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La cuestión Corsi

Getty Images
La organización delictiva de pederastia se concentraba en niños pobres o abandonados, que veían como más vulnerables.

Pablo E. Chacón
Buenos Aires (Argentina)

Dos o tres días antes de que la división Delitos contra menores de la Policía Federal Argentina, desbaratara en Buenos Aires una red de pedófilos liderada por el psicólogo Jorge Corsi, de sesenta y dos años, el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, había expresado, frente a un grupo de periodistas, que efectivamente, la demanda de niños y púberes para explotación sexual no paraba de crecer, y la vinculó con el acceso de cierto turismo y de la popularidad que ha adquirido en estas costas el consumo de pasta base de cocaína (llamada paco), que produciría en esa población de riesgo (la juventud), una adicción casi inmediata que contrastaría con el acceso al dinero genuino.

Corsi es un psicólogo supuestamente especializado en Violencia Familiar, al punto de ser contratado en diversas oportunidades por el estado nacional y por la jefatura de gobierno de esta capital, publicar libros, ejercer la práctica clínica y la docencia, tanto en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad de Palermo y fuera del país, en la Universidad de Barcelona.

La mayoría de sus víctimas son desocupados, hijos de desocupados, toman drogas desde muy temprana edad y son fanáticos de video juegos que en este caso, eran de acceso permitido en cibercafés, fuera del horario de protección al menor, en la zona de Recoleta, Barrio Norte, Flores, Floresta y Palermo, donde eran reclutados por el psicólogo y sus adláteres, que al parecer gustaban llevarse tarea a casa. La tropa de pedófilos también solía recorrer los Mc Donald¿s que permanecen abiertos hasta más tarde.

Corsi, que vive en el corazón del barrio de Palermo, en un octavo piso, era vigilado desde hacía unos seis meses, según publicó el semanario Veintitrés, y usaba su departamento, muchas veces, para organizar las orgías con los jovenzuelos que habían caído presos en las telas de la araña. La araña fue atrapada en su cueva durante la madrugada del miércoles, horas después de las declaraciones del titular de Justicia y Derechos Humanos.

El ministro Fernández reconoció las cifras (unos 5.000 jóvenes en estado de calle y extrema vulnerabilidad, sólo en esta ciudad), y acaso ya estaba preparando el terreno para la avanzada de las fuerzas policiales, que trabajaban sobre la hipótesis de un grupo de pedófilos, de quiénes conocían sus derivas por los bares y cibercafés, sus ofertas y sus prácticas (no las clínicas precisamente), pero que ignoraban -no sus superiores sino ellos- que a la cabeza de esa hidra podía estar un señor como Corsi, quien supo trabajar con Eva Giberti, psicóloga también, en la misma sede del ministerio de Justicia, para apoyar con su saber la Ley de violencia familiar que está en redacción desde el 2006 pero todavía ni siquiera fue tratada en comisión parlamentaria. Sesenta y dos especialistas de diversos países escucharon sus clases magistrales.

Giberti dijo que se había convocado a Corsi porque en temas de violencia familiar, no podía prescindirse de su opinión. "Es un académico distinguido, una eminencia. Era un invitado obligatorio para ese debate, que duró seis meses. Vino tres veces, pero ad-honorem. No es nuestro asesor". Y agregó: "De comprobarse que todo esto sea cierto, nos haría un daño infinito. Muchos psicólogos amigos tienen miedo de quedar desacomodados ante la mirada social".

Corsi es psicólogo clínico y profesor universitario. Desempeñaba su tarea docente en la Universidad de Buenos Aires (UBA), como se dijo, y en la Universidad de Palermo (UP), pero ha sido profesor invitado en universidades de América Latina y consultor de organismos internacionales. Desde 1989 era director de la Carrera de Especialización en Violencia Familiar de la UBA. Entre sus libros publicados se encuentran Maltrato y abuso en el ámbito doméstico, Violencia masculina en la pareja, Violencia familiar y Psicoterapia integrativa multidimensional.

