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Grosso: "La clave es que somos un gran grupo"
 
Fabio Grosso, el jugador de Italia autor del penal final que decretó que su equipo se consagrara campeón del Mundial de Alemania, se mostró emocionado y muy feliz.

Reuters
Grosso, sin ocultar su emoción, levanta la Copa.
Fabio Grosso, el tímido, el hombre de las pocas palabras, se contorsionaba y sonreía, bailaba y saltaba. A un par de metros, su compatriota Mauro Camoranesi le respondía y danzaba con movimientos más extraños aún. Entre ambos refulgía el oro de la Copa del Mundo, ese trofeo que en buena parte es suyo.

La escena se desarrollaba sobre el césped del estadio olímpico de Berlín, el estadio en el que acababa de entrar en la historia. Grosso, el tímido, por una vez no lo era.

"Es una emoción increíble, muy fuerte. Estoy sin palabras. Todavía no nos dimos cuenta de lo que hemos hecho. Es una gran felicidad para mí y para mis compañeros", confesó emocionado tras patear el penal que le dio a Italia el cuarto título mundial en 18 ediciones del torneo.

Italia bien puede ir pensando en levantarle un pequeño altar al joven que parece disfrutar con reír en el último instante para reír mejor y más fuerte que todos. Lo hizo en octavos de final ante Australia, lo hizo en semifinales ante Alemania, y volvió a hacerlo hoy en la final con Francia.

Sin Fabio Grosso, el camino hacia el título hubiera sido mucho más difícil para el equipo de Marcello Lippi. O, al menos, muy diferente.

"Dar esos pasos hacia la pelota en el momento decisivo fue algo difícil, pero por suerte pude marcar el gol", dijo con humildad cuando se le preguntó qué sentía, qué le pasaba por la cabeza, en los instantes previos a anotar el 5-3 con que Italia se adueñó de los penales, del partido y de la Copa del Mundo.

Romano, alto (1,90) y de 28 años, Grosso es como lateral izquierdo el sucesor del grande de la "azzurra" que fue Paolo Maldini, dueño del puesto durante 14 años y 126 partidos.

Hubo medios en Alemania que lo subestimaron, sobre todo antes de la semifinal, cuando recomendaron atacar por su sector.

Probablemente no recordaban aquel partido en que Grosso se escapó por la izquierda, reconvirtiéndose en puntero o extremo, eludió a dos rivales y logró un penal que convirtió con fiereza y precisión Francesco Totti. Triunfo sobre Australia.

Aquello fue a los 90'+3. El australiano Neill lo derribó cuando Australia soñaba con la prórroga.

Y esos mismos alemanes poco atentos a Grosso lo sufrieron en el minuto 119 de la semifinal del martes en Dortmund, cuando el lateral anotó un golazo de zurda tras un exquisito pase de Pirlo: es evidente que a Grosso le gustan las emociones fuertes.

"La clave es que somos un gran grupo. Defendemos todos juntos y atacamos todos juntos", explicó a dpa antes de la final comentando su gol ante Alemania. "Mi gol se lo dedico a mi hija, que está por nacer, y a mi mujer".

Y Lippi confirmó esta noche que la clave es el grupo: "No quiero hablar de nadie en forma individual, en este equipo todos valen lo mismo, el que jugó 20 minutos o el que jugó todo el torneo".

Sandro Mazzola, mítica figura de la Italia que derrotó a Alemania en el "partido del siglo" que fue la semifinal de México 70, siguió a Grosso durante el torneo, y fue más explícito que Lippi: "Tuvo problemas al comienzo del torneo, pero ahora está muy afirmado".

Hombre de escasísimas palabras, especialista en tiros libres, Grosso fue fundamental hace dos temporadas para el ascenso del Palermo a la primera división del "calcio", tras tres años como jugador del Perugia.

En junio dio el gran salto cuando el Inter, siempre atento al mercado, compró al lateral. Ya había debutado tiempo atrás en la selección, en abril de 2003 ante Suiza, con la estrella de Maldini ya apagada al anunciar su retiro de la "azzurra" en 2002.

"Paolo es un extraterrestre, 20 años de calcio al nivel altísimo, uno de los fenómenos del fútbol. Yo estoy contento con lo que estoy haciendo, pero él es de otro planeta", dijo Grosso cuando se le preguntó por enésima vez por el gran Paolo, que vio ganar hoy a su sucesor un título que a él siempre se le negó.

Habrá festejos y habrá vacaciones, Grosso y todos los italianos las necesitan. Pero tras esas semanas Grosso llegará a Milan, la ciudad de Maldini, aunque para jugar en el club rival. Pero, por favor, no lo comparen con Maldini, vuelve a pedir.

"No puede existir comparación con Maldini porque él es demasiado grande. Es mí ídolo, y para mí está a años luz. Algún día me gustaría acercame a lo que él es, pero no lo pretendo. Yo sólo quiero ser Fabio Grosso". Y ser Fabio Grosso -basta con preguntarle a cualquier "tifosi"- no está hoy por hoy nada mal.
 


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