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"En ciertas ciudades de Calabria, el Estado es quien procura asomarse dentro de la organización mafiosa, y no al revés".
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La policía italiana está cada vez más preocupada en filmar con esmero y toques artísticos sus operaciones antimafia, para presentar sus proezas en los medios. Las escenas de los capos de la mafia en la cárcel se parecen mucho a los argumentos de las novelas. Tanto es así que en España, el sábado 9 de agosto, los turistas aplaudieron cuando Patrizio Bosti fue capturado en un restaurante de Platja d'Aro, cerca de Girona, creyendo que se trataba de la producción de otra miniserie policial, y que los carabinieri italianos y la guardia civil española eran actores representando sus roles en forma excelente.
Pero Patrizio Bosti es un criminal de verdad, aunque se comporte como una estrella de cine. Considerado uno de los 30 hombres más peligrosos de Italia, Bosti vivía desde hace 5 años en España, en una lujosa mansión con piscina. Cuando lo atraparon estaba almorzando tranquilamente con un grupo de amigos en una marisquería de la playa: en el bolsillo tenía 48 billetes de 500 euros y no portaba armas. Este jefe de uno de los clanes de la Camorra, la mafia napolitana, fue condenado (en rebeldía) a 23 años de prisión por el asesinato de dos rivales. Su grupo controlaba la venta de drogas y las extorsiones a los comerciantes en tres barrios de Nápoles.
La captura de Bosti es una prueba más de que las mafias italianas se europeizaron completamente. Los napolitanos prefieren España, mientras que los calabreses eligen Alemania y los sicilianos (tradicionalistas) se mantienen fieles a Suiza. La operación conjunta de las policías italiana y española también demuestra que la Justicia está tratando de europeizarse con gran dificultad.
Por ejemplo en Alemania, donde el año pasado una pizzería del pueblito de Duisburg se transformó en un escenario sangriento de un ajuste de cuentas de la 'Ndrangheta (la mafia calabresa) con 6 muertos, no siempre los jueces comprenden el peligro de esta mafia sin fronteras. Tanto que el fiscal local se rehusó a allanar tres pizzerías indicadas por los italianos como punto de encuentro de los asesinos, porque entre los dueños había gente que no estaba ligada al crimen organizado. El allanamiento de las pizzerías debía entregar un mensaje bien claro a la mafia: Europa no se va a quedar de brazos cruzados mientras ustedes roban y matan. Pero el mensaje que terminó llegando fue completamente diferente: basta con que elijan un testaferro inocente para dirigir sus negocios, y nadie los va a molestar.
En Italia, el fiscal nacional antimafia, Piero Grasso, expresó en una entrevista palabras desalentadoras: "en ciertas ciudades de Calabria, como Africo, Plati y San Luca, el Estado es quien procura asomarse dentro de la organización mafiosa, y no al revés". También la situación en Nápoles y sus alrededores parece fuera del control de las autoridades. Mientras tanto, Sicilia parece tranquila porque las familias mafiosas todavía no eligieron al sucesor de Bernardo Provenzano, el poderoso capo detenido en abril de 2006.
Pero si Bruselas, Berlín y Roma se distraen, el sur de Italia se va a transformar en el equivalente de Pakistán para Al Qaeda. En ambos casos el objetivo es la conquista de Occidente: Al Qaeda con las bombas, las mafias italianas con el dinero del tráfico de cocaína.
Terra Magazine