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Marcelo Carneiro da Cunha/Terra Magazine
Tokio por Carneiro da Cunha: "La arquitectura movida por un sentido estético milenario y los presupuestos que parecen no tener fin crearon una ciudad de edificios muy bellos".
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Marcelo Carneiro da Cunha
San Pablo, Brasil
Siempre creí que Alemania era el paradigma del país que se adentró rumbo al mundo post-industrial y escribió la receta de cómo se hace. Pero no era. Quiero decir, es, pero aquí es más. Fui de Tokio a Kyoto en el shinkasen (1) y durante dos horas y veinte minutos de viaje a trescientos por hora, todo lo que se vio fue un desfile infinito de mundo urbano e infraestructura a cada lado, con el monte Fuji de fondo.
En Tokio existen homeless, pero no vi un sólo mendigo mendigando, cosa que se encuentra en estos tiempos neoliberales en cualquier otro país. Las personas se alimentan, se visten, se mueven, con una libertad impensable para quien viene del otro mundo. La riqueza producida y distribuida de algún modo libró a los japoneses de plagas como la criminalidad y los grafittis que nos invaden.
La arquitectura movida por un sentido estético milenario y los presupuestos que parecen no tener fin crearon una ciudad de edificios muy bellos esparcidos en varias partes de una ciudad que tampoco parece tener fin, pero no a la manera de San Pablo, que se estira y se derrama, sino en la forma ordenada de quien, parecería, pensó antes e hizo después. El barrio de Shinjuku puede ser el mejor ejemplo, o el más reciente.
La increíble mezcla de códigos occidentales con modo oriental y propio parece ser un modelo de sociedad para el mundo globalizado, donde se toma el todo y se mantienen las partes. Al observar las personas ataviadas en sus vestimentas, se ve moda occidental por todos lados. Mirar un mercado de comidas, es entrar en un mundo desconocido de envases y productos que únicamente tienen sentidos para quien piensa en japonés. Nada es reconocible.
El metro está extremadamente señalizado y parece ser pensado para todos. Vi una escena de guardas del metro colocando dos personas en silla de ruedas en un vagón, y parecía que el sistema entero aguardaba mientras ambos eran colocados en su lugar. Las máquinas calculan el total a pagar y dan vueltos impensables para los latinoamericanos.
La ciudad es bella y sobria, ofrece a sus muchos millones de habitantes lo que sólo la riqueza con inteligencia puede ofrecer. Tal vez sea el mayor factor de diferenciación que quisiera ver implementado en mi país para el futuro: la inteligencia. Hablamos mucho de generación de riqueza, y muy poco del sentido que debemos darle.
Estar en Tokio es todo esto y mucho más. Es comer cosas que nunca imaginamos que era la comida japonesa, ni siquiera comida. Es estar en un tren siendo los únicos extranjeros detectables, y haber sido tratados con especial tolerancia por ser diferentes.
No sé como sería vivir aquí y cómo esta tolerancia se transformaría en vecindad, no sé, y el tiempo es escaso para saberlo. Queda para la próxima que, espero, llegue pronto.
(1) Shinkasen: tren de alta velocidad de Japón
Terra Magazine
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