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AFP
Joseph Blatter felicita al Presidente de la CFB, Ricardo Teixeira
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Marcelo Carneiro da Cunha
De ellos, en este caso, quiere decir de ellos. De aquéllos que se van a beneficiar con esta Copa en todo modo visible, invisible, inimaginable.Vi a Blatter (dicho sea de paso, íntimo conocido mío. Estaba en un hotel en Berlín el año pasado y lo vi pasar. También pasaron Parreira con ese aire de quien no conoce bien por dónde está y Dunga, creo).
Y como por lo tanto entiendo todo sobre la FIFA, vi la transmisión del resultado y vi la sonrisa de Lula, la sonrisa de Paulo Coelho que consiguió meterse también en esta fiesta, y la sonrisa de Pelé que consiguió escaparse de otro fastidio, sonrisas y sonrisas a manos llenas.
El más sonriente de todos, Mr. Ricardo Teixeira, eterno ex-yerno de su ex-suegro, eterno Godfather de nuestra ruda CBF. Qué miedo.
No sé si Brasil tiene plata para recibir una Copa. Disculpen mi mal uso de la lengua. Es obvio que Brasil tiene plata de sobra para recibir lo que venga, con excepción tal vez de algo del tamaño de la División Aerotransportada 101 de los Estados Unidos, pero en ese caso creo que no existe plata que resuelva la cuestión. En el resto de las posibilidades, nos podemos hacer cargo, creo.
No sé si tenemos capacidad gerencial, logística, de infraestructura, para realizar un evento del tipo en que se convirtieron las Copas después de la secuencia de Copas en los países ricos. Pero sé que, independientemente de lo que consigamos realizar, vamos a ver mucho, mucho, mucho dinero bajando por las cañerías en la dirección de los de siempre, y de algunos más si la Copa fuese todo lo que dicen que será. Y esto me incomoda.
No me incomoda que seamos anfitriones de la Copa, me incomodaría menos aún si ganásemos dicho trofeo y le ofreciésemos el título a Barbosa (*). Creo que con esta victoria Brasil pasaría a creer que quebró el hechizo y se convertiría en potencia de una vez. Hasta ahí, todo fantástico.
Me incomoda, y mucho, el hecho de que tendremos obras realizadas por políticos por razones electorales, pagadas con el dinero del pueblo, que nunca sabrá qué costó cuánto, y aprovechadas por las corporaciones multinacionales para ganar mucho, mucho, mucho dinero. Todo esto capitaneado por nuestro rudo Mr. Teixeira. Rápido, que alguien me diga, ¿dónde estoy errado?
Me incomoda ver cosas legales que se van tornando ilegales. Me incomoda creer que no vamos a cambiar este sistema a tiempo, o ni siquiera a destiempo. A todos nos incomoda conocer tan bien este aspecto de Brasil, y no podremos hacer mucho al respecto.
Sería buenísimo que creáramos un sistema de fiscalización gerenciado y financiado por la sociedad civil y honesta (anda por ahí aquel juez de la Corte Suprema que podría ser una buena elección para presidir este sistema) y pondríamos a los tipos al menos a la defensiva. Pero no será así.
Si el fútbol mismo debe ser nuestro, la Copa, esta creación de Jules Rimet para alegrar al mundo, una de las pocas cosas buenas que actualmente funcionan por consenso global, es y será de ellos.
(*) Moacir Barbosa: ex futbolista brasileño, arquero de la selección que perdió la final del Mundial de 1950 frente a Uruguay en el estadio Maracaná.
Terra Magazine