
|
Wikimedia/Gentileza
Las inmediaciones de la estación de Shibuya, en Tokio.
|
Marcelo Carneiro da Cunha
Tokio, Japón
No creo que exista otra ciudad tan representativa en el mundo que muestre en qué se está convirtiendo el mundo. Las ciudades occidentales, las mejores entre ellas para mí: Berlín, Buenos Aires, São Paulo, Nueva York (ciudades grandes, cuestión de preferencias del columnista), son occidentales. Ellas piensan y viven de manera occidental. Unas producen este modo, otras lo reproducen, pero son ciudades occidentales, en las cuales el mundo oriental surge como islas o en forma de comidas que siempre encontramos y que agregan color a este mundo occidental, que sería más gris e inodoro sin el oriente.
En Tokio las cosas son muy diferentes. La ciudad es oriental, pero el occidente contribuye en forma importante y esencial en esta ciudad y este mundo que se vive aquí. Y eso hace toda la diferencia.
No se ven mujeres de quimono en las calles occidentales. Pero las mujeres de este lugar son extremadamente elegantes en los trajes de occidente. No tenemos ni por aproximación la misma combinación de elementos distintos, de culturas que acostumbran convivir de una manera bastante más conflictiva en los otros países de oriente.
No estamos ni cerca de la cocina cultural que Japón parece ser. Es lo que siento desde que llegué aquí el sábado pasado.
Llegué con gran estilo. Ya en el aeropuerto fui recibido por la señora Chie Kimura, gentilísima esposa del ex-consul de Japón en Porto Alegre, Hajime Kimura, hablando en portugués óptimo aprendido en Brasil. De allí en adelante mi aprendizaje de Tokio fue facilitado por personas como ella o como la dulce Kazue, mi guía e intérprete made in RS(*), quien vive en Japón desde hace diez años.
Llegué aquí hace poco, no es para hablar tanto. Pero alcanza para saber que este es un país único, con cosas que son únicamente de aquí. Y da ganas de saber más y más sobre ellas. Es lo que pretendo hacer en los próximos días, para contárselo a ustedes.
Por ahora sepan que la comida es muy buena, parecida y diferente de la comida japonesa que conocemos en Brasil y en el mundo.
Que hace frío, pero de manera civilizada. Que todo parace por cierto muy civilizado en su tradición oriental, pero en una forma muy occidental.
Sobre esto hablaremos más adelante, en breve, en esta misma columna. Por ahora es tiempo de zambullirse y aprovechar lo que estos días tienen para ofrecer.
(*) RS: Estado de Rio Grande do Sul, al sur de Brasil.
Terra Magazine
» Copenhague, tierra sin contrastes
» ¿Qué viene después del sexo en tiempos de antitabaquismo?
» La ciudad de Nueva York es para vivirla y aturdirse en ella