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EFE
José Padilha, director de Tropa de Elite, con el Oso de Oro conquistado en Berlín.
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Marcelo Carneiro da Cunha
San Pablo, Brasil
Oídme lectores de poca fe: quienes quieran ganar premios en festivales de cine mundo afuera, pueden hacer la cosa más simple y segura posible. Pueden invitarme, por el precio de un pasaje en business en una compañía aérea confiable y un hotel mínimamente calificado con estrellas: el oso de oro o plata está asegurado.
Contemos con los dedos: estuve en Berlín en tres festivales. En el primero, Jorge Furtado se llevó el Oso por su inigualable Ilha das Flores. En el segundo, la película O Branco, que yo escribí y Liliana Sulzbach y Ângela Pires convirtieron en guión (juntamente con José Pedro Goulart) y dirigieron, salió premiado.
Ahora, en mi tercera visita, Tropa de Elite va allá y arrasa. Creo que me tengo que profesionalizar.
Le había dicho a mis amigos alemanes que prestaran atención a Tropa. Todos vieron Cidade de Deus (definitivamente una gran película que tanto contribuye para que el mundo entienda nuestra actualidad) y les gustó, nadie sabía nada de Tropa de Elite, los que sabían algo tenían algunos prejuicios, creyendo que la película hacía una apología de la tortura. Craso error, les dije. Les conté que la película tenía el enorme mérito de ser al mismo tiempo arte y política. Que conseguía al mismo tiempo ser relevante y óptimo cine. Que no dejaran de verla.
Mientras estuve en la ciudad, pude percibir que había sí una incomodidad con la película. Alemania se ha convertido, para suerte del mundo, en el país europeo que más se preocupa por la corrección política de cuanto acontece. Y Tropa es de por sí atemorizante, en todas las lecturas posibles que ofrece.
Pero, dije a mis amigos alemanes, el arte no es pedagogía, es arte. Y el mejor arte narrativo que conozco se sustenta en grandes personajes, y el personaje de Capitão Nascimento, impecablemente creado por Wagner Moura, supera el patrón. Y Brasil no es una favela, pero diariamente es definido por ésta. Por eso, querer mostrar la favela en serio, es mostrar la favela a través de la mirada de los capitanes Nascimento que son enviados allí, en la versión actual de la eterna Canudos (*) brasileña.
Mis amigos me escucharon, no sé si me creyeron, no sé si fueron a ver la película.
Lo que importa es que el jurado fue más allá de la visión de la crítica, y que Tropa mandó afuera a There Will Be Blood.
Yo, contento, me presento a los productores ávidos de premios. Acepto viajar a los festivales de Montreal, Toronto, Buenos Aires, Venecia, Londres. No acepto al Oscar porque no me pongo una black tie ni siquiera para recibir el Nobel. Acepto ir a Cannes, a Bombay, acepto lo que venga, siempre que sea para ver que nuestro mejor cine sea visto y comprendido.
Brasil tiene historias demás para ser contadas y desperdiciar ese potencial con películas malas es algo que ya hicimos demasiado, y ahora tal vez podamos hacer menos. Lo importante es que cada ciudadano haga su parte. Yo, aquí, públicamente, pongo mi pata de conejo a disposición del glorioso cine nacional. Y sin exageraciones, pero con mucha fe, vamos para adelante.
(*) Canudos: conflicto bélico que tuvo lugar en el interior de Brasil a fines del siglo XIX entre los habitantes de la ciudad de Canudos y el ejército.
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