
|
EFE
Portada de la revista DFarándula donde se observa a la bailarina Leysi Suárez posando desnuda y sentada sobre un caballo cubierto con la bandera de Perú.
|
"Contra una señorita calata con la bandera y el escudo", con estas palabras nuestro marcial Ministro de Defensa, Ántero Flórez Araóz, anunció la decisión del gobierno de denunciar penalmente a la cantante y bailarina Lacey Jenny María Zamudio Juárez, de veintiún años, que sueña con fantasías sexuales en lugares descampados y exóticos, y cuyo nombre artístico es Leysi Suarez.
El primer número de la revista D'Farándula, dirigida por la ex vedette Daysi Ontaneda, publicó en la carátula una fotografía de la popular integrante del grupo Alma Bella completamente desnuda y montada sobre un caballo. Entre sus posaderas y el animal, se encontraba el pabellón nacional del Perú. En las páginas centrales, su pequeño y robusto cuerpo aparece en dos ocasiones ataviado solamente con la sagrada bicolor.
En la entrevista de carácter escolar realizada por Ximena Elguera, las respuestas de Leysi revelan a una joven de una ingenuidad apabullante: "nadie es quién para juzgarme"; "no tengo tiempo para una pareja, aunque tengo muchas ganas de amar"; "nunca destruiría una familia, porque creo en el matrimonio"; "me considero una chica linda y merezco un hombre que realmente me valore". Finalmente, confesó sin sonrojarse que el último libro que ha leído es Niña tonta.
¿Cuál es la vigencia de los símbolos nacionales en tiempos globales? ¿Cómo se convierten las fotos de una revista de espectáculos en el corazón de la agenda política? ¿Se ha configurado el delito de ultraje a la bandera? ¿Quiénes se benefician gracias a este evento del mundo del espectáculo?
La mayoría de peruanos ama su país por su historia, su comida y su gente. La bandera, el escudo, el himno y la escarapela nacionales son objetos asociados al imaginario militar y a la prédica nacionalista. La bandera es un símbolo/mercancía que no puede competir con las grandes marcas globales porque no puede ser amado/consumido por todos, no puede desarraigarse ni circular -todavía- como significante libre en las redes del capitalismo tardío.
La bandera peruana es solo un lienzo bicolor que debemos colgar durante algunos días de julio, pero que posee un poder latente, se reactiva si es "atacada". Los tradicionales símbolos nacionales ya no tienen la capacidad de cohesionar a la sociedad, pero se fortalecen ante las amenazas porque constituyen una marca de identidad y pertenencia reactivas. Lo que no podemos aceptar es que el significante se convierta en un ente abstracto de mayor valor que la comunidad significada.
Gran parte de la clase política peruana se ha graduado en cinismo durante estos días. Los parlamentarios y ministros, los dignos representantes del Estado y del gobierno han cerrado filas en torno al mástil simbólico de la tribu. Frente al terrible ultraje sufrido por nuestro pabellón, qué importancia tiene la muerte de medio centenar de niños por frío en el surandino. Ante el terrible delito de la bailarina, es completamente irrelevante que no haya un sancionado por la masacre de Putis, donde -hoy recién lo sabemos- los militares violaron mujeres y asesinaron a 123 campesinos, 17 de ellos menores de 7 años.
Nuestro perspicaz Ministro de Defensa, que insultó hace poco a los pobladores andinos: "las llamas y las vicuñas no pueden votar por el Tratado de Libre Comercio"; nuestro honrado Ministro que no puede acabar con el robo institucionalizado de gasolina en las Fuerzas Armadas; nuestro democrático Ministro que acaba de aprobar una ley que autoriza la participación del Ejército y el empleo de armas de fuego contra las multitudes que protestan; nuestro cristiano Ministro que defiende con su inacción a los militares violadores de los derechos humanos... Solo él tiene las condiciones de convertirse en la conciencia moral de los peruanos y enseñarnos a todos qué cosa significa amar a la patria y a sus símbolos.
Legalmente para que haya delito tiene que haber dolo (voluntad expresa de cometer determinada conducta a sabiendas de su ilicitud). Las fotos podrán herir la sensibilidad de aquellas personas que consideren la bandera y el escudo como símbolos trascendentes, pero no pueden ser tipificadas como un delito. La bailarina ha declarado que ella solo quería honrar a sus seguidores en estas fechas especiales, y después de leer sus otras declaraciones, sinceramente, nosotros le creemos.
Leysi Suarez no ha pretendido injuriar ni menospreciar a los símbolos nacionales, las fotos -tributarias de una estética kitsch y naíf- tomadas por Pedro Cárdenas se inscriben en una larga tradición internacional y local. En 1992, Madonna promovió el voto en su país envuelta con la bandera norteamericana y vistiendo solamente ropa interior de encaje rojo. Paulina Rubio apareció desnuda con la bandera mexicana en una serie de fotografías para la revista Cosmopolitan en el 2007.
En nuestro querido Cholliwood, hay conspicuos antecedentes: Mariella Zanetti exhibió un desnudo con la bandera nacional en el 2006, Eva Ayllón posó vestida con el símbolo patrio en el 2007. Además, después de realizar una somera búsqueda en diarios sensacionalistas, pudimos constatar que hay más de 20 vedettes, cantantes y bailarinas, la mayoría poco conocidas, que alguna vez posaron desnudas envueltas con la totalidad o fragmentos de la bandera blanquirroja.
¿Por qué no se condenó a todas las otras que usaron la bandera para una sesión de fotografías de carácter erótico? El gobierno aprista está aprovechando políticamente este incidente de la farándula. Ellos quieren aparecer como defensores de los símbolos patrios en este mes de julio. El canalla es el que finge defender los valores en los cuales no cree, y como portavoz del lenguaje hegemónico solo busca su beneficio personal.
Esta bailarina instalada en los lugares comunes del sensacionalismo ha desnudado el cinismo de la clase política peruana y la canallada de quienes quieren convertir este evento sensacionalista en una lucha moral y patriotera.
Terra Magazine