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Filosofía slow gana adeptos desde la comida hasta el sexo

AFP
Carlo Petrini, mentor de la filosofía "slow" en el rubro culinario.

Vera Gonçalves de Araújo
Roma, Italia

Me llevó casi un mes escribir este artículo. No por falta de ideas o por exceso de detalle, sino porque comencé a pensar en el tema el día 19 de febrero, primer día mundial de la lentitud. No sé si en Brasil alguien lo celebró. En Italia hubo varias iniciativas y eventos, también porque los italianos (especialmente los romanos) son adeptos desde siempre a ir despacio por la vida, y lanzaron al mundo una de las propuestas más interesantes del género, la asociación Slow Food. Que defiende la calma en la mesa y en la cocina. El fundador del grupo, Carlo Petrini, explica la filosofía del movimiento:

"Para nosotros, hablar de comida significa también hablar de sistemas de producción, de medio ambiente, de paisaje y de ritmos de vida. Pero no somos una corriente New Age, sólo creemos que la velocidad que nos rodea debe ser compensada con un poco de reflexión. La lentitud es un remedio homeopático: es necesario tomar un poco todos los días, no es una vacuna. No pretendemos frenar todo, sino recuperar la capacidad de decidir cómo emplear nuestro tiempo."

Slow Food nació en el pueblito de Bra, en el Piemonte (norte de Italia), en 1986, para responder -en defensa de las tradiciones gastronómicas y el placer de la degustación- a la difusión del fast food de origen norteamericano. De la mesa, el Slow Food pasó a otros campos, abriendo un amplio debate sobre la lentitud, sobre los ritmos de vida compatibles con la calidad de vida. Petrini propone tres criterios fundamentales: "la comida debe ser 'buena' desde el punto de vista del sabor, 'limpia' desde el punto de vista del medio ambiente, y finalmente 'justa' que significa retribuida de manera adecuada a quienes producen la materia prima".

La filosofía slow se difundió: ahora existen varios grupos que defienden el slow research, el slow management e incluso el slow sex, en varios países del mundo. Estos grupos se diseminaron -rápidamente- de Roma a Nueva York, pasando por la India (considerado el país campeón de la lentitud), y lanzaron la idea de un "día slow", que contradice y se opone a la prisa y a la tiranía del 'tiempo es oro' que marca la tónica de nuestra vida diaria.

Bruno Contigiani, ex empresario en el área de marketing y estresado, decidió coordinar las iniciativas en una asociación cultural que propone 14 mandamientos (o mejor, "mandalentos") para encontrar la velocidad justa en la vida. El arquitecto Enrico Frigerio propone una filosofía parecida en su ensayo Slow Architecture for Living: "es una arquitectura planificada a partir del contexto, lo que significa a partir de la historia, la cultura y el ritmo de la ciudad. Usando correctamente los recursos y respetando la naturaleza".

Hasta en un sector donde la lentitud es considerada pecado mortal -los negocios- comienzan a aparecer signos de un cambio radical. Según Business Week, los trabajadores franceses, quienes trabajan sólo 35 horas por semana, son más productivos que sus colegas ingleses o norteamericanos. Y los alemanes, que redujeron el horario semanal de algunas empresas a 29 horas laborables, registraron un incremento en la productividad del 20 por ciento. Hasta los más apuraditos están comenzando a detenerse a pensar en el asunto.

Cincuenta ciudades italianas exhiben con orgullo el cartel Slow City, donde se valoriza la armonía entre la vida urbana y la naturaleza. Varios artistas están creando muestras colectivas que usan el sello Slow Art en contraposición al arte prêt-à-consommer de las exposiciones estilo feria. Incluso una de las categorías que más sufren bajo la dictadura del apuro, los periodistas deportivos, están intentando cambiar algo. El proyecto es una revista mensual, llamada Slow Foot, que pretende hablar del fútbol "lento". Más limpio, más ético y menos "estimulado".

Falta un solo detalle para completar esta ola de lentitud que pretende conquistar al mundo: Slow Food lanzó -con éxito- un caracolito, emblema de quienes creen que lentamente se llega lejos. Los más tradicionalistas defienden la tortuga, estandarte de la pachorra y la paciencia.

Links:
» Sitio de Slow Food italiano
» Asociación cultural Vivere con lentezza
» Sitio web de Slow Food Brasil

Vera Gonçalves de Araújo es periodista, nació en Rio, vive en Roma y trabaja para periódicos brasileños e italianos.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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