre. Guardan sus energías tendidos en camas dispuestas en una habitación hecha de cartones y palos, a orillas del Río Mapocho, el maloliente caudal de agua que cruza Santiago y que arrastra al mar las aguas servidas de sus seis millones de habitantes.
Los huelguistas forman parte de unos 400 deudores habitacionales que se turnan para pasar día y noche ocupando unas 40 carpas instaladas en la ribera norte del Mapocho, justo debajo del puente Pío Nono, en un vistoso punto del trayecto que siguen los turistas para llegar al Barrio Bellavista, una zona de restaurantes, bares, teatros y canales de televisión.
Los manifestantes dicen representar a 80 mil deudores que, a lo largo de todo Chile, accedieron a un programa de viviendas de bajo costo, conocido como Programa Especial para Trabajadores (PET). El programa -promovido desde la recuperación de la democracia por la actual coalición gobernante y concluido hace 7 años- consideraba el acceso a créditos de la banca privada para personas de escasos recursos, pero sin derecho a viviendas sociales. Actualmente, un alto porcentaje de ellos enfrentan cobranzas judiciales y órdenes de remate de sus casas, tras haber caído en morosidad en el pago de sus "dividendos" (cuotas).
A su paso, los turistas se sorprenden con la inusual estampa y le toman fotos al campamento que brotó junto al río. El colectivo de artistas y arquitectos Bijarí y Contrafilé, originarios de Brasil, de visita en Chile para una conferencia, se sienten atraídos por la protesta y bajan la larga escalera de madera que usan los deudores para llegar a la "toma", donde comparten espacio con niños de la calle y vagabundos.
"Salimos a buscar las urgencias y los conflictos de la ciudad", relata Rodrigo Araujo a Terra Magazine. "Y nos encontramos con esto. Decidimos hacer una intervención artística con el objetivo de hacer visible lo invisible".
No obstante, la protesta casi no ha llamado la atención de los medios de comunicación chilenos. Iván Carrasco, uno de los dirigentes de la organización de deudores -Andha Chile a Luchar- afirma que se sienten víctimas de un "cerco informativo", pero que no cejarán en su movimiento hasta obtener su objetivo: la condonación de las deudas.
Obsesionados con Bachelet
Para captar la atención de la opinión pública, Andha Chile ha realizado originales protestas, como subirse a los arcos de los que penden los signos carreteros o encadenarse a los ventanales del palacio de gobierno, La Moneda. El dolor de cabeza más grande se lo han provocado al personal encargado de la seguridad de la presidenta Michelle Bachelet, pues varias veces se hicieron presente en sus actividades oficiales, para reprocharle haber faltado a su promesa de campaña de dar solución a estos deudores. Por esa razón, según revelan fuentes oficiales a Terra Magazine, la pauta de actividades de la mandataria ya no se anuncia públicamente.
Junto a las carpas de los manifestantes, en el lecho del Mapocho, hay un ataúd en el que descansa una muñeca de trapo de tamaño humano que representa a la presidenta.
"Llevamos un mes en este campamento", relata a Terra Magazine, la dirigente Roxana Miranda. "Nuestra intención es graficar lo que le ocurre a una familia cuando su casa es rematada. La gente no lo ve, pero habitualmente los deudores terminan viviendo en carpas de nylon como estas, en el patio de algún familiar y usando un tarro como baño".
Roxana Miranda fue imputada hace poco por la justicia por cometer desórdenes públicos y proferir "amenazas" contra la mandataria. La dirigente dijo: "Que (la presidenta) se prepare no más, que resguarde su seguridad", después de que la policía la bajó de una grúa pluma, en la que protestaba junto a otras cinco deudoras, a más de 25 metros de altura. La dirigente se defendió diciendo que su advertencia era política, no una amenaza física, pero de todos modos tendrá que enfrentar los cargos ante la justicia dentro de poco.
La dirigente es casada y tiene cuatro hijos. Vive en San Bernardo y ya recibió una carta anunciando el remate de su casa. Ella trabaja como modista y su marido, como electricista, esporádicamente. Cuando compraron su casa, el valor del dividendo era de 45 mil pesos chilenos, pero la cifra subió inmediatamente a 55 mil y luego a 60 mil pesos mensuales. "Ahora cuesta 95 mil y ya no lo podemos pagar", afirma.
Iván Carrasco, otro dirigente, explica a Terra Magazine que el PET se inició como una solución para aquellos trabajadores que no tenían derecho a viviendas sociales (que construye el Gobierno y que se entregan sin deuda), pues su puntaje en la encuesta social que aplicaba el Gobierno superaba los 520 puntos.
