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El sector exportador chileno es el primer afectado por el estancamiento de la economía.
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Hay condiciones similares para recordar las circunstancias de comienzos de esta década. Tras las diversas crisis económicas que clausuraron el siglo XX, el pasado milenio, la economía chilena, que se había levantado como modelo para la región durante los años noventa, se vio resentida tras los fuertes remezones y oscilaciones que surgían desde las diversas crisis de entonces, desde la asiática hasta la brasileña y la argentina. Un síndrome que llevó al banco central chileno a levantar un muro virtual contra los disturbios internacionales mediante un alza sin precedentes de las tasas de interés. La medida para amortiguar la crisis, se argumentó, no afectó a la economía en su conjunto, pero sí a la pequeña y mediana empresa, que no sólo perdió terreno y mercado, sino que muchas lo perdieron todo.
La actual crisis global ha despertado aquellos fantasmas que rondan a las pequeñas y medianas empresas que sustituyen importaciones y las orientadas a los mercados de exportación. La producción nacional se mantiene prácticamente estancada (un escaso aumento del 1,6 por ciento al primer semestre), lo mismo que las ventas, con un crecimiento de 0,4 por ciento. Una actividad que también es floja en otros sectores. En junio, las ventas del comercio al detalle se expandieron poco más del uno por ciento, lo que es una señal que se modela y se extiende hacia el resto del año.
Una mirada rápida a las cifras económicas chilenas tienden a fijarse en la inflación, que ha aumentado durante los últimos doce meses casi en un diez por ciento. El ritmo de la economía ha sido disparejo; sin embargo, tenderá a aflojar: el banco central ha venido subiendo las tasas de interés durante el año para frenar la inflación. Y es bien probable que ante los rebeldes precios continúe con la misma política. La otra variable más sensible por la crisis mundial es la continua apreciación del peso respecto al dólar. Para matizar la permanente caída del precio de la divisa estadounidense, el banco central chileno realiza periódicas compras de dólares, lo que ha tenido un matizado y polémico efecto.
Es este el panorama que ha llevado a revivir los fantasmas de comienzos de la década entre los pequeños y medianos exportadores y entre las industrias que sirven el mercado interno. Una proyección de la Cámara de Comercio de Santiago señala que la economía chilena tiene dificultades para retomar "el dinamismo observado entre mediados de los 80 y mediados de los 90". Según la Cámara, esta dificultad, que halla ciertamente algunas causas en el escenario internacional, radica en factores internos: "Su raíz está relacionada con un virtual estancamiento de la productividad de los factores a lo largo de los últimos cinco o seis años, y no hay elementos visibles que permitan estimar por ahora un cambio importante en esta trayectoria".
Crisis mediante, este fenómeno tiene todas las posibilidades para amplificarse. Y así lo ratifica: "El debilitamiento sostenido de la productividad operaría en forma transversal a la economía, afectando el potencial competitivo en los mercados externos y por ende, las exportaciones, medidas en términos de sus quantum. Afectaría también la inversión, el empleo, y la capacidad de incrementar el consumo privado, por los menores requerimientos productivos que se derivan del frente exportador".
Ante este diagnóstico que realiza el sector privado chileno, grave para un momento económico de inestabilidad y extrema complejidad, hay opiniones provenientes de muy distintos ámbitos de la economía, que apuntan a juicios parecidos, pese a la diferencia.
Orlando Caputo es un conocido economista chileno de la corriente crítica. Sin embargo, su diagnóstico sobre el actual escenario chileno coincide con el análisis del gremio del comercio. "A pesar que Chile tiene una economía abierta y a pesar de que en Chile uno tendería a pensar que todo dependerá del exterior, argumenta Caputo, creo que la situación internacional ha estado presente pero en un sentido invertido. Creo que los problemas actuales de Chile se han generado más bien desde el mismo país".
¿Por qué? "Por la sobreproducción de cobre, que hizo bajar el precio hacia finales de los años 90 y llevar a una recesión", afirma a Terra Magazine. Y ahora, "porque ha afectado el tipo de cambio. La moneda es muy importante. Los países deben tener autonomía y soberanía en el manejo de sus monedas nacionales".
"Chile, siendo un país chico, con recursos inmensos, con una gran cantidad de dólares, permitió que el dólar bajara", comenta sorprendido Caputo. "Ahora se está superando la etapa del agotamiento relativo del modelo. Estamos entrando a una fase de destrucción ecónomica, no la de Schumpeter, de destrucción creadora, sino destrucción sin alternativa que afecta a los sectores exportadores no minero, como fruteras o vinos de exportación".
En la misma corriente está Claudio Lara, doctor de London School of Economics y director del magíster en Economía de la Universidad Arcis. "Un peso más apreciado respecto al dólar afectará todas las exportaciones orientadas a este mercado", dice Lara. Obviamente el sector forestal chileno se había beneficiado del 'boom' inmobiliario en Estados Unidos. Había aumentado en gran medida sus exportaciones en esa perspectiva. Incluso había invertido en nuevas plantas en esa lógica. "Lo que ahora ha ocurrido es el cierre de plantas y la búsqueda de otros mercados. Hay un sector importante muy afectado".
La otra cara de la medalla son las importaciones baratas. "La avalancha de importaciones va colocando en duda los beneficios de la apertura económica. Van debilitando la economía, pero no hay una reacción clara, no hay un margen para refugiarse, no hay medidas concretas".
¿Y las medidas del banco central?
"Uno tiene claro que el banco central tiene como propósito el control de la inflación. Ahora el tema es que la apreciación del peso, al abaratar las importaciones, también contribuye a frenar la inflación. Por eso que el banco central mantuvo el máximo de tiempo posible el dólar bajo. Pero eso no podía seguir; llega un punto que afecta al conjunto de la economía, en que sectores exportadores completos se ven afectados, como el frutícola".
Esa intervención, agrega Lara, si uno sigue la lógica, busca impedir que el peso se siga apreciando, pero a costa de una mayor inflación, que es lo que vivimos ahora. "Se encarece el dólar, y aunque seguimos importando la misma cantidad de petróleo, pagaremos más por ese petróleo. Por tanto, aumenta la inflación. Más aún, cuando gran parte de la inflación es importada. Como que estamos en un escenario del mejor mal: entre la inflación y afectar a los exportadores".
¿Son medidas contradictorias?
Son abiertamente contradictorias. Se amplía el margen de contradicción mientras más tiempo se demora en tomar la medida.
Terra Magazine