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La bencina de los diputados

Getty Images
"Ante una coyuntura económica complicada, nuestros legisladores se dan a sí mismos cien mil pesos mensuales mientras que a la gente de a pie se le asigna luca y media y por una sola vez", comenta Tejeda.

Juan Guillermo Tejeda
Santiago (Chile)

Quienes no creen en la democracia, ni en el debate, ni en la toma de decisiones conjunta, ni en la representatividad de los diversos segmentos de la población, emprenden a menudo con entusiasmo la crítica destructiva de los políticos y su desprestigio a partir de cualquier pretexto.

Sin embargo a veces los propios políticos tienen actuaciones indignas que degradan su imagen pública, y la asignación de un bono de bencina de 100.000 pesos al mes para paliar las continuas alzas en el precio del combustibles ha sido una de estas acciones indignas. Afortunadamente los diputados, presionados eso sí por la prensa y por los primeros indicios de rechazo por parte de la opinión pública, han dado marcha atrás, renunciando a la asignación.

El acuerdo para autorregalarse este chocolatín de 97 octanos se tomó por unanimidad. Parece realmente abusivo que mientras el resto de los chilenos se ve obligado a combatir el alza como cada cual pueda, los honorables hayan decidido recurrir al fondo común nacional para arreglarse el problema. Todo ello cuando el gobierno está otorgando a los más pobres del país un bono único de mil quinientos pesos para hacer más llevadera la subida de los precios de la electricidad, que depende del mismo brote inflacionario que la bencina. Es decir, ante una coyuntura económica complicada, nuestros legisladores optaron por darse a sí mismos cien mil pesos mensuales mientras que a la gente de a pie se les asignaba luca y media y por una sola vez.

El diputado PPD Jaime Quintana alegó que el bono era para cumplir mejor con su labor. ¿Y la labor de los que no somos diputados acaso es de menor importancia? ¿Por qué subsidiar a los parlamentarios y no por ejemplo a los profesores, o a las enfermeras o a los gerentes o a los agricultores? ¿Qué tiene de especial el alza del combustible para los diputados?

Nuestro ministro del interior, en frase quizá no muy afortunada aunque rotunda, afirmó hace unas semanas que frente a las turbulencias económicas que sacuden a la economía global había que apretar los dientes. Pero los diputados, en lugar de apretar los dientes intentaron meter la dentadura en el erario público, que es otra cosa. El diputado RN Eduardo Palma afirmó que no había para tanto, que para qué tanto show. Bueno, el diputado debería entender que la acción parlamentaria tiene mucho de espectáculo en el mejor sentido de la palabra: lo que se haga en el Congreso Nacional es siempre una señal que muestra la salud de nuestra vida pública. Y en este caso la señal, o sea la performance, el teatro, el show en palabras de este diputado, mostró lo peor que puede mostrar un parlamento: que en lugar de defender los intereses de la gente, los honorables defienden intereses corporativos de ellos. Se mostraron como un gremio, un sindicato, una cofradía, una hermandad de pitutos y regalías.

Costará muchísimo tiempo rehacer la mala imagen y recomponer la falta de credibilidad que se desprenden de esta equivocada decisión. Suponemos que si se hunde el barco los diputados serán los únicos en agarrar salvavidas y encaramarse en los botes de rescate, y mientras el resto se va sumergiendo de a poco en las negras aguas del naufragio, alegarán probablemente que ellos necesitaban salvarse los primeros para hacer mejor su labor y que lo demás es show...Pero si ven que su acción no es popular en los medios ni con la gente, quizás darán marcha atrás.... El DC Gonzalo Duarte consideró que la medida de autoasignarse ese bono que los demás chilenos no tenemos era una decisión justa. En rigor fue todo lo contrario: una acción injusta, pensada para benificiar a unos pocos, que son por lo demás los llamados a hacer que el país completo marche como es debido.

Pero más preocupación que la medida misma nos genera la ceguera de los parlamentarios respecto a sus propias acciones y al efecto que ellas tienen en la opinión pública. Un servidor público debe ser eso, un servidor, y no un patrón. Es decir, alguien que se pone al final en la cola donde dan las raciones y no uno que se salta puestos y consigue presa extra por la vía del privilegio.

Hay que considerar que los diputados ya reciben 771.000 pesos al mes en concepto de esta asignación, aunque la cantidad es considerada exigua por los propios parlamentarios, y para ello manejan un complejo sistema de variables. Cualquiera de nosotros puede demostrar que lo que recibe en pago por los trabajos realizados es menor de lo que debiera, o que las asignaciones de transporte que actualmente tenemos los ciudadanos de a pie (la mayoría nos las asignamos nosotros mismos de nuestro propio sueldo) podrían ser mejores. Lo que irrita es que los diputados deliberen para solucionar ellos su problema sin haber solucionado el de todos los demás chilenos y chilenas a los cuales representan.

Algunos honorables, ante las críticas, se han permitido hacer algunos chistes. Otros decidieron renunciar a este bono, y finalmente todos se han echado atrás desistiendo del intento. Ha sido una salida sensata.

El poder marea, la buena tela de los trajes confunde, el auto con chofer distrae, los salones y las ceremonias y los focos televisivos nos hacen perder la noción de la realidad. Asignarse a sí mismos aumentos en un ítem que es doloroso para todos los demás chilenos, y además con la plata de esos mismos chilenos, fue una acción estúpida y carente de dignidad. Tras revocar la medida, falta quizá un gesto más, una disculpa, o un seminario de perfeccionamiento orientado a pensar en los demás, en fin, algo que le haga sentir a los ciudadanos que sus parlamentarios no han perdido del todo el contacto con el país y con su gente.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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