"Era gente que por tener estudios secundarios o tener un refrigerador, ya no era considerada pobre y por lo tanto se le exigía postular a créditos en la banca privada si quería aspirar a tener casa", agrega el dirigente. "Pero la realidad es que se trataba de trabajadores pobres, con ingresos precarios y que, pese a sus esfuerzos por responder, con el paso de los años, cayeron en morosidad".
Estudios oficiales demuestran que los deudores PET accedieron, en promedio, a préstamos de 277 U.F. (unos 10 mil dólares) para adquirir sus casas y que ya han pagado, también en promedio, 350 U.F. (más de 13 mil dólares). Sin embargo, a las tasas de 10 y 12 por ciento en que pactaron sus préstamos, aún les resta por pagar 660 U.F. (unos 25 mil dólares).
"La gran mayoría de los deudores PET hemos pagado con creces el capital del préstamo y todo lo que nos resta por pagar es exclusivamente ganancia del sistema financiero", afirma Carrasco.
Una condonación posible
Al comienzo del gobierno de Michelle Bachelet, las autoridades se desentendieron de este conflicto afirmando que se trataba de un problema entre privados y la banca. Sin embargo, el año pasado el gobierno formuló una propuesta de solución que consistió en ofrecer el pago de medio dividendo a aquellos deudores que se comprometieran a continuar pagando.
"Nosotros valoramos que el gobierno al fin reconociera que el problema lo generaron ellos, al idear este programa. Pero rechazamos su propuesta porque busca dar respuesta a la demanda de la banca y no a la nuestra. Nos obliga a repactar las deudas, alargando el número de años de pago, y si el deudor se atrasa en más de tres cuotas, se acabó el beneficio", afirma Carrasco.
En opinión del dirigente, la única solución aceptable es la condonación. "Al gobierno le resulta mucho más barato condonar, que la idea del medio dividendo", sostiene Carrasco.
Su planteamiento no le suena nada descabellado al senado y a la cámara de diputados, que este año le propusieron al gobierno que condone la deuda a aquellos propietarios que hayan pagado más del 50 por ciento de la deuda original y que estén en el segmento del 40 por ciento de los chilenos más pobres, previo pago de unos 450 dólares. La propuesta también considera la condonación para deudores que no hayan alcanzado a pagar el 50 por ciento de su deuda o que estén al día en sus dividendos, con un copago mayor. También contempla la condonación para ancianos y aquellos afectados por enfermedades catastróficas.
"Andha Chile a Luchar" apoya la proposición del Congreso, dice Carrasco, pues beneficiaría a la gran mayoría de sus asociados. Sin embargo, agrega Roxana Miranda, el congreso, al formular estas propuestas en forma virtualmente unánime, no le exigió al gobierno que respondiera en una determinada fecha y por lo tanto, ignoran cuándo habrá una respuesta.
Ana Riveros, una de las mujeres en huelga de hambre, tiene tres hijos y trabaja en su casa cuidando a los hijos de sus vecinas que salen a trabajar. "Mi casa está avaluada en casi tres millones de pesos. Yo ya he pagado 8 millones de pesos y todavía debo. Hace tres años dejé de pagar y ya me anunciaron el remate", cuenta.
Mary Barra, otra de las huelguistas, afirma que "el sueño de la casa propia se convirtió en pesadilla apenas me la entregaron". Ella vive en una de las casas Copeva, que no resistieron el primer invierno y se empaparon de agua, caso que constituyó un escándalo en su momento. La deudora recuerda que el actual ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma, tenía participación en esa empresa constructora.
"Pagué dividendos por 12 años sin que nunca se nos diera una solución por la mala calidad de las casas. Hace dos años mi esposo quedó cesante y no pudimos seguir pagando. Yo no quiero que me regalen nada, sino que se reconozca que ya pagué mi casa con creces. Mi casa está avaluada en tres millones de pesos, pero yo ya he pagado más del tripe de ese valor".
Mary quiere que a través de esta entrevista su hermano que vive en Honduras, Roberto Barra, se entere de su huelga de hambre y la ayude a difundir la noticia.
Víctor Pino, uno de los dos varones en huelga de hambre, dice a Terra Magazine que está aburrido de dar entrevistas a periodistas que luego no se publican.
Afuera de la caseta donde están los huelguistas, sus compañeros deudores se organizan para pasar la noche y hacen una colecta de dinero con comprar té y pan, y preparar comida. Un grupo de jóvenes universitarios animará la jornada con un show musical, mientras, sobre sus cabezas, los turistas y capitalinos cruzan el puente Pío Nono y se preparan para otra noche de bohemia en el barrio Bellavista.
Terra Magazine