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Cortesía
A través de la exposición Contemporáneo 22. Discursos narrativos, Kevin Clark Power propone reflexionar sobre las formas para narrar en distintos medios y con lenguajes diversos.
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En una de las múltiples e infinitas definiciones posibles de arte, que hoy se sacuden y amplían a la velocidad abismal de las prácticas mismas, el filósofo y crítico de arte Arthur Danto afirma que una obra de arte siempre debe ser "acerca de algo" y presentarse de un modo particular; es decir, su diferencia específica está dada porque requiere un "modo de presentación" especial.
Pero además, habría que agregar que entre estas dos características también existe un "tiempo": el tiempo de aquello que aparece entre el autor, la obra, el espectador, el tema y la materia, aquello que se despliega bajo el modo del "relato", la necesidad de contar. "Existe un arte que no narre?
Cada creador sufre y goza en esta lucha por un relato que no puede ser menos que íntimo, solitario, particular y necesario, además de común y en cierto modo, universal. En este sentido, entrar en la narración de una obra de arte significa abrirse lugar en el universo que el artista se dispone a contar.
A través de la exposición Contemporáneo 22. Discursos narrativos, en exhibición hasta el 22 de septiembre en el Malba (Museo de Arte Argentino y Latinoamericano de Buenos Aires), Kevin Clark Power, catedrático de literatura, curador y crítico inglés, propone reflexionar sobre las formas para narrar en distintos medios y con lenguajes diversos, mediante las obras de un grupo de artistas iberoamericanos: Edgar Endress (Chile), Wilger Sotelo (Colombia), Douglas Pérez (Cuba), Abraham Lacalle (España), Mondongo (Argentina), Juan Enrique Bedoya (Perú) y Henry Eric (Cuba).
Power afirma: "Todos necesitamos contar historias y estos artistas sienten la urgencia de contarlas". Los diferentes relatos que pueden verse en la exposición, fruto de percepciones y sensaciones, necesidades y virtudes diferentes, tanto desde perspectivas sociales como literarias, historiográficas o ideológicas, oscilan entre temas cotidianos y comunes, globales e íntimos, en la forma de un arte que no puede dejar de rozar tanto lo uno como lo otro. "Narraciones a través de una acumulación de fragmentos, de manera no lineal, construyendo una serie de apuntes de percepciones particulares y heterogéneas". Entremos en la intimidad de algunas de estas historias, que se nos muestran sin pudor en la sala blanca y luminosa de exposiciones.
Dado el carácter fragmentario de estos relatos, comenzar por el principio no significa exactamente reconstruir un orden, sino más bien, narrar una experiencia. Las obras de Douglas Pérez (Cuba, 1972), nos invitan a visitar la historia reciente del barrio cubano del "Vedado", con una estética que pareciera evocar ecos de afiches de propaganda y comerciales. Estas estampas, dibujos de un colorido alegre y melancólico, nos cuentan historias acerca de la realidad social y local contemporánea, sus pugnas ideológicas, personajes y paisajes. A su lado, una serie breve pero contundente de fotografías del artista peruano Juan Enrique Bedoya también nos convoca a detenernos en algunos paisajes, esta vez de los alrededores de Lima. Casas aisladas distribuidas caprichosamente, sobre tierras marginales ocupadas por la necesidad, se inscriben en un contexto árido y sereno. Apenas cinco documentos, pero infinitas historias que imaginamos en cada una de las pequeñas viviendas que forman parte del desprolijo urbanismo de la pobreza interminable.
Más adelante, unos cuantos dibujos a tinta, birome y marcador, del español Abraham Lacalle, trabajan sobre la cercanía entre la literatura y el dibujo. En la forma del cómic, arte y narración se condensan en la imagen, las letras y los dibujos cuentan historias que en este caso han sido basadas en cuatro novelas -de Cormac McCarthy, Jim Thompson, Thomas Bernhard y Philip K. Dick-, que a su vez se solapan con la narración que el propio Lacalle propone con su obra.
Al mismo tiempo, que a su vez transcurre simultáneamente en cada relato presente, la mirada se desvía hacia otras dos obras de gran tamaño que se encuentran un poco más adelante. Cambia la historia, cambia el lenguaje, el "modo de presentación" se impone ante los ojos y la historia que relatan tiene tanta fuerza como el material inusual con el que fueron realizadas. Se trata del díptico Panóptico (2008), del grupo argentino Mondongo. Este díptico fue realizado con pequeños trocitos de plastilina e hilo sobre madera, y la imagen casi impresionista que presentan nos deja perplejos a la mayoría de los espectadores. Un trabajo que también conlleva una doble narración, un hecho particular y un modo de realización. Las imágenes, basadas en aquellas reveladas por la prensa sensacionalista, refieren a una violación en el 2003 en la "República de los niños" (que fue creada por Perón en los años '50). La forma de realización nos acerca un relato en el tiempo actual: los infinitos pedacitos de plastilina nos hablan de una paciencia profunda, de un trabajo minucioso y dedicado que contrasta con las reminiscencias del acontecer fugaz de la violencia, pero también de la historia de un pasado que supo convertirse en mito nacional.
Frente a estas dos impactantes obras encontramos una serie de 18 fotografías en blanco y negro "en realidad, se trata de 9 fotografías y sus respectivos "negativos"- del colombiano Wilger Sotelo. Las imágenes presentan textos y armas, palabras que a modo de pequeñas descripciones de personas, biografías delictivas, y armas de fuego, uno entiende que se corresponden en algún sentido que desde el relato aparece apenas prevenido, formando la serie que el autor tituló Inventario. Sotelo vive en Cartagena de Indias, allí donde "el arma es señal de identidad en un contexto que no ofrece posibilidades para afirmarla", tal como sostiene Power.
Por último, dos videos. El artista chileno Edgar Endress nos ofrece La atracción de los gestos, donde vemos imágenes de los dos bares que sobrevivieron a la historia en la ciudad de Osorno, al sur de Chile. La historia remite a la desaparición de "el Coyo", hacia el final de la dictadura de Pinochet, otro de los mitos urbanos que forman parte del relato contemporáneo.
En estos bares, que aparentan estancarse en el tiempo, circulan personajes de la zona, vendedores ambulantes que descansan en sus mesas o recambian e intercambian mercaderías, parejas oxidadas y dueños milenarios. Entre las palabras que nos guían y las imágenes que se suceden, Endress logra construir un relato que deja ver las huellas y cicatrices de una historia que nunca deja su tragedia. En palabras del artista: "los últimos dos bares de la ciudad se transforman en un paisaje de resistencia, donde las formas de intercambio se truecan por formas simbólicas de relaciones".
Terra Magazine