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Asentamiento expone contradicciones en Paraguay

AFP
Villa Chacarita es una síntesis de la problemática paraguaya que el nuevo presidente deberá enfrentar.

Márcio Resende
Asunción (Paraguay)

Villa Chacarita es una síntesis de la problemática paraguaya que el nuevo presidente Fernando Lugo deberá enfrentar en los próximos cinco años. El asentamiento más peligroso de Paraguay queda justo detrás del Palacio Legislativo y a escasos metros del Palacio de Gobierno.

El Poder siempre dio la espalda a la pobreza en este país cuyo producto bruto per capita en la región sólo supera al de Bolivia y, aún así, sólo porque la población boliviana es mayor. Este populoso barrio improvisado que se extiende sobre la margen de la bahía del río Paraguay fue fundado por el entonces dictador Alfredo Stroessner (1954-1989). Es consecuencia de décadas de corrupción endémica, de prácticas clientelistas y de uno de los procesos de exclusión social más perversos. Aquí conviven indígenas y agricultores que fueron expulsados de sus tierras, empleados públicos, jóvenes delincuentes y sobrevivientes en general.

Paulina Ferreira tiene 50 años y vive aquí desde hace 15. Es un ejemplo de la desobediencia subterránea y del agotamiento social que silenciosamente abatió al clientelismo político y disciplinante del histórico Partido Colorado, derrotado luego de 61 años ininterrumpidos de gobierno. Paulina dice estar afiliada al histórico Partido Colorado, pero esta vez votó "el cambio".

Ser afiliado al Partido Colorado fue casi una prolongación natural de la vida en este país. Significaba estar en la lista de beneficios asistenciales a cambio de votos, condición para obtener derechos en Paraguay. Sin embargo, no existe estructura política que, aún con crecimiento económico, resista a décadas sin distribución de ingresos, sin educación, sin salud y sin trabajo genuino.

El ex obispo Fernando Lugo, adepto a la Teología de la Liberación y con una alianza formada apenas ocho meses antes, puso fin a la hegemonía de los colorados e inaugura un nuevo capítulo de esperanza en Paraguay.

Paulina y su esposo son cuida coches por la noche en un sector del centro de Asunción. Como promedio, reciben propinas de 6.000 guaraníes (1,5 dólares). Obtiene cuatro veces este valor cuando lava los vehículos. A fin de mes, habrá recibido unos 500.000 guaraníes (125 dólares).

"Ya no se puede vivir así como malabaristas para poder comer", sintetiza. "Y no es sólo por la falta de trabajo. Es por la delincuencia. Tenemos que volver a casa al día siguiente porque en la madrugada aquí es muy peligroso. Mucha droga y muchos asaltos. Queremos seguridad y que haya trabajo para terminar con la delincuencia", completa. "Los políticos son ladrones de guante blanco. La policía negocia con los ladrones. Las Fuerzas Armadas deberían salir a la calle como en la época de Stroessner", concluye.

A tan solo 30 minutos en automóvil o una hora en ómnibus de línea, la ciudad argentina de Clorinda, aunque sencilla, es un oasis para las carencias paraguayas.

"Los más jóvenes atraviesan la frontera con Argentina para estudiar. Allá tienen de todo y gratis, hasta el uniforme. Aprenden cultura argentina. Aquí las clases se dictan debajo de un árbol. Todo tiene que cambiar", dice indignada.

Paulina no entiende mucho de política, pero conoce el concepto de reforma agraria cada vez más arraigado entre los pobres y que coincide con uno de los pilares del gobierno de Lugo: "Cada paraguayo tiene derecho a una casa y a un terreno. Lugo tiene que entregar las tierras a los indios", señala revelando lo que tiende a convertirse en una gran presión popular.

La Constitución paraguaya garantiza el derecho de todo paraguayo a la tierra. Cerca de 300.000 familias paraguayas sin tierra son la prioridad del presidente.

Otro de los pilares de Lugo es el conflicto con Brasil y Argentina sobre las tarifas que pagan estos países por las hidroeléctricas binacionales de Itaipú (con Brasil) y Yaciretá (con Argentina). Paraguay consuma apenas el 5% de lo que produce cada una de ellas y exporta el excedente a los países vecinos. La energía podría ser regalada en Paraguay, pero es cara y las líneas de transmisión tienen fallas. El suministro de energía a la población sufre cortes constantes.

Itaipú es utilizada por Paraguay como una caja política. De su presupuesto salen muchos millones de dólares para asistencia social, pero no todos llegan como beneficio a la población. Aquí en Villa Chacarita, el puesto sanitario es un "regalo" de Itaipú.

Patricia Benitez, de 37 años, vive en Villa Chacarita desde hace 8 años con su marido y tres hijos. La fachada de la casa de Patricia todavía exhibe los afiches de Lugo candidato. Son como estandartes de la esperanza.

Patricia trabaja como telefonista en un hospital público. El marido como empleado de seguridad en el mismo hospital. Cada uno de ellos gana "un salario".

"Este es un país de mierda. Una empleada doméstica gana más que un salario. Ojalá que Lugo consiga cambiar esto, pero no lo van a dejar. Todo aquí es corrupción. Es una cultura que lo supera", sentencia con escepticismo.

En Paraguay una empleada doméstica gana entre 300.000 y 600.000 guaraníes (150 dólares) por casa de familia. Se considera "un salario" el sueldo mínimo de 1.347.000 (340 dólares). Pero el sueldo mínimo en Paraguay funciona como el máximo. La mayor parte de la población recibe menos que el mínimo.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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