Entretanto, Fernández, también responsable del área de derechos humanos de la Nación, dijo: "Observamos que hay una marcada asociación de búsqueda de menores para uso sexual en las calles de Buenos Aires. Se trata de chicos en situación de calle que son puestos, por ejemplo, bajo pantallas de venta ambulante de flores, de juguetes, etcétera", según detalló de acuerdo al informe, coordinado por Giberti, del programa 'Brigada Niños', que primero dependió de la cartera de Interior y ahora depende de Justicia. "Hay conserjes de hoteles", dijo el ministro, "que participan de lo que ocurre. Vamos a denunciar con nombre y apellido a todo mayor que encontremos en situación de abuso con un menor y al conserje también, si es que tiene conocimiento de lo que ocurre". Bajo la órbita de ese ministerio también funciona el programa 'Las víctimas contra las violencias'.

Eso fue lo que pasó, pero como las pistas que la policía y los asistentes sociales que trabajan sobre el campo eran varias, nunca esperaron encontrar lo que encontraron. Sin embargo, ayer trascendió que en España, donde el año pasado se dictó una ley sobre violencia familiar muy consistente, el psicólogo, también consultado para la redacción de esa ley, estaba bajo la lupa de los investigadores en delitos sexuales cada vez que viajaba. Pero sólo trascendió que las sospechas sobre su conducta empezaron cuando empezaron sus contactos con pedófilos y abusadores que ya estaban siendo vigilados, la mayoría por subir material explícito a la red. Eso aprendió Corsi en la península, además de claves y señales de uso exclusivo para estos "prestigiosos" profesionales, como no han dejado de adjetivar los medios locales sobre un licenciado que apuntó a tierra baldía para arar sin competición evidente.

El modus operandi del grupo -cuyo núcleo duro componían Mariano Rocca Clement, 'Mache', profesor de música en colegios de la zona norte, y Augusto Correa, 'Augus', profesor de educación física, más jóvenes que Corsi, 'Geo'-, era recorrer la noche, patrullar y atraer a los jóvenes que se mostraban dispuestos a seguir el juego sin pagar. Sin pagar en efectivo: porque pagaban con libras de carne o la conversión a reclutador. Pero todo estalló cuando un efebo de catorce años se quebró y contó todo a sus padres: cómo los obligaban a mirar, y después a participar, cómo los sobornaban y amenazaban, y cómo los filmaban y subían los videos a Internet. El muchacho tenía ataques de pánico y su carácter se volvió sombrío y paranoico. Era la prueba que estaba esperando la jueza María Fontbona de Pombo: por una orden suya, la policía realizó tres allanamientos simultáneos, a partir de las 4 de la mañana, en lo de Corsi, en lo de Rocca Clement y en lo de Correa.

Según fuentes de la causa, consultadas por Terra Magazine, el psicólogo no se resistió, mantuvo las formas (a pesar de estar despeinado y en batón), mientras apagaba su computadora, donde todavía titilaba un video pornográfico. Se negó a declarar. Se negó a declarar al otro día también y fue trasladado a una unidad penal en el Villa Lugano, bordeando los límites de la capital con el primer cordón de la provincia de Buenos Aires.

El cuidado que se tuvo con esta investigación, sin embargo, no pudo evitar empañar la discusión académica: ¿de qué se habla cuando se habla de "violencia familiar"? Las estadísticas indican que el 82 por ciento de los menores, son abusados por parientes directos o por conocidos. Y que después de muchísimo trabajo, es posible revertir esa situación de extrema violencia, "violencia intrafamiliar" acaso sea un término más preciso. El propio Corsi, según trascendió, habría sido objeto, en su juventud, del ataque sexual de un pariente: lo que no justifica ni sus actitudes, ni su inconsistencia teórica ni su perversión, que es lo que podría pensarse lo condenó, bajo otros métodos, a repetir su historia. En ese caso, y si las cosas fueran así, "violencia familiar" sería una redundancia, puesto que no existiría violencia que no sea familiar, por acto, omisión o herencia-.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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